miércoles, 5 de agosto de 2015

Oscar Yanes nos explicó como salir del régimen Comunista

Oscar Yanes nos explicó como salir del régimen oficialista 

Esto es lo que la "Oposición" nunca quiso aceptar, denunciar ni plantear


El comunismo del siglo XXI fue planeado desde 1994

domingo, 2 de agosto de 2015

La demagogia de Jorge Roig por Gustavo Coronel

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Gustavo Coronel 




Una reunión llevada a cabo en Caracas en la cual Leonardo Padrón leyó su bello artículo sobre quienes se quedan en Venezuela, titulado La Casa Grande, incluyó una intervención de Jorge Roig de unos siete minutos (ver aquí).

En esa intervención Roig quiso hacer una profesión de amor al país a fin de inspirar en otros compatriotas el deseo de quedarse. Aunque no podemos dudar de sus buenas intenciones y sinceridad, algunas de las cosas que dijo suenan demagógicas y contribuyen a exacerbar el falso y artificial clivaje que el régimen comenzó a crear desde los días del difunto, ese que dice: “los buenos se quedan y los malos se van”.

Para comenzar, Roig dijo algo que fue recibido con aplausos: ”Respeto a quienes se van pero les pido que no hablen mal del país". Yo considero esta frase muy torpe y de un soberano mal gusto.

¿Por qué habrá dicho esto Roig? Que yo sepa no existe entre los venezolanos que se han ausentado del país una tendencia a “hablar mal del país”. Lo que sí existe es una tendencia a hablar mal del régimen, pero eso es lo esperable, habida cuenta de que quienes se han ido lo han hecho por no estar dispuestos a aceptar los abusos de poder de la pandilla chavista.

Lo que también se oye a veces, por parte de algunos miembros de la diáspora venezolana, es críticas al diálogo que pide Fedecámaras con el gobierno o contra ciertas posiciones timoratas del grupo de empresarios que están cuidando sus churupos mediante el apaciguamiento y la mansedumbre, esperando ser - como decía Churchill – los últimos que se coma el cocodrilo. Pero esta crítica no es exclusiva de Diego Arria o de mi persona, sino que también se oye desde los grupos de venezolanos que están en el país. Esta expresión de Roig no me pareció en absoluto elegante.

Jorge dice, como si ello fuera determinante en la decisión de irse o de quedarse, que a él le gustan mucho las arepas y el chivo en coco. A mí también me gustan estos dos componentes de la gastronomía venezolana pero los disfruto donde vivo, igualito que si me los estuviera comiendo en San Fernando de Atabapo. También dice que no se va porque él prefiere hablar por teléfono y no por Skype.

Para decir que uno prefiere quedarse no es necesario decir que el que se va es un mal venezolano. Roig nos dice: “quienes se van piensan que no le deben nada al país…. Tienen una visión de corto plazo”, o algo parecido. Por qué es necesario decir esto para justificar quedarse?

En Venezuela tenemos un enemigo común: un régimen arbitrario, ladrón, narcotraficante, mentiroso e inepto. Tratar de separar a quienes tienen un mismo pensamiento y un mismo objetivo es una torpeza. Lo peligroso de esto es que si uno no dice nada para no “alborotar el avispero” permite que este tipo de opiniones, a lo Roig, se vayan consolidado en el país, convirtiéndose en dogma.
Y eso no debe suceder. Venezolano es venezolano donde esté. Y desde donde esté puede opinar sobre su país. Hay buenos venezolanos en Venezuela y en el exterior. Los hay malos aquí y allá.

http://www.lasarmasdecoronel.blogspot.com/

Orwell y la traición de los intelectuales, Antonio Sánchez García

 

     2 Agosto, 2015








Todos quienes hayan leído esa extraordinaria novela de George Orwell tituladaRebelión en la granja, escrita en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial y publicada ya lograda la victoria aliada sobre el nazismo hitleriano, en 1945, saben que los cerdos que administran la granja imaginaria de Orwell son la metáfora con la que el extraordinario periodista y escritor inglés representó a los bolcheviques y que el centro de la amarga y cruenta ironía orwelliana era Stalin, el tirano. Y la granja, no sólo la Unión Soviética, sino el comunismo en donde quiera se impusiera. Necesaria, intrínseca, esencialmente totalitario.
Lo que posiblemente no sepan es que el manuscrito fue rechazado por cuatro editores, incluido aquel que tenía firmado un contrato legal con Orwell. Que la obra había despertado el escándalo, si no la indignación, de autoridades de gobierno. Y que a la élite intelectual y académica inglesa le parecía no sólo errado publicarlo, sino contraproducente. Ya por entonces, el nazismo podía ser descuartizado por la intelligentsia occidental, los propios gobiernos verse sometidos a la más implacable crítica por parte de sus periodistas, columnistas y académicos de izquierda, pero levantarle la voz al comunismo soviético una falta de respeto, una impertinencia y una ofensa al consagrado liderazgo de los desposeídos de la tierra.
“En este país” – Inglaterra -, “la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente periodistas y escritores en general”, escribió Orwell en un prólogo titulado Libertad de Expresión, que fuera omitido de sus ediciones originales hasta ser descubierto tras la muerte del genial escritor inglés. Para agregar un comentario que bien serviría de piedra de toque para enjuiciar la autocensura con que la opinión pública latinoamericana se ha cebado en destrozar a sus propios gobiernos y gobernantes, mientras sus periodistas, académicos, artistas y políticos ensalzaban de manera escandalosa a la tiranía cubana: “Y así vemos, paradójicamente, que no se permite criticar al gobierno soviético, mientras se es libre de hacerlo con el nuestro”. ¿No es como para recordar la babosería universal con que casi un millar de intelectuales y seudo intelectuales – de extrema derecha a extrema izquierda – se babearon a los pies de Fidel Castro mientras afilaban sus puñales para descuartizar a Carlos Andrés Pérez y nuestras instituciones?
“El servilismo con el que la mayor parte de la intelligentsia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa desde 1941 sería sorprendente, si no fuera porque el hecho no es nuevo y ha ocurrido ya en otras ocasiones. Publicación tras publicación, sin controversia alguna, se han ido aceptando y divulgando los puntos de vista soviéticos con un desprecio absoluto hacia la verdad histórica y hacia la seriedad intelectual.”
Luego de enumerar casos de aviesa cobardía, complicidad y alcahuetería hacia las posturas soviéticas – desde acallar la importancia histórica y el asesinato de Trotsky hasta hacer desaparecer del mapa a los luchadores antifascistas en países ocupados por los nazi que no pertenecieran al bando stalinista – Orwell encara la raíz del problema: “lo que sí es inquietante es que, dondequiera que influya la URSS con sus especiales maneras de actuar, sea imposible esperar cualquier forma de crítica inteligente ni honesta por parte de escritores de signo liberal inmunes a todo tipo de presión directa que pudiera hacerles falsear sus opiniones. Stalin es sacrosanto y muchos aspectos de su política están por encima de toda discusión.”
Debemos hacer notar que esa verdad histórica despreciada por la intelligentsia liberal británica – no se hable de la francesa, abierta e indecorosamente postrada ente el comunismo soviético, de Sartre a Picasso, santificados con los vapores de etílica poesía del vate chileno Pablo Neruda – silenciaba horrores inconcebibles, como las hambrunas, los asesinatos masivos, los incontables campos de concentración, los juicios del horror recién destapados más de una década después de escrita la Rebelión en la granja cuando su ejecutor directo estaba momificado y encerrado para una supuesta eternidad dentro de una urna de cristal en la Plaza de la Revolución moscovita.
Quienes asistimos al ominoso cortejo con que las más impolutas conciencias de la Venezuela todavía democrática, e incluso anti militarista, se arrojaran a comienzos del gobierno de Carlos Andrés Pérez a los pies de un tirano que ya llevaba treinta años oprimiendo a su pueblo y expandiendo su venenoso mensaje antidemocrático y anti liberal en nuestro continente, y quienes aún hoy, veinticinco años después, vemos a los líderes del Foro de Sao Paulo que controlan los gobiernos de nuestra región e incluso a prohombres del liberalismo de derechas visitando La Habana para rendirle pleitesía a un anciano ensangrentado, no podemos menos que asombrarnos frente a la disposición al servilismo y la esclavitud de la conciencia ante el totalitarismo comunista.
Setenta años después de haber sido publicada, Rebelión en la granja y su conmovedor prólogo autocensurado es tanto o más vigente que entonces. Y para quienes tenemos una responsabilidad intelectual ante los destinos de nuestros pueblos, su palabra conminatoria es ineludible: “La libertad significa el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír.”

Etiquetas: Antonio Sánchez García


sábado, 27 de junio de 2015

El insondable foso del conformismo Antonio Sánchez García

El insondable foso del conformismo 

¿Hasta dónde, hasta cuándo hasta qué límites y medidas puede el hombre resistir el hambre, las privaciones, el atropello, la sed, los abusos, las penurias, las injusticias, las torturas, las promesas incumplidas, las mentiras, la desesperanza, el caos? Primo Levi, en un libro estremecedor, con razón calificado como una de las obras cumbres de la literatura testimonial del Siglo XX, Se questo è un uomoSi esto es un hombre, intentó dar la respuesta. Vivió con los ojos abiertos y una conciencia indomable la más aterradora experiencia que les haya sido dada vivir a los hombres: Auschwitz. De la que, sepa Dios gracias a qué conjunciones del destino, logró salir con vida. En rigor sin otra voluntad y otro propósito que tratar de narrar lo inenarrable: cuándo un ser humano desciende en la escala hasta ser despojado de todos los atributos que tras cientos de miles, tal vez millones de años le han convertido en el ser supremo de la escala animal, el hijo predilecto de Dios, posiblemente su creador y su máxima criatura.

La misma pregunta, sin el trágico perfil de la narración de Primo Levi que va describiendo paso a paso la metódica operación del nazismo alemán que tras elementales medidas de despojamiento, en pocos días, convertían a un ser humano en un estropajo, sin otra seña de identidad visible que un número tatuado en el antebrazo, nos la hicimos cuando intentamos definir el concepto de necesidad, para comprender al Marx de juventud y saber con un mínimo nivel de exactitud científica el significado de su prometeica promesa, la medida que una vez cumplida se habría alcanzado la felicidad plena: del hombre según sus capacidades y al hombre según sus necesidades. ¿Dónde comienzan y terminan sus capacidades? ¿Dónde, sus necesidades? ¿Bastan algunas horas de trabajo para medir la capacidad del hombre? ¿Basta un mendrugo de pan y un vaso de agua para saciar sus necesidades? ¿No se trata, antes bien, de variables históricas, mudables, reducibles al mínimo imaginable, ampliables al infinito de sus deseos?

Auschwitz fue la última frontera del nacionalsocialismo. Como los campos de concentración y el Archipiélago Gulag fueron la última frontera del totalitarismo soviético. En ambos extremos, Hitler y Stalin. Pero allí, al cabo de algunas millas náuticas, del otro lado del mar, millones de cubanos dan lo que pueden y reciben lo que se les arroja. ¿Dan de sus capacidades? ¿Suplen sus necesidades? Ni lo uno ni lo otro: han aprendido a sobrevivir practicando el arte del conformismo: sudar lo mínimo y agradecer lo que se les tire. Por lo visto, al pueblo de cimarrones le basta con muy poco. Y ese poco le basta menos. Están en el fondo del pozo del conformismo y en el colmo de la alienación creen que los que no tienen qué comer son los otros, a quienes les sobra, y que ellos pueden dar su sangre hasta el heroísmo por una siniestra ficción.

Venezuela lleva dieciséis años aprendiendo en cámara lenta, ahora con mayor velocidad, cuánto y hasta dónde aguanta. ¿Cuántos asesinatos resisten los barrios populares? ¿25.000 por año? ¿O pueden ser más? ¿Cuántos presos políticos? ¿100, 200, 1.000? ¿O pueden ser más? ¿Cuánta inflación? ¿El 200%? ¿O puede ser más? ¿Cuánto desabastecimiento? ¿Leche, harina, huevos, queso, medicinas? ¿O puede ser más? ¿Cuánto fraude, cuánto engaño, cuánta mentira? ¿Un referéndum revocatorio, cuatro elecciones presidenciales, varias parlamentarias y municipales? ¿O pueden ser más? ¿Cuántas toneladas de cocaína traficada por las autoridades? ¿5 a la semana o pueden ser más? ¿Cuánta tiranía, cuánto maltrato, cuánta humillación, cuánta injusticia?

Las dictaduras comunistas, es decir: aquellas que pretenden eternizarse hasta pulverizar las instituciones, lo divino en lo humano, la dignidad de los ciudadanos, la grandeza de sus pueblos y el orgullo de sus naciones logran sus propósitos amaestrando a los hombres, exactamente como un hombre obtiene lo que quiere de un león o de un chimpancé con algunos terrones de azúcar y el chasquido amenazante de un látigo. Temo que el terrón de azúcar sean los votos y el chasquido del látigo nuestros presos políticos. Temo que una fecha en un calendario sea más importante que el sol luminoso que esperamos de ese, como de cualquier otro día. Temo que hayamos comenzado a dejar de ser lo que fuimos. Temo que nos estemos hundiendo en el foso insondable del conformismo.

@sangarccs