miércoles, 27 de noviembre de 2013

Tú lo que quieres es que nos coma el tigre - por A. Franceschi


opinión

Tú lo que quieres es que nos coma el tigre

25 Noviembre, 2013


El ocaso de la MUD señala señalaseñala inequívocamente el fin del régimen. Mucha gente está acostumbrada al simplismo de confundir una confrontación de socios, como si fuese la pelea de fondo entre dos verdaderos contrincantes. Por eso en muy tramposo el lenguaje del oportunista que se abre la camisa gritando: !! mátame si te atreves, descuartízame, encarcélame, machácame!! cuando sabe perfectamente que de allá para acá solo le harán disparos de salva o le prodigarán nuevos insultos para subirle los puntos de la polarización indispensable al modelo político, amasado en las estafas electorales.
Lo más conspicuo de la maniobra es que puede hasta llegarse al caso que efectivamente lo pongan preso y ello solo confirmaría que se está llegando al punto de mayor teatralidad en las imposturas.
Si no lo hacen es por la inseguridad de ejecutar una acción, por parte de un gobierno en las ultimas, convertida en un acto temerario, que puede desatarle un nivel de conflictos aun mayor, porque una cosa es lo que piensa el víctima, que vocifera que vengan a por él, y otra cosa muy distinta es que ello provoque una acción incontrolada para el esquema disuasivo y represivo del régimen.
Sin embargo cabe preguntarse ¿Y será entonces que este héroe de la retirada del 17 de abril, anda buscando como sea que se personifique en él un hecho político mayor, como por ejemplo su encarcelamiento?
Si ese jueguito macabro es el tácitamente pactado con el gobierno, o provocado, apostando a ese cálculo de colocarnos a todos detrás del rabo de un dirigente que ya se probó y desertó, cuando debía asumir la expulsión de este régimen; entonces tenemos un problema nuevo: además del nefasto gobierno, el liderazgo de la MUD pasó de ser colaboracionista, a convertirse en un obstáculo aventurero subordinado a los caprichos de un dirigente fracasado.
La movilización del sábado 23, convocada por H. Capriles, salvo en contados municipios, fue en general muy pobre, al estar motivada por el interés electoral que nadie, salvo la dirección fracasada de él mismo y la MUD, quieren convertir en decisiva. Porque, recordémoslo una vez más, para ellos solo es decisivo arrodillarnos de nuevo al CNE chavista fraudulento.
Para nadie ya es un secreto que de este régimen madurista, en este momento, SOLO SE PUEDE TERMINAR DE DOS (2) MANERAS:
Una es la insurrección popular a partir de un estallido de la rabia colectiva, que imponga en el medio del caos civil y militar, un nuevo régimen presidido por un colegiado de conjurados subversivos, partidarios de un obligante terror a la Robespierre, que aplique con reglas dictatoriales la ley y el orden, auxiliados por las FFAA, que se disciplinen a ese directorio.
Y la otra salida es un Golpe de Estado, con dirección militar exclusiva, o militar-cívica, que sustituya el régimen madurista y se dedique a construir otro nuevo y distinto, basándose en nuevos consensos, o en un plan preconcebido de transformaciones estructurales de la economía y las instituciones y que inicialmente descartan por completo su refrendación electoral, porque con ellos solo se mantendría una crisis política latente.
La condena de H. Capriles a la salida del Golpe de Estado, para nada implica que él esté dispuesto a asumir la salida insurreccional. El solo se coloca del lado de Maduro y aboga por una vaina que solo existe en su cabeza y en la de los cómplices de este gobierno y es la salida por cansancio: es decir que Maduro y quien suceda a Maduro se cansen de darles cipotazos y propinarnos atropellos de todo género, para que convoquen una elecciones y declaren que esa vez no harán trampa y las gane Caprilito.
Esta idiotez es así concebida, y no hay otra explicación, porque lo diferente es imaginar que nos lanzaremos a la calle para exigir la presidencia para él, como los iraníes por el Ayatola Komeini en Enero de 1979, o los Argentinos por Perón en 1972, y la verdad es que no le veo madera a Caprilito, ni de esos portentosos lideres calamitosos, como tampoco para asumir la dirección de un cuerpo expedicionario o unas guerrillas del tipo sandinista, lo que además es tan estrambótico como imaginarle a la cabeza de una invasión yanqui que resuelva sustituirnos como colonia cubana, por una “puertoriqueñización”.
Es sencillamente de idiotas suponer que este país puede aguantar infinitamente un calendario electoral del régimen chavista, diseñado para la trampa, con el plan de que algún día la pegaremos otra vez, porque lo trágico es que la pegamos y él se chorreó, porque a nombre de la NO violencia hay que calarse también el fraude. Entonces cabe preguntarse:
¿Qué es lo que tú quieres muchacho? ¿Qué nos coma el tigre? ¿Qué Maduro se estabilice? ¿Qué cambie de naturaleza este régimen lumpen de locoides, ladrones, aventureros y déspotas y se asocien contigo y la boli burguesía que empiezas a expresar cabalmente para llevarte al poder por votos el 2019?.
Entonces bájate rápido de esa nube y de paso tendrás que admitir que se te puso cuadrada la arepa, después de ponérnosla así a nosotros, cuando tu torta, con la capitulación luego de las elecciones del 14 de abril.
La política amigo no da 10 chances para subirte al tren, de una si juegas para la gran subida, como fue la tuya y como ya te pelaste de escalón te quedaste tirado en el suelo aunque con suerte no te molieron contra los rieles, y de allí no te para ninguna frasecita de ocasión, ninguna jalada al régimen y te agradeceríamos que no consternes a tus fans con mas dramatismos.
Siempre he sostenido que la llamada oposición ha sido un pilar del régimen chavista, ahora madurista. Esto, nunca fue más cierto que ahora, cuando es tan evidente que juegan a que seamos carne de cañón, para lograr sus benditos puestos que les harán cuentadantes, y a muchos de ellos ricos y notorios corruptos aunque no tanto como los del malandraje rojo.
Independientemente de los resultados del 8 de diciembre y como quiera que ni la MUD ni Capriles podrán apartarse de su manía por buscar unos cambures, creyendo que con eso salimos de esta calamidad, queda solo la UNICA otra opción, el Golpe de Estado.
La consigna no puede ser distinta, ya no hay otra. La salida electoral solo tenía destino como primer episodio de la propuesta insurreccional, y los electoreros pacifistas bobos acabaron con ella luego de la gran reculada del 17 de abril de 2013.
Con un gobierno basado en las FFAA y Un Nuevo Orden, habrá que cambiar de régimen y rediseñar el Estado.
Las FFAA deben volver a los cuarteles, pero antes le deben a los venezolanos salir de estos apóstatas que arruinaron esta nación, hablando en nombre y enlodando su prestigio por 15 largos años.
La deuda de las FFAA con este país debe ser saldada y no habrá discursito que pueda impedirlo. No es mala idea sacarlo en pijamas como a Zelaya y que el Presidente Santos lo acoja como a un amigo y ciudadano neogranadino caído en desgracia. En Bogotá JJ Rendón, puede brindarle una visita para enseñarle su pasaporte nuevo.



Tú lo que quieres es que nos coma el tigre : Noticiero Digital

jueves, 20 de junio de 2013

Capriles...¿incoherente? - ANGEL OROPEZA

ANGEL OROPEZA |  EL UNIVERSAL miércoles 19 de junio 

Un estudio sobre el perfil del líder político ideal para los venezolanos, realizado en  la Escuela de Psicología de la UCAB  hace un par de años, reveló que dos de las características más preciadas por nuestra población en un líder son la coherencia y la responsabilidad.  Coherencia,  que se asocia con integridad y consistencia tanto en conductas como en principios, y responsabilidad,  que se relaciona por igual con asumir la consecuencia de sus actos y con la adopción de soluciones para enfrentar los problemas.
Los venezolanos estiman en alto grado la coherencia en un líder. No es coherente, por ejemplo, ser fiel seguidor de la secta de Sathya Sai Baba e  ir a pedirle bendiciones al Papa, por razones de urgencia en conseguir legitimidad, la cual –por cierto– sólo da el pueblo. O anunciar el día de las elecciones que se está de acuerdo con una auditoria integral del  proceso, y luego correr a desmentirse porque el resultado de esa auditoría hubiera arrojado otro desenlace electoral.

Algunas personas han preguntado –unas de buena fe, y otras con inocultables segundas intenciones políticas– si no constituye una incoherencia por parte del líder de la oposición venezolana haber impugnado las elecciones presidenciales del pasado 14 de abril, y estar llamando ahora a una participación masiva para las elecciones de alcaldes y concejales del próximo 8 de diciembre. Pues resulta que justamente es la coherencia de principios y de conducta lo que explica esa posición. Veamos por qué.

La postura de la oposición democrática, y esto debe quedar siempre muy claro para el resto de la población, está basada y guiada por principios. Y de ellos hay dos que son centrales: uno, que no tenemos propuestas ni acciones fuera de las coordenadas democráticas. Y, dos, que nuestro norte es la paz y el compromiso con el pueblo, especialmente con los maltratados y perjudicados por el gobierno.  De hecho, fue la insistencia en la vía electoral –en el voto como herramienta de cambio social– lo que nos trajo hasta aquí y nos condujo a la victoria popular del 14 de abril. Este es el camino. Y de aquí nos llevará a donde el pueblo quiere ir. Por todos los medios, y a pesar de algunos interesados que obviamente esto les perjudica,  hay que preservar la validez del camino electoral. Debemos tener mucho cuidado en no destruir el arma del voto, ni que la gente compre la tesis que la vía electoral no conduce a nada. Toda la inmensa fuerza popular que hemos construido –y el gobierno de Maduro no puede decir lo mismo– ha sido hecha sobre organización y votos. Con razón algunos quieren que no sigamos.

El de diciembre es otro capítulo de la misma lucha. Nosotros hoy somos mayoría en el país. Tenemos que demostrarlo de manera inequívoca y contundente en las próximas elecciones. Además, ni el CNE ni las trampas soportan un diluvio de votos. De hecho, los abusos y las trampas se descubren porque votamos. Y eso es justamente lo que el gobierno quisiera evitar.

La oposición democrática venezolana no reconoce a Maduro como presidente. Reconoce sí la legitimidad de la Constitución, y por eso está haciendo uso de los recursos y acciones que prevé la propia Carta Magna para denunciar la ilegitimidad de aquél. Y, sobre todo, reconoce a la fuerza del voto como expresión de la soberanía popular.  No hay aquí incoherencia alguna. Por el contrario, sería una muestra de absurda contradicción enarbolar la bandera del voto como fuente de la legitimidad del triunfo de Capriles en abril, y pedir que se renuncie a ella en diciembre.

Permítanme sólo dos ideas adicionales: la primera, el pueblo sabe que la situación de engaño electoral es consecuencia del control de los poderes del Estado por parte del oficialismo. Pues bien, desmontar ese perverso mecanismo es la próxima batalla, y para abordarla hay que triunfar contundentemente en diciembre.  Pero, además, es necesario dejar claro para todos el vínculo entre la ilegitimidad del gobierno y la conflictividad social que hoy nos ahoga. Un gobierno ilegítimo, ineficiente y corrupto es estructuralmente incapaz de reconocer, abordar y resolver la problemática social.   Por eso, la lucha social pasa necesariamente por el combate a la ilegitimidad del Ejecutivo, y este combate necesita inevitablemente de la fuerza del camino electoral.

Cuando Capriles llama a reventar las urnas el próximo  8 de diciembre, no sólo persigue la consolidación de la única estrategia opositora demostradamente exitosa y ascendente en los últimos 14 años, esa que ya nos condujo a la victoria popular de abril, sino que está confirmando poseer el valor democrático y humano de la coherencia de conductas y principios. Esa que distingue a los verdaderos líderes de quienes no pueden serlo.

Recomiendo seguir a @angeloropeza182


miércoles, 19 de junio de 2013

URGENCIA DE UN LIDERAZGO QUE HAGA OPOSICIÓN DE CALLE - Jesús Petit Da Costa


martes, 18 de junio de 2013

Mi foto                     URGENCIA DE UN LIDERAZGO QUE HAGA OPOSICIÓN DE CALLE



Hay un divorcio evidente entre la “partidocracia”, ocupada en las municipales, y la sociedad civil que sufre las inclemencias de una crisis económica y social sin antecedentes. Urge un nuevo liderazgo.
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En su libro “Cómo ganar o perder la elección presidencial de 2.012”, publicado oportunamente, el brillante sociólogo José Antonio Gil Yépez advertía sobre la debilidad orgánica de la alianza electoral representada por la MUD, a la cual atribuía las sucesivas derrotas.  Compartí entonces su opinión, la que tiene ahora mayor vigencia que antes, por lo cual creo conveniente insistir en ella.
La primera debilidad de la MUD está en ser y comportarse como una “partidocracia”. Es una alianza de partidos, únicamente de partidos. La sociedad civil no tiene acceso. Está excluida. No hay en su seno líderes sociales, ni sindicales, ni gremiales. Sólo dirigentes de partidos. Esto significa que es un club de políticos profesionales. De aquéllos que viven de la política, para la política y por la política. Esto trae una primera consecuencia negativa: el aislamiento de la sociedad. El político profesional vive en su mundo, distinto a los que tienen otra profesión o actividad. Agréguese la segunda consecuencia negativa: la burocratización. Eliminada la financiación de los partidos por el Estado, proporcional a su votación, no hay posibilidad de que el político profesional sea sostenido por el partido, por  lo cual necesita de un empleo público. Sin empleo público no hay carrera política en Venezuela. El régimen manipula esta debilidad de la dirigencia opositora inventando una elección cada año y así la convierte en electorera compulsiva, con la fijación en  los cargos con presupuesto (alcaldías y gobernaciones), porque son los que permiten sostener a su clientela electoral, en primer lugar los activistas del partido. De allí se deriva la anomalía de que la oposición esté dominada y copada totalmente por empleados públicos (alcaldes y gobernadores), lo que ha sido su perdición ya que la distancia de la lucha de calle. De la burocratización se origina la tercera consecuencia negativa: los partidos de oposición no practican la democracia interna. Son partidos entubados, sin alternancia en la directiva. Una vez pregunté a un político el porqué seguían sin discusión lo que decidía el burócrata, su respuesta fue explícita: porque él pone los reales.
La otra debilidad fundamental de la “partidocracia”, representada en la MUD, consiste en que no se involucra a fondo en la lucha social. No hace suyos los problemas de la gente. No organiza las protestas, ni encauza y dirige las que surgen espontáneamente, ni les da prioridad en la agenda. Podemos verlo con claridad en el momento presente. Cuando los universitarios libran una lucha agónica por las universidades, qué hace la MUD? Concentra su atención en las municipales de diciembre. Los viejos partidos se hubieran puesto a la cabeza de los universitarios. Cuando el pueblo siente el agobio de la inflación, de la devaluación y la escasez, qué hace la MUD? Tiene su atención puesta en las municipales. Los viejos partidos habrían organizado a la gente para la protesta masiva y permanente. Viviría el país un estado de agitación general. Cuando la inseguridad es insoportable, qué hace la MUD? Está en campaña para las municipales. Nada de organizar protestas. Nada de conectar con la gente en su angustia y convertirla en una fuerza activa para el cambio. En fin, cuando todos somos víctimas de la explotación de Cuba, qué hace la MUD? Ocupada en las municipales. No organiza y mucho menos dirige la protesta de los profesionales y técnicos universitarios sustituidos por cubanos, de los trabajadores empobrecidos porque Cuba se lleva los reales. Todo esto explica porqué en un país con la más grave crisis económica y social de su historia no haya una rebelión de las masas. Mientras los turcos, que viven bien, tienen en jaque al gobierno, aquí, donde la estamos pasando muy mal, no pasa nada. Es la mejor demostración de que por este camino seguirán las derrotas.
Hay, sin duda, un divorcio entre la “partidocracia”, representada por la MUD, y la sociedad civil. Aquélla bloquea a ésta. No le da entrada. Ante el bloqueo de la sociedad civil por la “partidocracia”, tendrá que suceder lo inevitable: la emergencia de un liderazgo social surgido al calor de la inaplazable oposición de calle. Y así romper con el círculo vicioso del electoralismo.