Mostrando entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de noviembre de 2015

Gulliver contra doce mil enanos, Carlos Alberto Montaner


Resultado de imagen de casa blanca estados unidos



Resultado de imagen de carlos alberto montanerCuba 191, Estados Unidos 2. Eso se llama una paliza diplomática. Ciento noventa y un países votaron en la ONU a favor de una resolución presentada por Cuba contra las restricciones comerciales y financieras impuestas por Estados Unidos al gobierno de los Castro desde 1961. Sólo dos naciones se opusieron: Estados Unidos e Israel.
Viene ocurriendo desde hace mucho tiempo. La novedad es que este añoel gobierno de Obama lo celebra secretamente, aunque la ley y el sentido común obliguen a la diplomacia norteamericana a rechazar la resolución. El propio presidente había urgido al Congreso a que derogara la medida.
En todo caso, Estados Unidos, realmente, no se defendió. Al fin y al cabo, estas resoluciones de la ONU no son vinculantes. Es pura propaganda dentro de una organización tan desprestigiada que eligió a Venezuela y a Ecuador para pertenecer al comité que vigila el cumplimiento de los derechos humanos, que es algo así como poner al zorro a cuidar el gallinero.
Lo interesante es cómo la dictadura de los Castro consigue desviar la atención sobre el verdadero corazón del asunto -la persistencia de una dictadura estalinista derivada del modelo soviético erradicado de Occidente hace un cuarto de siglo- y la coloca sobre una percepción fabricada: una pobre isla asediada por la mayor potencia del planeta.David contra Goliat.
¿Cómo lo logra? Para entenderlo hay que saber que esa pequeña isla, improductiva y maltratada, menesterosa y pedigüeña, que no le paga a nadie porque malgasta sus recursos, posee una proyección exterior de gran potencia aprendida del KGB: cuenta con unas doce mil personas dedicadas a la tarea de promover las causas elegidas por Fidel Castro y heredadas y seguidas por su hermano Raúl.
¿Cuáles son esas causas? Esencialmente, la denuncia de Estados Unidos y del malvado y explotador capitalismo. Todo lo que se oponga a ese común enemigo es bienvenido: el Irán de los ayatolás, la Libia de Gadafi en el pasado, hoy la Rusia de Putin, el "socialismo del siglo XXI". Todo. Cualquier cosa.
¿Quiénes son esos doce mil funcionarios, correa de transmisión de ladiplomacia faraónica de Fidel, un narcisista aquejado, como tantos, por la urgencia grandiosa de imponerle su voluntad al mundo?
En primer lugar, la Dirección General de Inteligencia, con sus 1.500 oficiales, muy bien formados, regados por el mundo. Cada uno de ellos seduce, recluta o maneja a una docena de contactos locales. Los miembros del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), otro brazo de la inteligencia, presente en todos los países y todos los organismos internacionales. Las 119 embajadas cubanas, con 140 sedes y 21 consulados generales, todos manejados por la Seguridad. Las instituciones académicas, literarias o artísticas que tienen contactos con el exterior y viajan o reciben viajeros. Cualquier pieza encaja en el rompecabezas: un concierto de Silvio Rodríguez, una conferencia en Panamá. Lo que sea.
Total: miles de personas directa o indirectamente vinculadas a la vida política y a las comunicaciones de la mayor parte de las naciones del mundo, y muy especialmente a las de los principales países de Occidente que acaban respondiendo a los dictados de La Habana.
No cuento, por supuesto, a la contrainteligencia. Ese aparato, forjado a imagen de la Stasi alemana, cuenta en sus filas con el 0,5% de la población, unas 60.000 personas consagradas a la tarea de infiltrar y controlar a los "grupos enemigos" dentro de la Isla, entre los que se incluyen no sólo los demócratas que piden libertades, sino masones, iglesias cristianas, colectivos sospechosos como el LGTB o loscuentapropistas, que intentan levantar pequeños negocios caseros parasobrevivir en medio de tanta represión y estupidez.
Tan pronto se da la consigna de sacar la resolución anual de la ONU, ese inmenso mecanismo se pone en movimiento para lograr el objetivo. Siempre hay lazos con las cancillerías y las casas de gobierno, aunque formalmente sean enemigas. Cuba cuida esas relaciones personales como oro en polvo.
Todo se utiliza: desde dar tratamiento médico gratis al pariente de un diputado, un general o un jefe de policía local, hasta mandar sumas importantes de dinero a los candidatos electorales afines, o puros a los jefes de gobierno, o conseguirle un donjuán que alivie sus querencias genitales a una espía cubana de origen puertorriqueño, como le sucedió aAna Belén Montes.
Esta señora, condenada a 25 años de cárcel por espionaje, y cuyo indulto hoy examina el presidente Obama, alcanzó un altísimo puesto en el Pentágono. Su función oficial era reunir todos los análisis de las diferentes agencias e informar a la Casa Blanca sobre la peligrosidad de la Isla, pero la real, la que secretamente ejercía en beneficio de La Habana, era revelar a los Castro las fuentes de la inteligencia norteamericana (lo que costó algunas vidas) y contar la dulce historia de un pequeño e indefenso país que no suponía ningún peligro para la seguridad de Estados Unidos.
Washington, que ya ha perdido los reflejos que alguna vez tuvo durante la Guerra Fría, no sabe, no puede o no quiere luchar contra ese enemigo. Jonathan Swift, en Los viajes de Gulliver, describe como, al naufragar en Liliput, el capitán Lemuel Gulliver es atado y apresado por una legión de enanitos de 15 centímetros de estatura. Eso le ocurre a Estados Unidos. No es David contra Goliat. Es Gulliver contra 12.000 enanos eficientes.

martes, 6 de octubre de 2015

Obama no entiende por qué Raúl le muerde la mano. Carlos Alberto Montaner

Resultado de imagen de obama castro y la cumbreRaúl Castro atacó el "bloqueo", reclamó la base de Guantánamo y pidió el fin de las transmisiones de Radio Martí. Defendió a Nicolás Maduro y a Rafael Correa. Se colocó junto a la Siria de El Asad, Irán, Rusia, la independencia de Puerto Rico. Criticó la economía de mercado y cerró con broche de plomo con una cita de su hermano Fidel, gesto obligatorio dentro de la untuosa liturgia revolucionaria cubana.
Poco después se reunió con el presidente norteamericano. Según cuenta el Washington Post, Obama le mencionó, algo decepcionado, el ignorado asunto de los derechos humanos y la democracia. No hubo el menor atisbo de apertura política.
Obama no entiende que con los Castro no existe el quid pro quo o eltoma y daca. Para los Castro el modelo socialista (lo repiten constantemente) es perfecto, su democracia es la mejor del planeta y los disidentes y las Damas de Blanco, que piden libertades civiles, son sólo asalariados de la embajada yanqui inventados por los medios de comunicación que merecen ser apaleados.
El gobierno cubano nada tiene que rectificar. Que rectifique Estados Unidos, poder imperial que atropella a los pueblos. Que rectifique el capitalismo, que siembra de miseria el mundo con su mercado libre, su asquerosa competencia, sus hirientes desigualdades y su falta de conmiseración.
Para los Castro, y para su tropa de aguerridos marxistas-leninistas, indiferentes a la realidad, la solución de los males está en el colectivismo manejado por militares, con su familia en la cúspide dirigiendo el tinglado.
Raúl y Fidel, y los que los rodean, están orgullosos de haber creado en los años sesenta el mayor foco subversivo de la historia, cuando fundaron la Tricontinental y alimentaron a todos los grupos terroristas del planeta que llamaban a sus puertas o que forjaban sus propios servicios de inteligencia.
Veneran la figura del Che, muerto como consecuencia de aquellos sangrientos trajines, y recuerdan con emoción las cien guerrillas que adiestraron o lanzaron contra medio planeta, incluidas las democracias de Venezuela, Argentina, Colombia, Perú y Uruguay.
Se emocionan cuando rememoran sus hazañas africanas, realizadas con el objetivo de crear satélites para mayor gloria de la URSS y la causa sagrada del comunismo, como en Angola, cuando consiguieron dominar a las otras guerrillas anticoloniales, y luego a sangre y fuego vencieron a los somalíes en el desierto de Ogadén, sus amigos de la víspera de la guerra, ahora enfrentados a Etiopía, el nuevo aliado de La Habana.
No sienten el menor resquemor por haber fusilado adversarios y simpatizantes, perseguido homosexuales o creyentes, confiscado bienes honradamente adquiridos, separado familias, precipitado al éxodo a miles de personas que acabaron en el fondo del océano. ¿Qué importan estos pequeños dolores individuales, ante la gesta gloriosa de "tomar el cielo por asalto" y cambiar la historia de la humanidad?
¡Qué tiempos aquellos de la guerra no-tan-fría, cuando Cuba era la punta de lanza de la revolución planetaria contra Estados Unidos y sus títeres de Occidente! Época gloriosa traicionada por Gorbachov en la que parecía que pronto el Ejército Rojo acamparía triunfante en las plazas de Washington.
El error de Obama es haber pensado que los diez presidentes que lo antecedieron en la Casa Blanca se equivocaron cuando decidieron enfrentar a los Castro y su revolución, señalándolos como enemigos de Estados Unidos y de las ideas que sostienen las instituciones de la democracia y la libertad.
Obama no entiende a los Castro, ni es capaz de calibrar lo que significan, porque él no era, como fueron Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan y Bush (padre), personas fogueadas en la defensa del país frente a la muy real amenaza soviética.
Incluso, ya en la era post soviética, Clinton, quien prefirió escapar antes que pelear en Vietnam, comprendió la naturaleza del gobierno cubano y aprobó la Ley Helms-Burton para combatirlo. Bush (hijo) heredó de su padre la convicción de que a 90 millas anidaba un enemigo y así lo trató durante sus dos mandatos.
Obama era distinto. Cuando llegó a la presidencia, hacía 18 años que el Muro de Berlín había sido derribado, y para él la Guerra Fría era un fenómeno remoto y ajeno. No percibía que había sitios, como Cuba o Corea del Norte, en los que sobrevivían los viejos paradigmas.
Él era un community organizer en los barrios afroamericanos de Chicago, preocupado por las dificultades y la falta de oportunidades de su gente. Su batalla era de carácter doméstico y se inspiraba en el relato de la lucha por los derechos civiles. Su leitmotiv era cambiar América, no defenderla de enemigos externos.
Como muchos liberals y radicales norteamericanos, especialmente de su generación, pensaba que la pequeña Cuba había sido víctima de laarrogancia imperial de Estados Unidos, y podía reformarse ynormalizarse tan pronto su país le tendiera la mano.
Hoy es incapaz de entender por qué Raúl se la muerde en lugar de estrecharla. No sabe que los viejos estalinistas matan y mueren con los colmillos siempre afilados y dispuestos. Es parte de la naturaleza revolucionaria.

Jesús Petit da Costa: Una puñalada por la espalda a la Venezuela decente

Corre en el extranjero el rumor de que Cuba ha pactado con Estados Unidos el resultado de las elecciones parlamentarias en su colonia de Venezuela, que dicho pacto cuenta con la aprobación del Vaticano y la aceptación de la MUD. Lo informa Luis José Semprún, joven abogado y destacado columnista, con estas palabras: “Dentro del marco de un nuevo credo internacional, según el cual lo más importante es garantizar la paz y la estabilidad de las naciones, aunque triunfe la impunidad, Raúl Castro y sus aliados orquestaron un plan…. El plan consiste en negociar con la MUD un triunfo apretado de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias, para que ésta obtenga una mayoría simple, incapaz de modificar la estructura actual de poder. El nuevo presidente de la Asamblea Nacional sería un conocido dirigente opositor…. En esta operación participan los mismos factores internacionales que promueven una transición controlada en Cuba y un acuerdo de paz con las FARC; es decir, Raúl Castro, el Departamento de Estado y, aparentemente, también el Papa Francisco, quienes consideran que la estabilidad es más importante de la justicia”.

No pongo en duda que efectivamente se haya pactado lo dicho por los indicios siguientes:

1.- El Secretario de Estado de EE UU, John Kerry, declaró al periodista Andrés Openheimer hace poco tiempo que estaba negociando con Cuba sobre Venezuela. Más claro no podía ser: Estados Unidos reconoce a Cuba como propietaria de Venezuela y a nuestro país como protectorado de Cuba. Y, en consecuencia, incluye a Venezuela en el paquete que negocia con Cuba. Esto se llama “política realista”, inmoral pero realista. Merece este trato un país con un gobierno títere sin oposición, cuyo rol está usurpado por colaboracionistas. Y peor aún: un país sin ejército, porque no lo tiene desde cuando perdió la soberanía sin disparar un tiro obedeciendo a un infiltrado cubano en función de Comandante en Jefe.

2.- El líder eterno del partido más colaboracionista declaró textualmente hace pocas semanas: “una nueva mayoría en el Parlamento no implicará la salida inmediata de Maduro, pero sí conducirá a la estabilización del país.” Comunicó así la orden recibida por el pacto entre EE.UU. y Cuba: “ustedes, colaboracionistas, tendrán mayoría pero no suficiente para cambiar el gobierno y el sistema, si acaso lo pretendieron alguna vez, y en consecuencia tienen que garantizarle estabilidad a Maduro.” A buen entendedor, pocas palabras bastan: la victoria de los colaboracionistas será únicamente para darle un respiro a Maduro, a fin de que aguante hasta el final del período. ¿Que las encuestas indican, según los propios colaboracionistas, que podrían ganar con hasta el 75% de los votos? Esto no importa. Se aplica el método del referéndum de 2007, que perdió Chávez por paliza pero nunca se dieron los resultados definitivos dejándolo en una diferencia parcial por una cantidad mínima. En su soberbia el perdedor la llamó “victoria de mierda”. Y lo fue en verdad porque de todos modos hizo lo que le dio la gana.

3.- Al líder eterno del segundo partido más colaboracionista ya lo llaman “presidente” sus propios partidarios, haciendo ver que lo será de la Asamblea Nacional para la cual le han garantizado su elección, apartando a cualquier rival de peso.

4.- Anuncian el regreso del jefe eterno del tercer partido más colaboracionista, no teniendo otra explicación de estar arreglado su juicio para decretarse su libertad inmediata apenas esté en el país.

5.- Finalmente el Papa Francisco ha exhortado a los Obispos de Venezuela, en ocasión de su visita anual, a procurar el diálogo y la reconciliación entre dos sectores que simulan estar enfrentados: títeres y colaboracionistas, cuando son los socios que sostienen la tiranía comunista. Ellos dialogan todos los días y no necesitan reconciliarse porque no están peleados. Si Dios es uno y trino, títeres y colaboracionistas son dos en uno.

Estos hechos hacen presumir el pacto de que se habla, a ejecutar por títeres y colaboracionistas. Los que no somos ni lo uno ni lo otro, debemos hacernos estas preguntas: 1) ¿Tiene viabilidad este pacto infame, en el supuesto de que se confirme?; y, 2) En todo caso, qué debemos hacer para impedir que queden impunes la traición a la patria, el saqueo a la Nación y los crímenes de lesa humanidad, y de este modo Venezuela quede en manos de una versión criolla de la mafia rusa, en la cual se transformó la jerarquía comunista soviética?

@petitdacosta

sábado, 26 de septiembre de 2015

El exitoso fracaso de Fidel Castro, Antonio Sanchez García

Resultado de imagen de fidel castro y el papaTras cincuenta y seis años de indómita tozudez, derrengado y arrastrando su senectud en medio de los vahos y sahumerios de un gran Gurú, Fidel Castro puede darse por más que satisfecho. Todos los presidentes que gobiernan en América Latina tienen su impronta, crecieron a su vera y le prodigan una veneración digna de un semi dios. Los más distantes, como Piñera o Santos, también han ejercitado la genuflexión ante la tiranía. El último papa de la cristiandad va a prodigarle su cuota de veneración – de papa a papa – y la simpatía que le profesa alcanza tales cotas que el hijo del Prometeo caribeño cuenta que parecían dos viejos amigos. No se hable de Barack Obama, que arrió la bandera tras medio siglo de esfuerzos por sacarlo del poder. 

Si mañana se lo llevara un soponcio digno de tiranos que desafiaron la eternidad podría exhalar su último suspiro con la inmensa satisfacción de los anhelos cumplidos. Sobrevivió a Mao, a Ho, a Sadam, a Gadaffi, al Che, a Cienfuegos, a Salvador Allende, a Hugo Chávez y a todos los jerarcas rusos posteriores a Stalin, por un lado; y a Eisenhower, a Kennedy, a Johnson, a Nixon, a Reagan, por el otro, así como a generaciones enteras de jóvenes latinoamericanos que ofrendaron sus vidas tras el sueño que alimentara desde La Habana. Gobernó más que todos los papas del siglo XX y sobrevivió a Juan Pablo II, a Juan Pablo I, a Pablo VI y a Juan XXIII. ¿Qué más pedir? ¿Vivir hasta cumplir el centenario?
¿Fracaso? Superó en vida a todos los tiranos del comunismo internacional, ninguno de los cuales dominó el poder por más de medio siglo. Y sólo en América Latina sobrevivió a todos los presidentes de las distintas repúblicas que ya fallecieron y fueran sus denodados enemigos mientras vivieron, de Rómulo Betancourt a Eduardo Frei Montalva y de los generales Jorge Rafael Videla a Augusto Pinochet. Hoy, en el colmo de la chochera pero inflado de halagos, asiste al despliegue del castrismo bajo sus distintas vertientes: desde sátrapas a su estricto servicio, como Maduro en Venezuela a peronistas conversos, como el matrimonio Kirchner o socialistas melancólicas como Michelle Bachelet, quien se esfuerza por regresar a los 70s. Tiempos que lo vieran azuzando a la guerra civil en el esperanzado Chile de la Unidad popular.
El proyecto más relevante y prioritario de los tiranos es tiranizar. Fracasan, cuando sus pueblos se les enfrentan, los empalan o los despellejan. Como sucediera con Gadaffi y Benito Mussolini. No cuando sus ensoñaciones programáticas se asfixian en sus propias estupideces. El socialismo castrista tuvo el mismo fin que todos los socialismos totalitarios: hundirse en el pantanal de su congénita impractibilidad. Pero ello no constituye un fracaso de los tiranos, sino de sus delirios.
De allí el profundo error en que incurren quienes cantan alabanzas por “el fracaso” de Fidel Castro. ¿Fracaso? Es el gobernante más longevo del planeta. Fracaso, el nuestro, incapaces de desalojar al sátrapa a su servicio. Es bueno tenerlo presente.

@sangarccs

Antonio Sánchez García

miércoles, 23 de septiembre de 2015

La misa de la hipocresía, Antonio Sánchez García

Resultado de imagen de antonio sanchez garciaLuego de leer las airadas protestas de Aleida Guevara, la hija del Che Guevara, contra el llamado del todopoderoso Partido Comunista de Cuba, de la que es una fiel y esforzada militante,instando a todos los miembros del partido a tomar parte en la multitudinaria misa papal celebrada ayer en la Plaza de la Revolución, queda meridianamente claro que la entusiasta asistencia, además de estar cuidadosamente seleccionada y formar parte de la nomenklatura y los cuadros del partido de Fidel y Raúl Castro, era todo menos feligresía piadosa y observante de la sufrida isla caribeña que asistiera espontánea y observante al llamado papal.

En otras palabras no era representación de los frágiles de Cuba – acorralados, expulsados, encarcelados o asesinados opositores a la tiranía - y sí caben dentro de la calificación de “servidores”, el otro concepto clave de la homilía papal, lo son del Estado cubano, y no de la sufrida humanidad a la que pretendía estar dirigiendo su mensaje Jorge Bergoglio. Servidores del Estado que tampoco sirven por puro amor cristiano, sino como una forma institucionalizada de servirse de la militancia para tomar parte del escuálido festín que les asegura su obsecuencia y ponerse de parte de la tiranía para no verse expuestos a la fragilidad del abuso cruel y prepotente contra los frágiles instaurado hace 56 años en la isla de los hermanos Castro.
 
Desde luego que Bergoglio, el cardenal, sabía perfectamente lo que el Papa Francisco se ve en la obligación de escamotear: que Fidel Castro es uno de los más cruentos e implacables tiranos de la historia latinoamericana. Y que lo ha hecho amparado en la ideología marxista, lo que tampoco puede ser escamoteado por Francisco. Y que reuniéndose con él no le extiende la mano al más frágil de los frágiles cristianos del mundo. Lo hace con un hombre que ha hecho escarnio de la fragilidad, a la que ha condenado con la sevicia y crueldad de una de las más longevas tiranía del mundo y que se ha servido, para su propio servicio, del servicio dictatorial. Y como una imagen vale más que mil palabras, la imagen que los retrata frente a frente deshace en cenizas las buenas intenciones papales a favor de los frágiles y los buenos servidores. Le sonríe a un tirano.
 
Aleida Guevara habla desde el sentido de responsabilidad histórica que le otorga la paternidad de la figura que, junto al comandante Cienfuegos – víctima de los misteriosos asesinatos que se le atribuyen al frágil y servicial Fidel Castro - veló desde una de las fachadas del Palacio de gobierno la farsa montada en la Plaza de la Revolución. A la hija del “guerrillero heroico” le pareció una hipocresía del Partido, es decir, del Estado, es decir, de Fidel y Raúl Castro mandar a misa a sus ateos militantes. Un juicio inapelable: sabe perfectamente que la misa, muy lejos de serlo, es tanto para los Castro como para el Vaticano y Washington una ostentosa obra de simulación. De la que esperan pasar el gato de la complicidad por la liebre de la reconciliación. Arte de la simulación de la que, bueno es recordarlo, son expertos tantos los Castro como los jesuitas de Bergoglio.
 
En un acto de inaceptable simulación, el papa Francisco cubrió bajo el manto genérico de los frágiles a los más frágiles: los presos políticos. Que enfrentados en solitario al poder omnipotente del Estado están expuestos a reducirse a lo que, en buen latín, se llama “la nuda vita”: la vida desnuda. Como lo fueran los gaseados de Auschwitz o, sin ir tan lejos en el tiempo y en el espacio, los presos políticos venezolanos condenados en un horroroso acto de injusticia a más de 13 años de cárcel por negarse a arrodillarse ante el sátrapa de la tiranía a la que ayer el Vaticano le ofreció una magnífica puesta en escena de su tradicional parafernalia especular. O los miles y miles de cubanos sacrificados en las mazmorras de “los servidores” o echados a los tiburones escapando tras la esperanza de la liberación.
 
Distensión: una mágica palabra. Reconciliación: un término teológico. ¿A qué precio las pronuncia Francisco? Al del ominoso silencio de los que sufren y la alabanza de los que oprimen. Debo confesar mi respeto al valor de la hija del Che: llamar hipócritas a Fidel y Raúl Castro sólo puede hacerlo la hija de quien prefirió inmolarse que ejercer la soberana y cruenta hipocresía del Poder.

@sangarccs 



lunes, 22 de junio de 2015

Cuba, Leopoldo López y la guerra que libramos. Antonio Sánchez García

Resultado de imagen de Antonio Sánchez García

A Alfredo Coronil

La oposición venezolana, Washington y el Vaticano cometen un grave error de apreciación al no comprender que el problema venezolano es, para los cubanos, un problema militar, no político. Venezuela es un territorio conquistado y ocupado, el único triunfo de una guerra cruenta y despiadada que lleva 56 años de incesante desarrollo, la joya de una corona desquiciada, no un país vecino entre otros con los que se tienen algunos intereses comunes y con cuyas autoridades se pueda o no se pueda dialogar. Venezuela es la reserva estratégica de sobrevivencia para una dictadura militar, marxista leninista, totalitaria en guerra oculta o declarada contra el mundo, que no ha cejado un milímetro en su hostilidad existencial con el capitalismo y su máximo representante sobre la tierra, los Estados Unidos. Con los que no esperan ceder un milímetro, que no sea el necesario para mantener la cabeza fuera del agua que la ahoga. Cuba es un bastión, y Venezuela su reservorio, su despensa estratégica. Mazada, Numancia. Exactamente como lo es Corea del Norte para el comunismo asiático: la última frontera.

Quienes conozcan la historia de la tiranía cubana y las artes del dominio y el gobierno de Fidel Castro, saben de qué hablamos: de la tozudez suicida de Fidel Castro, de su odio raigal, visceral e incandescente contra los Estados Unidos, de su decisión de no irse de este mundo sin asestarle algún golpe mortal o, por lo menos, hacerle la vida a cuadritos. Sin la apocalíptica y oportuna aparición de Hugo Chávez en su vida, posiblemente las cosas hubieran tomado otro camino. Estúdiense las vidas de Hitler y de Stalin, y se tendrá un parámetro analítico de lo que significan el voluntarismo, el decisionismo, la crueldad, la inescrupulosidad y la inagotable maldad que anida en su pecho. Heredada por su hermano, infinitamente menos talentoso, sigue actuando como norma esencial del comportamiento del gobierno cubano, sus aparatos de seguridad, sus fuerzas armadas.

Quien crea que los añuñúes y las carantoñas de Raúl Castro hacia Obama y Francisco significan algo más que una movida de un ajedrez estratégico que aparenta ceder sin ceder un ápice, debiera estudiar las relaciones entre Hitler y Stalin, dos víboras del mismo nidal. Que en 1939 firmaban una alianza que asombró y conmovió al mundo, para que dos años después libraran los más sangrientos y devastadores combates de que tenga memoria la humanidad. Raúl Castro domina un terreno, cuyos pedazos intrascendentes puede negociar a voluntad: relaciones consulares, liberalización hacia esa inmensa y poderosa colonia cubana en el exilio. Quien crea que irá más allá de eso y permitirá así sea un mínimo asomo de vida democrática en la isla, se morirá sentado.

Ahora bien: en esa satrapía recibida de regalo por la monstruosa, insólita y ominosa traición de las fuerzas armadas venezolanas manejadas por un híbrido de Hitler y Stalin en miniatura, como Hugo Chávez, se ha impuesto un comportamiento clásico de los hábitos represivos cubanos. Imponerse por el fraude, el engaño y la violencia. Asesinar para sofrenar la rebeldía de sus ciudadanos. Y encarcelar sin ningún motivo judicial y policialmente válido a los líderes opositores dispuestos a jugarse sus vidas por desalojarlos del Poder. ¿No es Huber Matos suficiente prueba de lo que hablamos?

Mientras la oposición, Washington y el Vaticano no lo comprendan, Venezuela seguirá siendo la retaguardia de Cuba, el depósito de su sobrevivencia, el granero con que alimentar a sus esclavos y el petróleo con qué mantenerse a flote. Y si en Auschwitz se podía jugar al fútbol, en Venezuela se seguirá votando. Cuando y cómo ellos lo quieran y lo impongan. Por eso, echarse un pulso con ellos poniendo la propia vida en la apuesta, es un gesto trágico, heroico y admirable, pero inútil. De allí mi consejo a los únicos venezolanos que comprenden el malévolo juego de los Castro y comprenden que el partido que jugamos no es de naturaleza política, sino militar – vale decir: de variables mortales de poder y de fuerza contrastadas - : no caer en la celada. Y levantar, de inmediato, las huelgas de hambre. Sin astucia, no se ganan las guerras. Y ésta es la más compleja y difícil que hayan vivido los venezolanos de todos los tiempos.

@sangarccs






lunes, 16 de marzo de 2015

Obama vs.Maduro - Carlos Alberto Montaner

Resultado de imagen de obama maduro venezuela

Barack Obama dijo que el régimen de Venezuela es un peligro para la seguridad norteamericana. ¿Por qué? Viola los derechos humanos de la oposición democrática. En consecuencia, decretó algunas sanciones contra militares y funcionarios chavistas.
Extraño movimiento. Lo ha hecho pocas semanas después de haber iniciado la cancelación de las sanciones a la dictadura cubana, que desde hace más de medio siglo maltrata a los disidentes con la misma o mayor saña de lo que lo hace el gobierno de Nicolás Maduro con su magullada oposición.
Existe, además, una cuestión de filiación. Cuba es la madre del cordero.Venezuela se comporta de esa manera porque los asesores cubanos que mandan en el país así lo aconsejan. Esa es la expertise que Cuba vende a Venezuela: inteligencia, control social y gobernabilidad de mano dura. Son los grandes constructores de jaulas del planeta. Aprendieron la técnica de los soviéticos y los han superado.
Naturalmente, Fidel y Raúl Castro salieron de inmediato en apasionadadefensa del chavismo. Con el pan no se juega. Los Castro saben perfectamente que más valen los 13.000 millones anuales de dólares en subsidios, ayudas y negocios que les proporciona su gran colonia política que los nuevos arrumacos y promesas de Estados Unidos.
La nota oficial cubana establecía que Venezuela no estaba sola. Dentro de los códigos testiculares cubanos eso quiere decir que, si se trata de combatir, allí estarán los soldados de la madre patria cubana.
Por supuesto, son vicios del lenguaje. Gestos para la galería. Los Castro saben que no hay el menor interés por parte de Estados Unidos en recurrir a la violencia para liquidar el chavismo. Nadie va a invadir Venezuela.
Lo que suele ignorarse es por qué Obama ha dado este paso contradictorio que sólo sirve para construirle un pretexto nacionalista a Maduro, aumentar la represión y despertar el avispero latinoamericano.
Esto hay que explicarlo.
Venezuela sí es un riesgo para la seguridad de Estados Unidos, pero no por la violación de los derechos humanos de los demócratas –esa fue la coartada–, sino por tres actividades que aparecen codificadas en la definición doctrinaria que señala dónde comienza o se intensifica el peligro para la sociedad norteamericana.
Quien quiera conocer la visión que prevalece en Washington en este terreno debe asomarse al libro Reconceptualizing Security in the Américas in the 21th Century, y leer, en especial, el capítulo "Venezuela: Trends in Organized Crime", escrito por el analista Joseph M. Humire.
El chavismo ha cruzado las tres rayas rojas.
En primer lugar está la complicidad venezolana con los terroristas islamistas de Irán. El hombre de los ayatolás de Teherán es el gobernador del estado de Aragua, Tareck el Aissami, de origen árabe, exministro del Interior. Ha utilizado sus cargos para crear en la región una red de terroristas del Medio Oriente alimentada con el narcotráfico. En Irán sueñan con que será presidente de Venezuela.
El otro límite violado por el chavismo es, precisamente, el narcotráfico. Hay generales venezolanos metidos hasta las cejas en ese turbio negocio. De las 700 toneladas de cocaína que anualmente se producen en el planeta, 300 pasan por Venezuela rumbo a Europa, vía África, o rumbo a USA, vía Centroamérica. Diosdado Cabello, el presidente del Parlamento, ha sido acusado de ser el jefe del Cártel de los Soles.
Y el tercero es el inmenso lavado de dinero mal habido. PDVSA es el sitio en el que se suelen hacer la mayor parte de las transacciones torcidas, incluidas las emisiones de bonos. Más que una empresa, es la cueva de Ali Babá, pero con muchos más de 40 ladrones. Esa plata sirve para corromper políticos, comprar influencias y pagar sus servicios a los delincuentes.
La Casa Blanca sabe todo esto al dedillo. Se lo han dicho sus diplomáticos, los servicios de inteligencia y los desertores. A Walid Makled García, un capo venezolano del narcotráfico del tamaño de Pablo Escobar, antes de que sus captores colombianos lo deportaran a Venezuela, lo interrogaron profusamente los agentes de la DEA.
El Turco –así le llaman– cantó "La traviata". Lo dijo todo. Y luego parece que el último recién llegado, Leamsy Salazar, mano derecha de Diosdado Cabello y de Hugo Chávez, recientemente asilado en territorio norteamericano, lo corroboró y aportó nuevos datos. Ya no se podía seguir diciendo que Venezuela no era un peligro sino "una molestia".
Venezuela, realmente, es un riesgo para la seguridad de USA y del Hemisferio. El error de Obama ha sido no encarar de frente a su enemigo, y llamarle pan al pan y vino al vino, sino elegir una denuncia oblicua y formularla mal para que ni siquiera se entienda. Quería quedar bien con todos y ha conseguido exactamente lo opuesto. Una pena.