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martes, 6 de octubre de 2015

Jesús Petit da Costa: Una puñalada por la espalda a la Venezuela decente

Corre en el extranjero el rumor de que Cuba ha pactado con Estados Unidos el resultado de las elecciones parlamentarias en su colonia de Venezuela, que dicho pacto cuenta con la aprobación del Vaticano y la aceptación de la MUD. Lo informa Luis José Semprún, joven abogado y destacado columnista, con estas palabras: “Dentro del marco de un nuevo credo internacional, según el cual lo más importante es garantizar la paz y la estabilidad de las naciones, aunque triunfe la impunidad, Raúl Castro y sus aliados orquestaron un plan…. El plan consiste en negociar con la MUD un triunfo apretado de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias, para que ésta obtenga una mayoría simple, incapaz de modificar la estructura actual de poder. El nuevo presidente de la Asamblea Nacional sería un conocido dirigente opositor…. En esta operación participan los mismos factores internacionales que promueven una transición controlada en Cuba y un acuerdo de paz con las FARC; es decir, Raúl Castro, el Departamento de Estado y, aparentemente, también el Papa Francisco, quienes consideran que la estabilidad es más importante de la justicia”.

No pongo en duda que efectivamente se haya pactado lo dicho por los indicios siguientes:

1.- El Secretario de Estado de EE UU, John Kerry, declaró al periodista Andrés Openheimer hace poco tiempo que estaba negociando con Cuba sobre Venezuela. Más claro no podía ser: Estados Unidos reconoce a Cuba como propietaria de Venezuela y a nuestro país como protectorado de Cuba. Y, en consecuencia, incluye a Venezuela en el paquete que negocia con Cuba. Esto se llama “política realista”, inmoral pero realista. Merece este trato un país con un gobierno títere sin oposición, cuyo rol está usurpado por colaboracionistas. Y peor aún: un país sin ejército, porque no lo tiene desde cuando perdió la soberanía sin disparar un tiro obedeciendo a un infiltrado cubano en función de Comandante en Jefe.

2.- El líder eterno del partido más colaboracionista declaró textualmente hace pocas semanas: “una nueva mayoría en el Parlamento no implicará la salida inmediata de Maduro, pero sí conducirá a la estabilización del país.” Comunicó así la orden recibida por el pacto entre EE.UU. y Cuba: “ustedes, colaboracionistas, tendrán mayoría pero no suficiente para cambiar el gobierno y el sistema, si acaso lo pretendieron alguna vez, y en consecuencia tienen que garantizarle estabilidad a Maduro.” A buen entendedor, pocas palabras bastan: la victoria de los colaboracionistas será únicamente para darle un respiro a Maduro, a fin de que aguante hasta el final del período. ¿Que las encuestas indican, según los propios colaboracionistas, que podrían ganar con hasta el 75% de los votos? Esto no importa. Se aplica el método del referéndum de 2007, que perdió Chávez por paliza pero nunca se dieron los resultados definitivos dejándolo en una diferencia parcial por una cantidad mínima. En su soberbia el perdedor la llamó “victoria de mierda”. Y lo fue en verdad porque de todos modos hizo lo que le dio la gana.

3.- Al líder eterno del segundo partido más colaboracionista ya lo llaman “presidente” sus propios partidarios, haciendo ver que lo será de la Asamblea Nacional para la cual le han garantizado su elección, apartando a cualquier rival de peso.

4.- Anuncian el regreso del jefe eterno del tercer partido más colaboracionista, no teniendo otra explicación de estar arreglado su juicio para decretarse su libertad inmediata apenas esté en el país.

5.- Finalmente el Papa Francisco ha exhortado a los Obispos de Venezuela, en ocasión de su visita anual, a procurar el diálogo y la reconciliación entre dos sectores que simulan estar enfrentados: títeres y colaboracionistas, cuando son los socios que sostienen la tiranía comunista. Ellos dialogan todos los días y no necesitan reconciliarse porque no están peleados. Si Dios es uno y trino, títeres y colaboracionistas son dos en uno.

Estos hechos hacen presumir el pacto de que se habla, a ejecutar por títeres y colaboracionistas. Los que no somos ni lo uno ni lo otro, debemos hacernos estas preguntas: 1) ¿Tiene viabilidad este pacto infame, en el supuesto de que se confirme?; y, 2) En todo caso, qué debemos hacer para impedir que queden impunes la traición a la patria, el saqueo a la Nación y los crímenes de lesa humanidad, y de este modo Venezuela quede en manos de una versión criolla de la mafia rusa, en la cual se transformó la jerarquía comunista soviética?

@petitdacosta

martes, 15 de septiembre de 2015

Condicione su voto (para no pasar por pendejo) Ni un solo voto para un colaboracionista.

Resultado de imagen de jesus petit da costaExija un compromiso solemne y público de convocar al pueblo a permanecer en la calle hasta la renuncia de Maduro, tanto si se pierde como si se gana. 

Le están pidiendo su voto unos individuos con estos antecedentes: 

1) En 2004 aseguraron que se ganaría el referéndum revocatorio, porque así lo pronosticaban las encuestas. Cometido el fraude por la tiranía, lo convalidaron quedándose la denuncia únicamente en palabras. 

2) En 2005 el pueblo se rebeló con una abstención subversiva (85%), que deslegitimaba totalmente a Chávez. En lugar de llamar estos supuestos líderes al pueblo a la calle para darle el golpe de gracia, le hicieron el favor de satanizar la subversión espontánea, la mayor demostración de desobediencia civil que haya habido. 

3) En 2006 hicieron esta promesa: “ganamos y cobramos”, para convencer al pueblo de que no reincidiera en la desobediencia civil y fuera a votar. ¿Qué hicieron? Se declararon perdedores antes de que terminara el escrutinio. 

4) En 2010 aseguraron: “esta vez sí vamos a ganar.” Pero convalidaron el fraude diciendo: “de todos modos tenemos suficientes diputados en la Asamblea para impedir que la tiranía haga lo que le venga en gana.” Y, desde entonces, la tiranía ha hecho lo que le viene en gana. 

5) En 2013 le volvieron a prometer: ganamos y cobramos. Ganaron la elección presidencial, según ellos mismos. Pero no cobraron. Convalidaron el fraude. Se excusaron diciendo: “no podemos causar derramamiento de sangre.” Y después ha habido una mortandad mientras mantienen al pueblo desmovilizado. 

6) En 2013 se descubrió que Maduro ocultaba su partida de nacimiento y el acta de defunción de Chávez, lo que hace presumir su ilegitimidad (por la nacionalidad y por los vicios de la sucesión presidencial). Y los que ahora le piden su voto, dijeron que eso era irrelevante, absteniéndose de demandar la exhibición de ambos documentos. Si es irrelevante tampoco los exigirán si ganan. 

7) En 2014 tres disidentes (López, Ledezma y Machado) exclamaron: “la salida está en la calle.” Y los jóvenes se echaron a la calle, exponiendo su vida y su libertad. Es el sacrificio que siempre ha dado la juventud por la patria desde 1814. Fueron traicionados por los mismos políticos que le están pidiendo que vuelvan a votar por ellos. 

8 ) Ahora en 2015 repiten: “triunfo seguro, porque las encuestas muestran que llevamos una ventaja de 25% por lo menos”. Y le prometen a usted que todo cambiará el 6 de diciembre por arte de magia. Será otra Venezuela. Pero como la mentira tiene piernas cortas, el líder máximo del partido más colaboracionista cometió esta indiscreción ante la prensa: “una nueva mayoría en el Parlamento no implicará la salida inmediata de Maduro, pero sí conducirá a la estabilización del país.” Traducido al lenguaje llano: si ganan las elecciones no exigirán la salida de Maduro, quien seguirá en la presidencia con la ayuda de los diputados que usted elegirá, los cuales colaborarán con él para estabilizar el país y al gobierno títere de Cuba. (No lo digo yo; soy el primer sorprendido de esta indiscreción: usted votará para que saquen a Maduro y ellos, en lugar de hacerlo, van a colaborar con él para que llegue al final de su mandato ilegítimo. ¿No lo cree? Búsquelo en Internet). 

Con los antecedentes penales por estafa política que ya tienen estos señores y su confeso propósito de reincidencia (no van a sacar a Maduro sino a colaborar con él en estabilizar el país para que su gobierno no corra peligro de ser derrocado) nadie en su sano juicio les daría su voto porque pasaría por pendejo. Pero como usted está obsesionado en votar sin mirar a los lados, le recomiendo, para no pasar por pendejo, condicionar su voto. Exija un compromiso público y solemne, firmado por todos los candidatos a diputados que se dicen de oposición, de convocar al pueblo a permanecer en la calle hasta la renuncia de Maduro, tanto si se pierde (porque, si es tanta la ventaja en las encuestas, sólo se puede perder por un fraude masivo), como si se gana porque el resultado favorable debe interpretarse como un mandato imperativo: la orden de salir de Maduro. 

Sólo si los candidatos asumen este compromiso solemne y público déles su voto, que si lo pierde porque no cumplen la promesa, por lo menos no pasa usted por pendejo y ya ajustará cuentas con ellos. Pero si el candidato de su circuito no firma, no vote por él por colaboracionista. Ni un solo voto para un colaboracionista. No le quedará a usted el peso de conciencia de haber ayudado indirectamente a Maduro a seguir en la presidencia, porque se dejó engañar una vez más habiéndosele advertido. 

@petitdacosta 

La porfía idiota


En 2002 escribí y publiqué un libro titulado Dictadura o democracia: Venezuela en la encrucijada. Aunque algunos importantes dirigentes opositores asistieron a su presentación, como Julio Borges, Alejandro Armas, Simón Alberto Consalvi, Pompeyo Márquez, Américo Martín y más de un tecnócrata electoral que hoy asiste a la MUD y a Henrique Capriles en sus edénicos convencimientos, su mensaje, suficientemente aclarado con el mismo título, no fue tomado en cuenta y todos se conformaron con la dedicatoria y un vaso de champaña. No lo leyó nadie ni tuvo el menor efecto en la conciencia política del país. La dolorosa realidad es que nadie quería enterarse del crimen que se estaba cocinando en nuestra casa. Aún hoy, tras 17 años de dictadura, hay sabihondos de izquierda que dicen que ésta sólo es una democracia “incompleta”.
Dos años después, sentado en la Comisión Política de la Coordinadora Democrática, debí soportar la protesta y el sarcasmo de quienes me creían un trastornado político por afirmar que Chávez era un dictador y un tirano en potencia y que ya nos hundíamos en el sargazo de la dictadura. “¿Cómo se te ocurre afirmar que ésta es una dictadura, si aquí estamos discutiendo libremente?” – recuerdo haberle oído a más de un compañero de bancada. La inmensa mayoría de los miembros de esa Comisión Política provenían del MAS, última vertiente del PCV, o de los distintos matices de la izquierda, de Bandera Roja a Causa R. Golpista de nacimiento aquel y de importante figuración en los prolegómenos del golpe de Estado del 4F los otros. Frente a los cuales, los pocos miembros que pensáramos como yo éramos una ridícula minoría “de derechas”.
Esos predicamentos conciliadores, miopes y carentes de toda visión estratégica – por no hablar de secreta complicidad con el régimen – permitieron la alcahuetería generalizada ante lo que uno de sus próceres, Teodoro Petkoff, quien jamás aceptaría que las victorias de Chávez eran fraudulentas en el sentido clásico del término, reconocería luego de los hechos, ante la aplastante evidencia de sus irregularidades de todo orden, como “un fraude continuado”. Digamos: un ultraje realizado con vaselina y en cámara lenta.
Ante la propuesta del joven Cipriano Heredia de apersonarnos ante los miembros de la Sala Electoral del TSJ que constituían nuestra última defensa ante las burdas maniobras implementadas por Jorge Rodríguez para postergar el evento, cambiarlo de naturaleza y hacernos correr durante largos doce meses como el burro detrás de la zanahoria del RR mientras los cubanos montaban las Misiones y otros sortilegios para cambiar la matriz negativa al caudillo, – misiones, firmas planas y papel sellado, entre otras insólitas maquinaciones ad hoc – para declararles nuestro respaldo y solidaridad, nadie dio su aprobación. Tampoco se hizo ningún comentario cuando esos magistrados salieron a patadas del TSJ.
Cuando esa madrugada sucedió lo que inevitablemente sucedería – un brutal fraude que trastocó un 60/40 a nuestro favor en un 60/40 a favor de Chávez, después de haber obtenido cientos de miles de votos por sobre el único voto que era necesario para sacar a Chávez del poder, como lo estipulaba la Constitución, ninguno de los “líderes” de la Coordinadora – de Enrique Mendoza a Julio Borges y Henry Ramos – aceptó denunciar el fraude, ni siquiera “el continuado”, ante la prensa internacional que esperaba ansiosa – ya amanecía mientras la ciudadanía era degollada – por la opinión de esta sedicente oposición. El ominoso pretexto de quienes fueran los máximos responsables de la contienda y su jefe y principal vocero, el por entonces gobernador de Miranda Enrique Mendoza: “faltaban las pruebas”. Y aunque suene asombroso: no las tenían.
Fue la primera violación en toda la línea, la brutal pérdida de la virginidad electoral de la frágil democracia venezolana, el primer ultraje en forma de una ciudadanía que llevaba cuarenta y seis años entregada al respeto y la pasión electorales. Al extremo de permitir que, respetando las elecciones, las últimas limpias, transparentes, verdaderamente respetuosas de la voluntad ciudadana, las del 6 de diciembre de 1998, el futuro verdugo de la democracia y el burlador electoral de la comarca, recibiera el Poder de manos de quien le perdonara cumplir la pesada pena por la felonía cometida. A pesar de tener las manos manchadas de sangre inocente lo soltó sin una miserable condena. Sin siquiera molestarse ante su desfachatez de calificarla de Moribunda, como se lo ordenara Fidel Castro. En las primeras filas del hemiciclo asistían al ultraje en grave y circunspecto silencio los hoy grandes próceres de la oposición, entonces altos dignatarios de ese silencioso, alcahuete y obsecuente parlamento.
Recuerdo la airada respuesta de un compañero de la Coordinadora ante mi pregunta por el qué hacer si nos trampeaban el RR. “Pues vamos a las próximas elecciones”, me respondió como si aceptar un fraude descomunal o una derrota estratégica fueran la cosa más natural del mundo. Como resonaría una década después en voz de uno de los próceres adecos: voto o balas. Y en eso nos la hemos pasado: de elección en elección. Según expertos de la Universidad Carlos III, de Madrid, desde entonces todas irregulares, todas comprobadamente fraudulentas. Y en el colmo de los colmos, el régimen expulsa hoy de su territorio fronterizo a quienes trajo irregular, fraudulenta, inconstitucionalmente a Venezuela, ceduló y nacionalizó por cientos de miles para abultar el REP y darles alguna credibilidad a las manipulaciones cibernéticas originadas en La Habana. Lo hace porque hasta esas mesnadas electoreras han visto el producto de su complicidad con la dictadura de Hugo Chávez, el padre de la monstruosa criatura: también ellos sufren hambre, desatención, asedios, colas, crímenes sin nombre ni medida.
Anoche recibimos el último escupitajo de esta justicia de la inmundicia, propia de una satrapía que perdió toda vergüenza y todo recato ante una oposición absolutamente acobardada, cataléptica y prisionera de su idiota tenacidad electorera: 13 años a un inocente, mientras los asesinos de 45 estudiantes siguen gozando de su libertad plena para seguir cometiendo sus fechorías. Si los actuales dirigentes de la oposición siguen poniendo la otra mejilla electorera a los crímenes impunes del régimen, los venezolanos de bien que sienten el dolor de Patria que a aquellos parece despreocuparles, debieran terminar por coger la otra vía: la de los hechos. Levantar un Frente de Salvación Nacional y darles a conocer al país y al mundo que Maduro debe renunciar, que su régimen putrefacto debe ser extirpado y que una Junta Patriótica debe asumir la responsabilidad por la salvación y la reconstrucción de la Patria.
No hay otro camino.




Venezuela: ¡Culpable! Por Luis Manuel Aguana





Resultado de imagen de Luis Manuel AguanaTal vez todos los venezolanos hayamos albergado en lo más íntimo la esperanza de un veredicto favorable a Leopoldo López. Quizá por aquello del análisis según el cual al régimen “no le convenía” tener a ese preso mas tiempo. Sin embargo fue una vana ilusión. El régimen actuó de nuevo en forma predecible.



Pero hagan un poco de memoria. ¿Quién iba a ser el culpable de los crímenes de Puente Llaguno el 11 de Abril de 2002? Todos los venezolanos vimos por televisión en vivo y en directo los disparos que hacían las bandas armadas del régimen hacia una multitud indefensa. ¿Y quienes terminaron resultando los culpables? Los jefes de la policía que precisamente la protegían, los Comisarios Vivas y Simonovis, así como el resto de los policías metropolitanos que los acompañaron. El régimen ya tenía sus culpables del lado opositor para una masacre provocada por su gente. Jamás habría posibilidad alguna de un juicio justo para ellos porque ya habían sido condenados.



Lo mismo sucedió con Leopoldo López. ¿Quién iba a ser el culpable de las muertes provocadas por el régimen durante las protestas que siguieron al Día de la Juventud de  2014? Los 43 muertos no tienen a otro responsable que el mismo régimen porque todos lo vimos igual que el 2002. Pero el régimen encontró al culpable perfecto, el discurso “incendiario” de Leopoldo que hizo que la gente saliera a la calle a protestar, y al ser masacrados de la misma manera que el 2002 por gente del gobierno, uniformada o no, esto lo convirtió en el “culpable” de esa tragedia.



“No tiene la culpa la estaca si el sapo salta y se mata” dice el refrán popular aplicado por el régimen. De acuerdo a esta lógica perversa los regímenes autoritarios “no son culpables” que las poblaciones protesten por sus desmanes y arbitrariedades sino quienes las iniciaron, y el régimen y sus seguidores, en consecuencia, tendrán licencia para matar a los ciudadanos durante las manifestaciones que realicen, sin ninguna responsabilidad.



Con esta “lógica” asesina se ha movido el régimen chavista-madurista en los juicios que han iniciado a todos los presos políticos. Entonces Leopoldo ya era culpable antes del juicio, por lo que era inútil esperar otra sentencia que la injusticia que presenciamos los venezolanos el jueves 10 de septiembre de 2015.



Entonces no hay nada nuevo bajo el sol y eso era lo esperable, como la sentencia del régimen. Y esto no es más nada que el mundo al revés. Me da la impresión que todos estamos al revés. La población en su conjunto no acaba de asimilar las implicaciones de lo que nos está sucediendo. Hablan de la boca para afuera de que estamos en una dictadura y todo el país se detiene a esperar una sentencia a Leopoldo distinta a la que dio la dictadura. Venezuela entera expresa que hay una dictadura, y se terminan cifrando las esperanzas de salir de ella el 6 de Diciembre. ¿No les parece esto una vaina de locos? ¿O seré yo el loco?



Venezuela no tiene un comportamiento acorde con lo que está pasando. Es verdad que lo ha tenido por períodos, como en el 2014. Pero ha venido en oleadas, de acuerdo a los distintos momentos que se han vivido en el país, y muy en especial de la mano de los estudiantes. Muchos dicen que por menos de lo que sucede ahora en el país, con las vejaciones en las colas, la hiperinflación y el desabastecimiento vino el Caracazo de 1989, que por cierto capitalizó muy bien Hugo Chávez, el golpista en 1992.



Entonces cabe bien hacerle a la oposición oficial la siguiente pregunta: ¿consideran ellos que estamos o no estamos en una dictadura? Pareciera que no hay claridad sobre el particular cuando indican que es una dictadura pero podrán salir de ella el 6D. No puedes decir que hay una dictadura y por el otro decir que saldrás de ella con unas elecciones. Eso es una contradicción.



El día anterior a su arresto escribía que si Leopoldo se entregaba a esta dictadura, (ver Entrega o Resistencia http://ticsddhh.blogspot.com/2014/02/entrega-o-resistencia.html)  él y su familia no debían esperar menos que los vejámenes a los que el régimen sometió  a Simonovis y a los suyos desde el año 2002, siendo preferible asumir una actuación en resistencia. Lamento haber tenido la razón.



Entonces, hasta que no tengamos -líderes y ciudadanos- el comportamiento de un país en dictadura (ya las hemos vivido con lo cual deberíamos saberlo: ver Rebelión Civil en http://ticsddhh.blogspot.com/2013/11/rebelion-civil.html) y seamos consecuentes con las acciones que se desprenden de tal condición, será imposible coordinar las tareas  tendientes a resolver el problema. Siempre habrá grupos que actúen solos de acuerdo con esa caracterización y otros que no los seguirán porque les dirán “radicales”, desperdiciando una energía vital que todos necesitamos en el conjunto, en un inútil ir y venir de protesta dividida.



En este sentido, todos estamos condenados a esperar el 6D a ver qué pasa, porque existe el convencimiento generalizado que proviene de la oposición oficial mantenida por la dictadura, de que “esta vez sí” saldremos de esto. Pero como en otras oportunidades, no saldremos. Y no saldremos no solo porque no creo que los dictadores vayan a elecciones que no van a ganar, sino porque toda la sociedad en su conjunto tiene la profunda esperanza de un veredicto favorable a la democracia, pero proveniente de las urnas electorales podridas de un régimen tramposo; de la misma manera como tenía la íntima esperanza del veredicto favorable a Leopoldo proveniente de un sistema judicial profundamente corrompido a favor de una dictadura real.



Espero que el 7D, cuando todos estemos en la profunda depresión colectiva producto de un nuevo zarpazo del régimen, y preguntándonos en donde estarán aquellos que prometieron que iban a cambiar las cosas, reflexionemos en cómo se debe actuar seriamente en una dictadura. Y cuando lo hagamos, y todos actuemos verdaderamente en consecuencia a ese hecho, el régimen en su lógica perversa nos sentenciará a todos como culpables, como lo acaba de hacer con Leopoldo López, por gritar ¡abajo la tiranía! y convocando al pueblo a las calles. Pero si ese momento llega, y toda Venezuela sea sentenciada ¡culpable!, ese solo hecho le quitará las esposas a Leopoldo y al resto de los presos políticos, como él mismo premonitoriamente lo dijo, de las manos de un pueblo libre.



Caracas, 12 de Septiembre de 2015





Twitter:@laguana

domingo, 8 de marzo de 2015

La ABSTENCIÓN de los “NO ABSTENCIONISTAS”


La ABSTENCIÓN de los “NO ABSTENCIONISTAS” 


Un amigo, inteligente y sencillo por demás, me comenta recientemente: la verdadera pregunta para todos aquellos que hablan mal de los abstencionistas, radica en el verdadero fondo de la palabra. Seguido lanza la pregunta: ¿será que no se han percatado los promotores del votar por votar, que en esencia ellos son los principales abstencionistas? 


Cuando se analiza en profundidad lo sucedido desde el 2004 a la fecha, tenemos que concluir que los más peligrosos abstencionistas son los supuestamente “no abstencionistas”. 


El pueblo llano no votó en el año 2005. No necesitaba ser “muy preparado” como para entender que el CNE torció la voluntad popular en el referéndum del 2004. Y en agosto 2005 se practicó la “abstención de votar”, y vaya que fue contundente: 85% de la población electoral no votó. 


Claro, abstenerse sin una acción clara para el día siguiente, es un error político. Previa a la gran acción del 2005, fue la masiva acción de calle del 11 de abril del 2002: una inmensa marea de caraqueños logró la renuncia del personaje que ya se fue. Pero el 12 de abril, esa inmensa movilización humana se quedó en sus casas, producto de algo muy válido: el miedo. En ambos casos, la falta de una acción pacífica pero contundente para los días siguientes, marcó la pérdida de un gran “momentum” político en ambas reacciones populares. 


Ahora bien, veamos 8 acciones “abstencionistas” de los promotores del “votar a ciegas y sin presencia en las calles”: 


1. Pudiendo evitar desde el mismo 2005 el uso de las captahuellas, no solo las aceptaron, sino que se convirtieron en los principales defensores del sistema electrónico. Es decir, se abstuvieron de defender la simplicidad que debe caracterizar a un sistema electoral, elemento fundamental para que el pueblo será el verdadero actor protagónico de una elección; 

2. Sabiendo que no se ha practicado una AUDITORÍA del Registro Electoral, que sea profesional e independiente, y basada en las mejores prácticas, nos dicen en cada elección que el RE está bueno. Es decir, se abstienen de auditar de verdad; 

3. Sabiendo que el Sistema de Huellas (registro incluido) no funciona, en el verdadero sentido de la palabra, se dan el lujo de firmar un acta con el CNE, en la que manifiestan no tener objeciones, con todo y el 8% de personas “sin huella”. Es decir, se abstienen de denunciar el viciado sistema de identificación del elector; 

4. Sabiendo que, por diseño del CNE, es imposible lograr la defensa del voto en el 40% de las mesas, te dicen que no dudes en votar, porque ellos garantizan testigos en todas las mesas. Es decir, se abstienen de luchar por la eliminación de los centros indefendibles; 

5. Cuando se les demostró que la unión de la captahuella a la máquina de votación es el paso más certero que ha dado el CNE para poder conocer por quién vota la gente, salieron al paso, diciendo que un “algoritmo tipo sorteo de bolitas” desordenaría la secuencia de huellas y votos en la memoria de la máquina, cuando es sabido por ellos que, para empezar, no hay garantía de que la máquina que llega a una mesa no haya sido intervenida uno o dos días antes de la elección. Es decir, se abstienen de defender el secreto del voto; 

6. Cuando sabían perfectamente que el candidato del 7 de octubre estaba condenado a irse, y que ese era el momento más oportuno para ponerse duros con el CNE y exigir la eliminación de la captahuella, la auditoría del RE y la eliminación de los centros hechos a la medida del Régimen, so pena de no ir a votar, a sabiendas que en unos meses tendrían que volver a convocar elecciones, entonces llaman a votar y a reconocer que el susodicho ganó limpiamente, con lo cual, debes concluir que se abstienen de presionar al CNE para exigir condiciones mínimas para votar; 

7. Cuando el pueblo se arrecha el 14 de abril, y el candidato se les une llamando a la calle, y dos días después, estos líderes llaman a que la gente se quede en las casas a escuchar “mentira fresca”, entonces puedes concluir que se abstuvieron de defender la voluntad popular; 

8. Cuando ellos saben que el 14 de abril, de acuerdo a este sistema electoral, el sr. De Miraflores ganó en el 71% de los municipios, y ellos te lo ocultan, para que vayas nuevamente y en forma obediente a votar, sin importarles que en la noche del mismo 8D te encuentres con que el CNE diga que el “proceso” triunfó en más del 70% de los municipios, y que por tanto, una vez más el mapa venezolano es rojo rojito, entonces debes concluir, que se abstienen de ser políticamente transparentes. 


En resumen, hemos tenido dos formas de abstención. La que se practicó puntualmente en el año 2005, y la que la élite de los “no abstencionistas” ha practicado en los últimos 8 años. Y esta última, encierra un problema ético mucho más profundo que la del llamado, poco coherente, de no votar que hicieran los ciudadanos de a pie en el 2005, porque en esencia ha contribuido a legitimar una y otra vez los poderes públicos, incluido el que se reúne en Miraflores. 


Ahora bien, el momento político de hoy es muy distinto al del 7O y al del 14A. 


Hoy, ese pueblo que confió en que se lucharía por hacer respetar la voluntad expresada el 14A, deambula de un lado para otro para conseguir comida y artículos de limpieza, y también, líderes de verdad. 


Hoy, el pueblo no habla de elecciones sino de la escasez, el alto costo de la vida, la inseguridad, y del temor a una explosión social. 


Y mientras esto ocurre, el Régimen juega a la política del “miedo”, y la élite de los “no abstencionistas”, a lavarle la cara el CNE, y por ende, a la estafa histórica llamada 5ta República. 

Es comprensible que los electores de los municipios (30% de los 335) donde siempre gana la oposición, vayan a votar. Pero el verdadero norte es poner sobre la mesa lo políticamente correcto, y ello pasa, por crear espacios novedosos que canalicen las verdaderas inquietudes de la gente, que entiende que las elecciones, por ahora, pasaron a ser un tablero que no resolverá las grandes tensiones por venir. 


@igaztelu 
www.gainzaedmat.blogspot.com




domingo, 1 de marzo de 2015

El silencio de los inocentes por Antonio Sánchez García


El silencio de los inocentes

27 Febrero, 2015
1. 
Hubo una época en que Venezuela estaba sola frente a la opinión pública mundial ante el embate dictatorial del chavismo bolivariano. Brutal, descarado, devastador, pero hábil en la manipulación y el engaño. Una dictadura tan repudiable y desde mi particular perspectiva infinitamente peor que las peores dictaduras vividas en el último siglo en América Latina. Incluso peor que la de Fidel Castro, que hoy la esquilma y administra, y la de Augusto Pinochet, en el otro extremo, por razones más que evidentes. Pero inescrupulosa y dispuesta a comprarse a Dios y al Diablo con la insólita fortuna que le cayera en sus manos. Y la patente de corso que le vendiera por miles y miles de millones de dólares anuales la respetable tiranía cubana. En una época en como nunca antes, el dinero ha sido el gran árbitro de todos los conflictos.
Peor que la de Castro, porque careció desde siempre de ideología, de anhelos, de esperanzas, de utopía. Fue, desde lo más profundo del amasijo de resentimientos, rencores y frustraciones de su inspirador, una excrecencia caudillesca sin otros propósitos que saquear la república, envilecer a sus ciudadanos, amparar el mayor saqueo visto en la historia bicentenaria de la república y devastar a nuestra sociedad como arrastrada por un impulso de barbarie sólo comparable al de la Guerra a muerte de Boves y Antoñanzas. Por cierto: como todas las dictaduras que en Venezuela han sido. Sin una sola expresión política, cultural o artística, como las que produjese en su momento auroral la revolución cubana. Una pobre e infeliz sacudida telúrica tan brutal e inconsciente como un terremoto o un deslave. Un pobre y miserable levantamiento cuartelero sin otro propósito que alebrestar a los sectores marginales y darles justificación a las ansias de saqueo y motín de la soldadesca venezolana y su carne de cañón.
Peor que la de Pinochet en sus peores rasgos represivos e incomparable en sus efectos socioeconómicos. La crueldad que exhibiera la dictadura de Pinochet fue estrictamente política, bélica, necesaria a un proyecto de dominación tras un propósito estratégico: derrotar de manera incontestable a las fuerzas marxistas que amenazaban con destruir la institucionalidad republicana chilena tras un proyecto marxista leninista y proceder luego, o en paralelo, a la recomposición del Estado y la reconstrucción de la República. Así suene cínico y maquiavélico: un mal necesario. Practicado con sistematicidad y una rigurosa racionalidad estratégica.
No hablemos de sus efectos socioeconómicos: que la represión dictatorial pinochetista estaba al servicio de un proyecto de reconstrucción nacional y no era, como la chavista, mera expresión de la liberación de las apetencias de barbarie de una sociedad hamponil, marginal y desquiciada, lo demuestran los hechos: tras 16 años de dictadura pinochetista Chile era un país reestructurado, su Estado un poderoso instrumento de organización social, su economía, una soberbia empresa de enriquecimiento social. Perfectamente preparado para transitar hacia una democracia moderna y una economía primermundista. Chile es lo que ha llegado a ser después de veinte años de concertación nacional gracias a los 17 años de dictadura pinochetista. ¿Alguna semejanza?
2. Nada de los tétricos sucesos vividos en estos 16 años nos ha caído del cielo y nos ha sorprendido ignorantes de lo que estaba ocurriendo en el subsuelo de nuestra sociedad desde que el 4 de febrero de 1992, la Venezuela de la barbarie pariera al sujeto de sus resentimientos y sus venganzas. Y el 6 de diciembre de 1998, en un rasgo de soberbia irresponsabilidad e inconsciencia colectivas le abriera en gloria y majestad los portones del Poder, postrándose a sus pies para permitir la tragedia. Estuvimos perfectamente conscientes que detrás del demagogo inescrupuloso no se encontraba un Lenin, ni siquiera un Fidel Castro o un Salvador Allende. Muchísimo menos un Bolívar, como él y su pandilla de asaltantes uniformados, incluso de toga y birrete, quisieron hacérnoslo creer, convenciendo de ello a la indigente conciencia nacional.
Hacer conciencia que detrás de Chávez se encontraban los peores rasgos de nuestra barbarie y que su barata epopeya perseguía destruir lo mejor de nuestra bicentenaria tradición, particularmente la democracia y la paz puestas en pie gracias a la generación del 28 en ese inolvidable 23 de enero de 1958, ha sido uno de los más difíciles, dolorosos y frustrados empeños intelectuales al que hayamos tenido la desgracia de asistir. Sólo comparable a la libresca experiencia de procesos semejantes en otras latitudes, como el ascenso en gloria y majestad del nazismo en Alemania.
Se cuentan con los dedos de una mano aquellas conciencias que alertaran del grave mal que se nos venía encima. Fueron millones, en cambio, las que aplaudieron el asalto de la barbarie. Y muchos de aquellos que, generosos en la defensa de lo que nos iba restando de democracia, se sumaron a la lucha de la oposición parlamentarista que a duras penas podía alzar su voz, se negaban a reconocer las tendencias totalitarias y la devastación que anunciaba el demagogo. La revolución ha sido para ellos una santa palabra al servicio de la cual se pueden cometer las peores felonías. Pues una explícita o implícita, consciente o inconsciente simpatía y solidaridad con las expresiones populacheras del llamado socialismo del Siglo XXI con que la barbarie enmascaraba sus pulsiones, les impedía asumir y enfrentar la verdad de la mentira. La capitulación de la clase política e intelectual venezolanas – de izquierda, de centro o de derecha, socialdemócrata o socialcristiana, secular o eclesial – ante el castrocomunismo de la revolución bolivariana, ha sido una de las causales más ominosas de la tragedia de nuestra democracia.
Y lo más grave: aún pende como obstáculo objetivo al proceso de nuestra liberación, pues por razones que escapan a la racionalidad política se niega a comprender y metabolizar lo que ya el mundo ha comprendido y ante lo cual no duda en expresar su repulsa: ésta de Nicolás Maduro, sátrapa de los Castro, es una de las peores dictaduras vividas en América Latina. Callarlo y negarse a enfrentarla es el peor delito que perpetra nuestra clase política: el silencio de los inocentes. Y el de sus padrinos, los gobiernos de la región.
3. Y he allí la insólita contradicción: por primera vez se resuelve el grave problema que enfrentáramos en el pasado, cuando en la Coordinadora Democrática nos sentíamos desvalidos y castigados por la incomprensión de la opinión pública mundial, que se negaba a reconocer la naturaleza dictatorial del chavismo y el carácter autocrático del dictador. Cebándose en la crítica a la llamada Cuarta República, culpada por todos los males. Una catarata de elecciones, fraudulentas en esencia todas ellas, celebradas en las condiciones menos transparentes y equitativas imaginables, sin el más mínimo control y la menor incidencia de la oposición en sus entrañas automatizadas, concurrían a darle legitimidad a un régimen que todos nosotros – sin excepción ninguna – sabíamos ilegítimo y fraudulento. Pero cual más cual menos cargando con su rabo de paja. Y cuando digo todos nosotros, me refiero a las dirigencias de Acción Democrática, de Copei, de Primero Justicia, del MAS, de un Nuevo Tiempo, de la Causa R, de Proyecto Venezuela, de ABP, de Bandera Roja, del teodorismo. Dada la genérica complicidad en el ataque a la democracia de Punto Fijo, guardamos silencio ante las injustas criticas justificatorias del asalto a la razón. Dada nuestra patética incapacidad para demostrar el fraude originario, el del 15 de agosto de 2004, recurrimos a la hipérbole del “fraude continuado” para relativizar el crimen y limpiarnos las culpas. Un invento justificatorio de Teodoro Petkoff. Perfectamente conscientes de que si la Constitución hubiera sido respetada y las Fuerzas Armadas dirigidas por Raúl Baduel hubieran cumplido con sus obligaciones constitucionales, esta tragedia se acababa cuando ella lo pautara, no cuando a Fidel Castro y a Hugo Chávez se les antojó y nos lo impusieran. En el mayor silencio, el mayor recato y la mayor complicidad imaginable de quienes, en el fondo, justificaban el arrebato.
Pero ninguno de aquellos que hoy callan ante los embates dictatoriales de la satrapía aprestándose sumisos a obedecer los dictámenes del dictador – adelantar las elecciones y, con ello, sofrenar la indignación popular y ganar un segundo aire para ver si la satrapía resiste hasta el 2019 -, los mismos que ayer fueran incapaces de rebelarse ante “el fraude continuado” o, como en el caso de las últimas presidenciales, imponer la exigencia de una revisión exhaustiva de los verdaderos resultados, puede argüir en su favor el silencio cómplice de la opinión pública mundial.
Hoy el silencio es de la opinión pública nacional, que si no fuera por la red ni siquiera sabría de la catastrófica baja de los precios del crudo, el encarcelamiento de Ledezma, el asesinato del niño Roa, el cambalache de petróleo por papel confort, la entrega de Leamsy Salazar a la DEA, las acusaciones de narcotráfico a Diosdado Cabello, Tarek El Aissami y los generales del Cartel de los Soles, las milmillonarias cuentas en dólares de Alejandro Andrade, el vil asesinato de seis muchachos en los últimos días de protestas, los sufrimientos de chavistas y antichavistas por hacerse de pañales, leche, pollo o harina pan, la brutal y desatada inflación y el desabastecimiento que acogota a 28 millones de venezolanos.
La opinión pública internacional, en cambio, tiene a la dictadura venezolana y a la grave crisis de todo orden que la acongoja en sus portadas, sus editoriales, sus artículos de opinión. DelNew York Times a Le Monde y de Clarín y La Nación de Buenos Aires a El Mercurio y La Tercera de Chile, El MundoABC y El País, de España y así, todos los principales periódicos del mundo, explican y debaten las razones del encarcelamiento de Ledezma, el asesinato del niño Roa y la brutalidad dictatorial de Nicolás Maduro. Sin contar con el Club de Madrid y todos los ex presidentes de nuestra región, solidarios con nuestro Alcalde Metropolitano, con Leopoldo López y con todos nuestros presos políticos.
No podemos quejarnos. Salvo del grave, anonadante, incomprensible e inhumano silencio de los inocentes: el de todos los gobiernos de América Latina, cómplices silentes de un crimen de lesa humanidad del que están perfectamente conscientes. Y de uno aún peor: el de los partidos del establecimiento venezolano, nuestros propios partidos que, por no revolver las aguas y entorpecer otra elección más, contribuyen a ese silencio mayor, el de los gobiernos que dirigen fuera de Venezuela sus compañeros de partido. La izquierda socialista de toda clase y condición que gobierna en Chile, en Brasil, en Argentina, en Uruguay, en Ecuador, en Bolivia, en México como en todos los restantes países que viven de mangonear a Pdvsa. La Internacional Socialista y la Internacional Demócrata Cristiana.
¡Qué silencio más estruendoso! ¡Qué sórdida complicidad! Como para no olvidarlo.

jueves, 23 de octubre de 2014

Del abstencionismo y otras iniquidades por Antonio Sanchez García

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No hay que preguntarse si hay q votar con este CNE, hay que recordar que por no votar es que tenemos este CNE. @chuotorrealba, 20 de octubre de 2014 


1. Creo que fue a un “justiciero” al que se le ocurrió la genialidad de culpar a los abstencionistas del 2005 – es decir: a un 83% de la ciudadanía venezolana – por la existencia de Tibisay Lucena, sus cuatro compinches y el antro de putrefacción electoral en que el chavismo – siguiendo una estrategia neo fascista y dictatorial nada azarosa y circunstancial, sino fríamente planificada desde los calderos del Foro de Sao Paulo baja la batuta de Fidel Castro y Lula da Silva – había convertido un ente independiente y autónomo como el Consejo Nacional Electoral en el Ministerio Popular para las Elecciones Nacionales, CNE. Un centro clave para permitir el cumplimiento de la estrategia neofascista puesta en práctica desde el 6 de diciembre de 1998: asaltar todas las instituciones del Estado de Derecho, someterlas al arbitrio del poder ejecutivo y montar un régimen autocrático y dictatorial. Protegido, travestido y legitimado por elecciones sistemáticas y permanentes. Como afirmara Goebbels: “vamos a ir al Parlamento para transformarlo desde dentro” y Hitler “la revolución moderna se hace con, no contra el Estado”. ¿Culpable por el cumplimiento de esa estrategia un 83% de inocentes electores? Éste CNE es culpa de quienes no han ido a votar? ¡Por Dios! Alguien ha tenido la estulta ocurrencia de tomar el rábano por las hojas.

Absolutamente inconscientes de esta metódica aviesa y gangrenosa, algunos muchachos de PJ, ignaros de lo que arriba se cuenta, no encontraron mejor forma de justificar la obsecuencia con que la oposición ha aceptado la conversión de ese organismo en un ministerio paraestatal, culpando, repito, a ese 83% de votantes que sin que nadie se lo impusiera decidió darle la espalda a la comedia de enredos en que nos estábamos involucrando, absolutamente indignado contra el fraude del 15 de Agosto, cuando se desconociera la victoria del revocatorio propulsado por la Coordinadora Democrática, decidió no participar de la comedia de las elecciones parlamentarias del 2005. Los que formábamos parte de la dirección de CD no podemos hacernos los desentendidos. Así convenga a nuestras ambiciones políticas.

En un lapsus indigno de un líder de su estatura, Henrique Capriles compraría el vil argumento, pero ya envenenado por quienes consideran que ni ésta es una dictadura ni es cierto que vivimos en la peor Venezuela posible. Para esos sectores, culpable ya no fue el pueblo venezolano que – en masa y motu proprio – se negó a votar, sino un grupúsculo de conspiradores, una pandilla de intrigantes, una partida de malvados que le habían inoculado a esos millones y millones de venezolanos de manera conspirativa, aviesa y traicionera el veneno intravenoso del “abstencionismo”. Culpables por haberse negado a llevar al Congreso a unos señores que ni ellos habían seleccionado ni parecían muy decididos a defender la democracia con sus armas en la mano – digo: las de la Constitución y las leyes – y de los cuales tenían la colosal certeza de que no cambiarían un ápice en la vocación depredadora, totalitaria, autocrática, dictatorial y asalta caminos de Hugo Chávez Frías, del chavismo como movimiento sociopolítico y del castrismo que movía los hilos y esperada por fin hacerse de la gran tajada, no fueron los ejecutores de esa gigantesca expresión de rebeldía popular, sino “los desconocidos de siempre”: la ultraderecha, los provocadores, el extremismo de lado y lado.

Sin contar a los columnistas, unos mafiosos que le hacen el juego al enemigo. Y no había que ser genio, brujo ni adivino: ¿aseguraría Ud. que después de haber participado posteriormente en todas nuestras elecciones los cubanos obtuvieron o no obtuvieron su cometido? ¿Avanzó más o avanzó menos la dictadura?




2. De nada ha servido que haya sido el propio Henrique Capriles el que acusara al CNE, a Tibisay Lucena y a los cuatro otros rectores de haberle robado la victoria electoral del 14 de abril. Vicente Díaz arrastrando su culpa como un penitente. Ni de que 3 de esos rectores, Tibisay Lucena a la cabeza de ellos, hayan cumplido sus períodos y deban ser removidos de sus cargos. El vil argumento de culpar “a los abstencionistas” por el estado de cosas al que hemos llegado y usarlos de coartada para no enfrentar el grave problema que significa no intervenir sobre un ente decidida y declaradamente sesgado a favor del régimen, ni hacer valer la fuerza de siete millones y medios de ciudadanos venezolanos para ser representados digna y decorosamente por rectores de comprobada valía, sigue siendo manipulado a destajo por un sector de la oposición en una prueba de miseria intelectual y colusión directa o indirecta con dicho ente de manera verdaderamente insólita.



Dos pruebas bastarían para poner las cosas en su sitio, dejar a los abstencionistas tranquilos – que todo el derecho les asiste para mantener sus posiciones y votar o no votar según les venga en ganas – y terminar por acceder a la verdad verdadera. Que tampoco es tan compleja e inextricable. Primero: la denuncia de Henrique Capriles es la prueba más irrebatible e irrevocable de que este CNE permite el robo de las elecciones, se niega a realizar las auditorías a las que está obligado constitucionalmente, hace sus escrutinios finales sin presencia de testigos opositores, y tuerce y malversa la voluntad de la ciudadanía al antojo del poder ejecutivo. Razones más que suficientes para exigir la inmediata remoción de sus autoridades y la conformación de un CNE que satisfaga a tirios y troyanos. Así Capriles, el denunciante de entonces, tenga las patas de su memoria demasiado cortas.

Si es que esta crisis de excepción – que al parecer los ocurrentes de PJ, AD y adláteres ni siquiera comprenden – permite un mínimo entendimiento entre las dos partes protagónicas de esta grave y letal conflicto. Entendimiento al que sin duda, como lo pide la Iglesia – nuestra más respetada y legitimada institución – todos debemos aportar con nuestro granito de arena.

Si se pudiera. El segundo, de obvio, avergüenza: esta vez nadie se abstuvo. No por imposición de partidos, organizaciones ni personalidades, sino por convencimiento ciudadano. Tenemos a los parlamentarios que los partidos, por su cuenta y riesgo, nos propusieron y, si bien un tercio menos de ellos por la aviesa, la inmoral y descarada aberración impuesta por el régimen: un 52% en Venezuela no es mayoría. Es sólo un 33%. La matemática de los ángeles, de la que espero que los ocurrentes de la oposición electorera no culpen a los abstencionistas. Y a pesar de ello no se cumplirá con el pronóstico en reversa de los ocurrentes de siempre: esta vez, el 8 de diciembre de 2013, tendremos el CNE que el régimen determine, no el que esta asamblea debiera nombrar siguiendo la Constitución y la ley. ¿Entonces? ¿Y no era que si no nos absteníamos el 2005 tendríamos en este 2013 los rectores que hubiéramos querido?

No quisiera calificarlo de ex abrupto. Pero abusar de la ilógica y la irracionalidad contribuye a la locura. O lo que es menos grave, pero igualmente ominoso: a la estupidez.




3. La única moraleja que saco de todo este asunto es que enfrascarnos en culpabilizar a destajo para evadir el enfrentamiento inevitable con un régimen que ha llegado hasta donde llegó más por culpa de nuestra complicidad, inopia y catatonia políticas que por genialidad propia de los Chávez, los Diosdado y los Maduro no conduce a ninguna parte. Sino a la frustración, a la confusión y al enredo. Y lo que es infinitamente peor: a la parálisis.



Para traer a colación una sola experiencia semejante, así guardemos las debidas distancias, recuerdo las palabras del alemán Sebastian Haffner, el gran analista de Hitler y el nazismo, quien afirma – sin que hasta ahora ninguno de los grandes expertos en la materia lo haya desmentido - que culpable por la entronización de ese sórdido y espantoso período de la historia humana no fueron tanto los nazis, el NSDAP y Hitler mismo, sino la insólita cobardía y pusilanimidad de la derecha liberal y el centro cristiano, la socialdemocracia y los comunistas alemanes. Que eran absolutamente mayoritarios en enero de 1933, cuando Hindenburg le entregó el reino al cabo austríaco.

El ascenso de Hitler al poder hubiera sido perfectamente evitable si en lugar de enzarzarse los demócratas alemanes en una feroz diatriba interna y luchas de muy menor cuantía, hubieran comprendido la envergadura planetaria del mal que se había incubado en las entrañas del pueblo alemán y le hubieran hecho frente con coraje y determinación.

Culpar a los abstencionistas y al abstencionismo electoral por la inmundicia imperante hoy por hoy en Venezuela es, por decirlo de una buena vez y con todas sus letras, una infamia. Una falacia, cuando desconoce la hondura del mal que sufrimos y sus determinaciones teórico políticas. Una cobardía, cuando busca justificación a su propia mediocridad y carencia de grandeza.



Hay que votar. Por supuesto que hay que votar. Siempre y cuando sin dejarse naricear por la dictadura ni para servir de legitimación a un régimen oprobioso que debe ser combatido sin tregua ni descanso. Hay que votar. Por supuesto que hay que votar. Pero comprometidos a hacer cumplir la voluntad ciudadana sin cobardía ni justificaciones deleznables. Hay que votar, por supuesto que hay que votar. Pero quien crea que quienes llegaron al extremo de pervertir a nuestras fuerzas armadas, corromper a nuestros jueces, envilecer a nuestras instituciones, hundir en el crimen y la inmoralidad a millones de venezolanos y traicionar a la Patria entregándoles nuestra soberanía a los tiranos cubanos, dejarán el Poder respetando nuestra voluntad depositando nuestro voto bajo las instancias de este CNE comprobadamente tramposo y ya ilegítimo, comete un pecado de lesa política. Permitirlo sin alzar la voz o volver a repetirlo es cometer uno peor: un pecado de lesa humanidad.

@sangarccs