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jueves, 5 de noviembre de 2015

Gulliver contra doce mil enanos, Carlos Alberto Montaner


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Resultado de imagen de carlos alberto montanerCuba 191, Estados Unidos 2. Eso se llama una paliza diplomática. Ciento noventa y un países votaron en la ONU a favor de una resolución presentada por Cuba contra las restricciones comerciales y financieras impuestas por Estados Unidos al gobierno de los Castro desde 1961. Sólo dos naciones se opusieron: Estados Unidos e Israel.
Viene ocurriendo desde hace mucho tiempo. La novedad es que este añoel gobierno de Obama lo celebra secretamente, aunque la ley y el sentido común obliguen a la diplomacia norteamericana a rechazar la resolución. El propio presidente había urgido al Congreso a que derogara la medida.
En todo caso, Estados Unidos, realmente, no se defendió. Al fin y al cabo, estas resoluciones de la ONU no son vinculantes. Es pura propaganda dentro de una organización tan desprestigiada que eligió a Venezuela y a Ecuador para pertenecer al comité que vigila el cumplimiento de los derechos humanos, que es algo así como poner al zorro a cuidar el gallinero.
Lo interesante es cómo la dictadura de los Castro consigue desviar la atención sobre el verdadero corazón del asunto -la persistencia de una dictadura estalinista derivada del modelo soviético erradicado de Occidente hace un cuarto de siglo- y la coloca sobre una percepción fabricada: una pobre isla asediada por la mayor potencia del planeta.David contra Goliat.
¿Cómo lo logra? Para entenderlo hay que saber que esa pequeña isla, improductiva y maltratada, menesterosa y pedigüeña, que no le paga a nadie porque malgasta sus recursos, posee una proyección exterior de gran potencia aprendida del KGB: cuenta con unas doce mil personas dedicadas a la tarea de promover las causas elegidas por Fidel Castro y heredadas y seguidas por su hermano Raúl.
¿Cuáles son esas causas? Esencialmente, la denuncia de Estados Unidos y del malvado y explotador capitalismo. Todo lo que se oponga a ese común enemigo es bienvenido: el Irán de los ayatolás, la Libia de Gadafi en el pasado, hoy la Rusia de Putin, el "socialismo del siglo XXI". Todo. Cualquier cosa.
¿Quiénes son esos doce mil funcionarios, correa de transmisión de ladiplomacia faraónica de Fidel, un narcisista aquejado, como tantos, por la urgencia grandiosa de imponerle su voluntad al mundo?
En primer lugar, la Dirección General de Inteligencia, con sus 1.500 oficiales, muy bien formados, regados por el mundo. Cada uno de ellos seduce, recluta o maneja a una docena de contactos locales. Los miembros del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), otro brazo de la inteligencia, presente en todos los países y todos los organismos internacionales. Las 119 embajadas cubanas, con 140 sedes y 21 consulados generales, todos manejados por la Seguridad. Las instituciones académicas, literarias o artísticas que tienen contactos con el exterior y viajan o reciben viajeros. Cualquier pieza encaja en el rompecabezas: un concierto de Silvio Rodríguez, una conferencia en Panamá. Lo que sea.
Total: miles de personas directa o indirectamente vinculadas a la vida política y a las comunicaciones de la mayor parte de las naciones del mundo, y muy especialmente a las de los principales países de Occidente que acaban respondiendo a los dictados de La Habana.
No cuento, por supuesto, a la contrainteligencia. Ese aparato, forjado a imagen de la Stasi alemana, cuenta en sus filas con el 0,5% de la población, unas 60.000 personas consagradas a la tarea de infiltrar y controlar a los "grupos enemigos" dentro de la Isla, entre los que se incluyen no sólo los demócratas que piden libertades, sino masones, iglesias cristianas, colectivos sospechosos como el LGTB o loscuentapropistas, que intentan levantar pequeños negocios caseros parasobrevivir en medio de tanta represión y estupidez.
Tan pronto se da la consigna de sacar la resolución anual de la ONU, ese inmenso mecanismo se pone en movimiento para lograr el objetivo. Siempre hay lazos con las cancillerías y las casas de gobierno, aunque formalmente sean enemigas. Cuba cuida esas relaciones personales como oro en polvo.
Todo se utiliza: desde dar tratamiento médico gratis al pariente de un diputado, un general o un jefe de policía local, hasta mandar sumas importantes de dinero a los candidatos electorales afines, o puros a los jefes de gobierno, o conseguirle un donjuán que alivie sus querencias genitales a una espía cubana de origen puertorriqueño, como le sucedió aAna Belén Montes.
Esta señora, condenada a 25 años de cárcel por espionaje, y cuyo indulto hoy examina el presidente Obama, alcanzó un altísimo puesto en el Pentágono. Su función oficial era reunir todos los análisis de las diferentes agencias e informar a la Casa Blanca sobre la peligrosidad de la Isla, pero la real, la que secretamente ejercía en beneficio de La Habana, era revelar a los Castro las fuentes de la inteligencia norteamericana (lo que costó algunas vidas) y contar la dulce historia de un pequeño e indefenso país que no suponía ningún peligro para la seguridad de Estados Unidos.
Washington, que ya ha perdido los reflejos que alguna vez tuvo durante la Guerra Fría, no sabe, no puede o no quiere luchar contra ese enemigo. Jonathan Swift, en Los viajes de Gulliver, describe como, al naufragar en Liliput, el capitán Lemuel Gulliver es atado y apresado por una legión de enanitos de 15 centímetros de estatura. Eso le ocurre a Estados Unidos. No es David contra Goliat. Es Gulliver contra 12.000 enanos eficientes.

martes, 3 de noviembre de 2015

Comunismo: el dios que fracasó, Cristina Losada


Resultado de imagen de Cristina Losada
Este primero de noviembre, ocho días antes del aniversario de la caída del Muro de Berlín, fallecía allí, en la capital alemana, Günter Schabowski, el funcionario comunista que desencadenó el acontecimiento. En una rueda de prensa, a preguntas de los periodistas, Schabowski pronunció las palabras decisivas: "Ab sofort, unverzüglich" ("de inmediato, sin demora"), que condujeron a miles de habitantes de Berlín Oriental aquella noche hasta el Muro con la voluntad de pasar a la parte occidental.
No hubo ya manera de impedir aquel primer ejercicio de libertad de losossis, que hasta entonces sólo podían atravesar el Muro a riesgo de su vida, es decir, si conseguían burlar la vigilancia de los vopos y escapar de sus disparos. Porque el área que rodeaba al Muro en Berlín Este, que yo vi muchas veces en los primeros años 80 desde los miradores que había en el Oeste, era el que rodea una cárcel de alta seguridad o un campo de concentración.
El 9 de noviembre de hace veintiséis años los muros de aquella cárcel se vinieron abajo, pero el derrumbe del comunismo como fe revolucionaria a la que se convertían millones de personas en todo el mundo, dispuestas muchas de ellas a entregar su vida por la causa, se había producido décadas antes. En 1989 hacía tiempo que sólo había comunistas en los países no comunistas, y que el mundo comunista era una cáscara vacía, un mundo congelado que, tal vez por eso mismo, parecía capaz de mantenerse a perpetuidad por la pura inercia y por la impura eficacia de su extenso aparato de vigilancia y represión.
De ahí la sorpresa, el hecho de que apenas nadie contara con la caída del comunismo y menos aún con una caída que fue tan rápida como la de un castillo de naipes. Y de ahí, en parte, las interpretaciones que entonces se dieron, una vez más, para tratar de salvar la idea comunista de la realidadabominable que había gestado: aquellos regímenes que se llamaban a sí mismos comunistas no eran realmente comunistas, y lo que había caído, por tanto, no era el comunismo, sino una desviación, una distorsión, una errada versión del ideal.
Más aún, la desaparición de la horrenda realidad del comunismopermitiría trasladar de nuevo la idea al firmamento de las intenciones y dejarla allí perfectamente a salvo de incómodos encontronazos con sus consecuencias. Como escribió Revel en La gran mascarada (2000):
El socialismo encarnado daba pie a la crítica. Pero la utopía, por definición, es imposible de objetar. La firmeza de sus guardianes pudo volver, pues, a no tener límites desde el momento en que su modelo no era ya realidad en ninguna parte.
Como el comunismo era un cadáver en 1989, aunque ha de tenerse en cuenta que los cadáveres políticos también pueden matar y sojuzgar, es fácil que se olvide que esa ideología fue la religión secular más importante y duradera -y mortífera- del siglo XX. Es fácil que la imagen delapparatchik cínico y corrupto, del miembro de la Nomenklatura que disfrutaba de unos privilegios y un nivel de vida inimaginables para el común de los súbditos, relegue a la del idealista, el militante comunista convencido y entregado que de buena fe perseguía la realización del paraíso en la Tierra. Sin embargo, ambas figuras no sólo son las caras de la misma moneda, no sólo no hubiera existido la una sin la otra. Resulta que en la figura del idealista está la clave.
En 1949 un laborista de izquierdas, Richard Crossmann, tuvo la idea de hacer un libro con los testimonios de varios excomunistas que se habíandesconvertido y eran ya anticomunistas. El libro se llamó The God thatFailed (El dios que fracasó), y reunió textos de Arthur Koestler, Ignazio Silone, André Gide y Stephen Spender, entre otros. Podríamos decir que fue el primer libro de disidentes notables –y occidentales– del comunismo. En su introducción, Crossmann dice con gran lucidez:
El atractivo emocional del comunismo reside precisamente en los sacrificios –tanto materiales como espirituales– que requería del converso (…) El atractivo de un partido político corriente es lo que ofrece a sus miembros: el atractivo del comunismo era que no ofrecía nada y lo exigía todo, incluida la entrega de la libertad espiritual.
Esa entrega absoluta al ideal es la clave del poderoso atractivo que ejerció el comunismo, como es la clave de que siga gozando de prestigio aún a día de hoy. Pero justo el hecho de que unos idealistas que querían liberar a la Humanidad engendraran unos regímenes que esclavizaron y mataron a millones de seres humanos debería servir de advertencia. La historia del comunismo, en fin, tendría que ser el antídoto para el idealismo que, en esta o aquella forma, intoxica y embriaga cada tanto, más bien cada poco, a personas y a sociedades.



jueves, 15 de octubre de 2015

No hay otra salida que la salida de Maduro. Jesús Petit da Costa


Jesús Petit da Costa
Venezuela Soberana, que agrupa a personalidades destacadas de nuestra sociedad, ha publicado un mensaje al país con este título: “Para la salvación nacional, Maduro tiene que irse.” Y lo razona con estas palabras.
“Estamos viviendo el peor momento de nuestra historia, el más oscuro y vergonzoso. No sólo hemos perdido la soberanía, la mayor vergüenza para las generaciones presentes, sino que, por este motivo, nuestro destino lo decide Cuba, que ya nos negocia como su propiedad ante las grandes potencias mientras mantiene aquí un gobierno títere, el más corrupto de todos los tiempos, cuya permanencia empeora cada día la situación del país. Cada día que pasa con Maduro en el poder el pueblo seguirá siendo humillado con largas e interminables colas en la búsqueda desesperada de alimentos y medicinas. Cada día que pasa con Maduro en el poder damos un paso hacia el colapso total. Cada día que pasa con Maduro en el poder damos un paso hacia la desintegración de la República en un estallido social anárquico porque el pueblo no ve futuro”.
Estoy totalmente de acuerdo, porque me he convencido de que hay una sola manera de salvar a Venezuela y de salvarnos todos de la hecatombe: la salida de Maduro.
1.- Sólo con la salida de Maduro recuperaremos la soberanía. Y al recuperarla decidiremos nuestro destino y seremos nosotros, no Cuba, los que negocien con Estados Unidos y Europa en función del interés nacional. Y será el pueblo el que, soberana y libremente, tomará las decisiones que haya que tomar para salir de la crisis y así empezar la reconstrucción del país. Esta es la disyuntiva que tenemos: sale Maduro ya o Cuba, para su beneficio, negocia a Venezuela como propiedad suya.
2.- Sólo con la salida de Maduro evitaremos el estallido social anárquico que se ve venir por la desesperación del pueblo, que se evidencia cuando ya el 87% confiesa que sus ingresos no les alcanzan siquiera para la comida, porque la hiperinflación, que es la exacción que pesa sobre los pobres, ha elevado la canasta alimentaria para agosto a Bs. 50.625, equivalente a 6,8 salarios mínimos, el cual apenas llega a US$ 9.27, el más bajo de América. Los pobres ya están pasando hambre porque se encuentran por debajo del nivel de subsistencia. La disyuntiva está clara: sale Maduro o se nos vienes encima una hambruna que provocará sin duda un estallido social de consecuencias impredecibles.
3.- Sólo con la salida de Maduro se podrá imponer ley y orden encarcelando al malandraje y a todas las bandas armadas por el gobierno, que asesinan a unos 25.000 ciudadanos cada año y secuestran, asaltan y roban a muchos más, los que han convertido a Venezuela en el país más violento de América del Sur, más que Colombia donde hay guerrilla. Está claro que se va Maduro ya o sufriremos la conjunción de tres maldiciones bíblicas: hambruna, estallido social anárquico y masacre en las calles causada por el malandraje sin control.
4.- Sólo con la salida de Maduro evitaremos la emigración de 7,5 millones de venezolanos (1 de cada 4, según las encuestas) que quieren irse porque, como lo dice el FMI, “Venezuela está en estado de descomposición”, y como lo ha dicho Vargas Llosa el país vive un “estado de putrefacción social”, ya que la delincuencia no sólo es dueña de la calle sino también del poder en función de narco-gobierno. Si Maduro no se va la emigración de venezolanos desbordará las fronteras de América como la que estamos viendo en Europa. Sale Maduro o emigrarán despavoridos muchos más venezolanos que los que quieren irse en este momento.
Si Maduro quisiera a Venezuela renunciaría espontáneamente como lo hizo Alfonsín en Argentina para ahorrarles a los argentinos más sufrimiento causado sólo por la hiperinflación. Pero Maduro no es venezolano, porque si lo fuera exhibiría con orgullo su partida de nacimiento. Sólo queda entonces, como lo propone Venezuela Soberana, hacer lo que acaban de hacer en Guatemala: forzar la salida del presidente renuente con el pueblo en la calle. He aquí el objetivo de la movilización nacional que debería iniciarse.


martes, 6 de octubre de 2015

Obama no entiende por qué Raúl le muerde la mano. Carlos Alberto Montaner

Resultado de imagen de obama castro y la cumbreRaúl Castro atacó el "bloqueo", reclamó la base de Guantánamo y pidió el fin de las transmisiones de Radio Martí. Defendió a Nicolás Maduro y a Rafael Correa. Se colocó junto a la Siria de El Asad, Irán, Rusia, la independencia de Puerto Rico. Criticó la economía de mercado y cerró con broche de plomo con una cita de su hermano Fidel, gesto obligatorio dentro de la untuosa liturgia revolucionaria cubana.
Poco después se reunió con el presidente norteamericano. Según cuenta el Washington Post, Obama le mencionó, algo decepcionado, el ignorado asunto de los derechos humanos y la democracia. No hubo el menor atisbo de apertura política.
Obama no entiende que con los Castro no existe el quid pro quo o eltoma y daca. Para los Castro el modelo socialista (lo repiten constantemente) es perfecto, su democracia es la mejor del planeta y los disidentes y las Damas de Blanco, que piden libertades civiles, son sólo asalariados de la embajada yanqui inventados por los medios de comunicación que merecen ser apaleados.
El gobierno cubano nada tiene que rectificar. Que rectifique Estados Unidos, poder imperial que atropella a los pueblos. Que rectifique el capitalismo, que siembra de miseria el mundo con su mercado libre, su asquerosa competencia, sus hirientes desigualdades y su falta de conmiseración.
Para los Castro, y para su tropa de aguerridos marxistas-leninistas, indiferentes a la realidad, la solución de los males está en el colectivismo manejado por militares, con su familia en la cúspide dirigiendo el tinglado.
Raúl y Fidel, y los que los rodean, están orgullosos de haber creado en los años sesenta el mayor foco subversivo de la historia, cuando fundaron la Tricontinental y alimentaron a todos los grupos terroristas del planeta que llamaban a sus puertas o que forjaban sus propios servicios de inteligencia.
Veneran la figura del Che, muerto como consecuencia de aquellos sangrientos trajines, y recuerdan con emoción las cien guerrillas que adiestraron o lanzaron contra medio planeta, incluidas las democracias de Venezuela, Argentina, Colombia, Perú y Uruguay.
Se emocionan cuando rememoran sus hazañas africanas, realizadas con el objetivo de crear satélites para mayor gloria de la URSS y la causa sagrada del comunismo, como en Angola, cuando consiguieron dominar a las otras guerrillas anticoloniales, y luego a sangre y fuego vencieron a los somalíes en el desierto de Ogadén, sus amigos de la víspera de la guerra, ahora enfrentados a Etiopía, el nuevo aliado de La Habana.
No sienten el menor resquemor por haber fusilado adversarios y simpatizantes, perseguido homosexuales o creyentes, confiscado bienes honradamente adquiridos, separado familias, precipitado al éxodo a miles de personas que acabaron en el fondo del océano. ¿Qué importan estos pequeños dolores individuales, ante la gesta gloriosa de "tomar el cielo por asalto" y cambiar la historia de la humanidad?
¡Qué tiempos aquellos de la guerra no-tan-fría, cuando Cuba era la punta de lanza de la revolución planetaria contra Estados Unidos y sus títeres de Occidente! Época gloriosa traicionada por Gorbachov en la que parecía que pronto el Ejército Rojo acamparía triunfante en las plazas de Washington.
El error de Obama es haber pensado que los diez presidentes que lo antecedieron en la Casa Blanca se equivocaron cuando decidieron enfrentar a los Castro y su revolución, señalándolos como enemigos de Estados Unidos y de las ideas que sostienen las instituciones de la democracia y la libertad.
Obama no entiende a los Castro, ni es capaz de calibrar lo que significan, porque él no era, como fueron Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan y Bush (padre), personas fogueadas en la defensa del país frente a la muy real amenaza soviética.
Incluso, ya en la era post soviética, Clinton, quien prefirió escapar antes que pelear en Vietnam, comprendió la naturaleza del gobierno cubano y aprobó la Ley Helms-Burton para combatirlo. Bush (hijo) heredó de su padre la convicción de que a 90 millas anidaba un enemigo y así lo trató durante sus dos mandatos.
Obama era distinto. Cuando llegó a la presidencia, hacía 18 años que el Muro de Berlín había sido derribado, y para él la Guerra Fría era un fenómeno remoto y ajeno. No percibía que había sitios, como Cuba o Corea del Norte, en los que sobrevivían los viejos paradigmas.
Él era un community organizer en los barrios afroamericanos de Chicago, preocupado por las dificultades y la falta de oportunidades de su gente. Su batalla era de carácter doméstico y se inspiraba en el relato de la lucha por los derechos civiles. Su leitmotiv era cambiar América, no defenderla de enemigos externos.
Como muchos liberals y radicales norteamericanos, especialmente de su generación, pensaba que la pequeña Cuba había sido víctima de laarrogancia imperial de Estados Unidos, y podía reformarse ynormalizarse tan pronto su país le tendiera la mano.
Hoy es incapaz de entender por qué Raúl se la muerde en lugar de estrecharla. No sabe que los viejos estalinistas matan y mueren con los colmillos siempre afilados y dispuestos. Es parte de la naturaleza revolucionaria.

Jesús Petit da Costa: Una puñalada por la espalda a la Venezuela decente

Corre en el extranjero el rumor de que Cuba ha pactado con Estados Unidos el resultado de las elecciones parlamentarias en su colonia de Venezuela, que dicho pacto cuenta con la aprobación del Vaticano y la aceptación de la MUD. Lo informa Luis José Semprún, joven abogado y destacado columnista, con estas palabras: “Dentro del marco de un nuevo credo internacional, según el cual lo más importante es garantizar la paz y la estabilidad de las naciones, aunque triunfe la impunidad, Raúl Castro y sus aliados orquestaron un plan…. El plan consiste en negociar con la MUD un triunfo apretado de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias, para que ésta obtenga una mayoría simple, incapaz de modificar la estructura actual de poder. El nuevo presidente de la Asamblea Nacional sería un conocido dirigente opositor…. En esta operación participan los mismos factores internacionales que promueven una transición controlada en Cuba y un acuerdo de paz con las FARC; es decir, Raúl Castro, el Departamento de Estado y, aparentemente, también el Papa Francisco, quienes consideran que la estabilidad es más importante de la justicia”.

No pongo en duda que efectivamente se haya pactado lo dicho por los indicios siguientes:

1.- El Secretario de Estado de EE UU, John Kerry, declaró al periodista Andrés Openheimer hace poco tiempo que estaba negociando con Cuba sobre Venezuela. Más claro no podía ser: Estados Unidos reconoce a Cuba como propietaria de Venezuela y a nuestro país como protectorado de Cuba. Y, en consecuencia, incluye a Venezuela en el paquete que negocia con Cuba. Esto se llama “política realista”, inmoral pero realista. Merece este trato un país con un gobierno títere sin oposición, cuyo rol está usurpado por colaboracionistas. Y peor aún: un país sin ejército, porque no lo tiene desde cuando perdió la soberanía sin disparar un tiro obedeciendo a un infiltrado cubano en función de Comandante en Jefe.

2.- El líder eterno del partido más colaboracionista declaró textualmente hace pocas semanas: “una nueva mayoría en el Parlamento no implicará la salida inmediata de Maduro, pero sí conducirá a la estabilización del país.” Comunicó así la orden recibida por el pacto entre EE.UU. y Cuba: “ustedes, colaboracionistas, tendrán mayoría pero no suficiente para cambiar el gobierno y el sistema, si acaso lo pretendieron alguna vez, y en consecuencia tienen que garantizarle estabilidad a Maduro.” A buen entendedor, pocas palabras bastan: la victoria de los colaboracionistas será únicamente para darle un respiro a Maduro, a fin de que aguante hasta el final del período. ¿Que las encuestas indican, según los propios colaboracionistas, que podrían ganar con hasta el 75% de los votos? Esto no importa. Se aplica el método del referéndum de 2007, que perdió Chávez por paliza pero nunca se dieron los resultados definitivos dejándolo en una diferencia parcial por una cantidad mínima. En su soberbia el perdedor la llamó “victoria de mierda”. Y lo fue en verdad porque de todos modos hizo lo que le dio la gana.

3.- Al líder eterno del segundo partido más colaboracionista ya lo llaman “presidente” sus propios partidarios, haciendo ver que lo será de la Asamblea Nacional para la cual le han garantizado su elección, apartando a cualquier rival de peso.

4.- Anuncian el regreso del jefe eterno del tercer partido más colaboracionista, no teniendo otra explicación de estar arreglado su juicio para decretarse su libertad inmediata apenas esté en el país.

5.- Finalmente el Papa Francisco ha exhortado a los Obispos de Venezuela, en ocasión de su visita anual, a procurar el diálogo y la reconciliación entre dos sectores que simulan estar enfrentados: títeres y colaboracionistas, cuando son los socios que sostienen la tiranía comunista. Ellos dialogan todos los días y no necesitan reconciliarse porque no están peleados. Si Dios es uno y trino, títeres y colaboracionistas son dos en uno.

Estos hechos hacen presumir el pacto de que se habla, a ejecutar por títeres y colaboracionistas. Los que no somos ni lo uno ni lo otro, debemos hacernos estas preguntas: 1) ¿Tiene viabilidad este pacto infame, en el supuesto de que se confirme?; y, 2) En todo caso, qué debemos hacer para impedir que queden impunes la traición a la patria, el saqueo a la Nación y los crímenes de lesa humanidad, y de este modo Venezuela quede en manos de una versión criolla de la mafia rusa, en la cual se transformó la jerarquía comunista soviética?

@petitdacosta

domingo, 2 de agosto de 2015

Orwell y la traición de los intelectuales, Antonio Sánchez García

 

     2 Agosto, 2015








Todos quienes hayan leído esa extraordinaria novela de George Orwell tituladaRebelión en la granja, escrita en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial y publicada ya lograda la victoria aliada sobre el nazismo hitleriano, en 1945, saben que los cerdos que administran la granja imaginaria de Orwell son la metáfora con la que el extraordinario periodista y escritor inglés representó a los bolcheviques y que el centro de la amarga y cruenta ironía orwelliana era Stalin, el tirano. Y la granja, no sólo la Unión Soviética, sino el comunismo en donde quiera se impusiera. Necesaria, intrínseca, esencialmente totalitario.
Lo que posiblemente no sepan es que el manuscrito fue rechazado por cuatro editores, incluido aquel que tenía firmado un contrato legal con Orwell. Que la obra había despertado el escándalo, si no la indignación, de autoridades de gobierno. Y que a la élite intelectual y académica inglesa le parecía no sólo errado publicarlo, sino contraproducente. Ya por entonces, el nazismo podía ser descuartizado por la intelligentsia occidental, los propios gobiernos verse sometidos a la más implacable crítica por parte de sus periodistas, columnistas y académicos de izquierda, pero levantarle la voz al comunismo soviético una falta de respeto, una impertinencia y una ofensa al consagrado liderazgo de los desposeídos de la tierra.
“En este país” – Inglaterra -, “la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente periodistas y escritores en general”, escribió Orwell en un prólogo titulado Libertad de Expresión, que fuera omitido de sus ediciones originales hasta ser descubierto tras la muerte del genial escritor inglés. Para agregar un comentario que bien serviría de piedra de toque para enjuiciar la autocensura con que la opinión pública latinoamericana se ha cebado en destrozar a sus propios gobiernos y gobernantes, mientras sus periodistas, académicos, artistas y políticos ensalzaban de manera escandalosa a la tiranía cubana: “Y así vemos, paradójicamente, que no se permite criticar al gobierno soviético, mientras se es libre de hacerlo con el nuestro”. ¿No es como para recordar la babosería universal con que casi un millar de intelectuales y seudo intelectuales – de extrema derecha a extrema izquierda – se babearon a los pies de Fidel Castro mientras afilaban sus puñales para descuartizar a Carlos Andrés Pérez y nuestras instituciones?
“El servilismo con el que la mayor parte de la intelligentsia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa desde 1941 sería sorprendente, si no fuera porque el hecho no es nuevo y ha ocurrido ya en otras ocasiones. Publicación tras publicación, sin controversia alguna, se han ido aceptando y divulgando los puntos de vista soviéticos con un desprecio absoluto hacia la verdad histórica y hacia la seriedad intelectual.”
Luego de enumerar casos de aviesa cobardía, complicidad y alcahuetería hacia las posturas soviéticas – desde acallar la importancia histórica y el asesinato de Trotsky hasta hacer desaparecer del mapa a los luchadores antifascistas en países ocupados por los nazi que no pertenecieran al bando stalinista – Orwell encara la raíz del problema: “lo que sí es inquietante es que, dondequiera que influya la URSS con sus especiales maneras de actuar, sea imposible esperar cualquier forma de crítica inteligente ni honesta por parte de escritores de signo liberal inmunes a todo tipo de presión directa que pudiera hacerles falsear sus opiniones. Stalin es sacrosanto y muchos aspectos de su política están por encima de toda discusión.”
Debemos hacer notar que esa verdad histórica despreciada por la intelligentsia liberal británica – no se hable de la francesa, abierta e indecorosamente postrada ente el comunismo soviético, de Sartre a Picasso, santificados con los vapores de etílica poesía del vate chileno Pablo Neruda – silenciaba horrores inconcebibles, como las hambrunas, los asesinatos masivos, los incontables campos de concentración, los juicios del horror recién destapados más de una década después de escrita la Rebelión en la granja cuando su ejecutor directo estaba momificado y encerrado para una supuesta eternidad dentro de una urna de cristal en la Plaza de la Revolución moscovita.
Quienes asistimos al ominoso cortejo con que las más impolutas conciencias de la Venezuela todavía democrática, e incluso anti militarista, se arrojaran a comienzos del gobierno de Carlos Andrés Pérez a los pies de un tirano que ya llevaba treinta años oprimiendo a su pueblo y expandiendo su venenoso mensaje antidemocrático y anti liberal en nuestro continente, y quienes aún hoy, veinticinco años después, vemos a los líderes del Foro de Sao Paulo que controlan los gobiernos de nuestra región e incluso a prohombres del liberalismo de derechas visitando La Habana para rendirle pleitesía a un anciano ensangrentado, no podemos menos que asombrarnos frente a la disposición al servilismo y la esclavitud de la conciencia ante el totalitarismo comunista.
Setenta años después de haber sido publicada, Rebelión en la granja y su conmovedor prólogo autocensurado es tanto o más vigente que entonces. Y para quienes tenemos una responsabilidad intelectual ante los destinos de nuestros pueblos, su palabra conminatoria es ineludible: “La libertad significa el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír.”

Etiquetas: Antonio Sánchez García