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jueves, 5 de noviembre de 2015

Gulliver contra doce mil enanos, Carlos Alberto Montaner


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Resultado de imagen de carlos alberto montanerCuba 191, Estados Unidos 2. Eso se llama una paliza diplomática. Ciento noventa y un países votaron en la ONU a favor de una resolución presentada por Cuba contra las restricciones comerciales y financieras impuestas por Estados Unidos al gobierno de los Castro desde 1961. Sólo dos naciones se opusieron: Estados Unidos e Israel.
Viene ocurriendo desde hace mucho tiempo. La novedad es que este añoel gobierno de Obama lo celebra secretamente, aunque la ley y el sentido común obliguen a la diplomacia norteamericana a rechazar la resolución. El propio presidente había urgido al Congreso a que derogara la medida.
En todo caso, Estados Unidos, realmente, no se defendió. Al fin y al cabo, estas resoluciones de la ONU no son vinculantes. Es pura propaganda dentro de una organización tan desprestigiada que eligió a Venezuela y a Ecuador para pertenecer al comité que vigila el cumplimiento de los derechos humanos, que es algo así como poner al zorro a cuidar el gallinero.
Lo interesante es cómo la dictadura de los Castro consigue desviar la atención sobre el verdadero corazón del asunto -la persistencia de una dictadura estalinista derivada del modelo soviético erradicado de Occidente hace un cuarto de siglo- y la coloca sobre una percepción fabricada: una pobre isla asediada por la mayor potencia del planeta.David contra Goliat.
¿Cómo lo logra? Para entenderlo hay que saber que esa pequeña isla, improductiva y maltratada, menesterosa y pedigüeña, que no le paga a nadie porque malgasta sus recursos, posee una proyección exterior de gran potencia aprendida del KGB: cuenta con unas doce mil personas dedicadas a la tarea de promover las causas elegidas por Fidel Castro y heredadas y seguidas por su hermano Raúl.
¿Cuáles son esas causas? Esencialmente, la denuncia de Estados Unidos y del malvado y explotador capitalismo. Todo lo que se oponga a ese común enemigo es bienvenido: el Irán de los ayatolás, la Libia de Gadafi en el pasado, hoy la Rusia de Putin, el "socialismo del siglo XXI". Todo. Cualquier cosa.
¿Quiénes son esos doce mil funcionarios, correa de transmisión de ladiplomacia faraónica de Fidel, un narcisista aquejado, como tantos, por la urgencia grandiosa de imponerle su voluntad al mundo?
En primer lugar, la Dirección General de Inteligencia, con sus 1.500 oficiales, muy bien formados, regados por el mundo. Cada uno de ellos seduce, recluta o maneja a una docena de contactos locales. Los miembros del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), otro brazo de la inteligencia, presente en todos los países y todos los organismos internacionales. Las 119 embajadas cubanas, con 140 sedes y 21 consulados generales, todos manejados por la Seguridad. Las instituciones académicas, literarias o artísticas que tienen contactos con el exterior y viajan o reciben viajeros. Cualquier pieza encaja en el rompecabezas: un concierto de Silvio Rodríguez, una conferencia en Panamá. Lo que sea.
Total: miles de personas directa o indirectamente vinculadas a la vida política y a las comunicaciones de la mayor parte de las naciones del mundo, y muy especialmente a las de los principales países de Occidente que acaban respondiendo a los dictados de La Habana.
No cuento, por supuesto, a la contrainteligencia. Ese aparato, forjado a imagen de la Stasi alemana, cuenta en sus filas con el 0,5% de la población, unas 60.000 personas consagradas a la tarea de infiltrar y controlar a los "grupos enemigos" dentro de la Isla, entre los que se incluyen no sólo los demócratas que piden libertades, sino masones, iglesias cristianas, colectivos sospechosos como el LGTB o loscuentapropistas, que intentan levantar pequeños negocios caseros parasobrevivir en medio de tanta represión y estupidez.
Tan pronto se da la consigna de sacar la resolución anual de la ONU, ese inmenso mecanismo se pone en movimiento para lograr el objetivo. Siempre hay lazos con las cancillerías y las casas de gobierno, aunque formalmente sean enemigas. Cuba cuida esas relaciones personales como oro en polvo.
Todo se utiliza: desde dar tratamiento médico gratis al pariente de un diputado, un general o un jefe de policía local, hasta mandar sumas importantes de dinero a los candidatos electorales afines, o puros a los jefes de gobierno, o conseguirle un donjuán que alivie sus querencias genitales a una espía cubana de origen puertorriqueño, como le sucedió aAna Belén Montes.
Esta señora, condenada a 25 años de cárcel por espionaje, y cuyo indulto hoy examina el presidente Obama, alcanzó un altísimo puesto en el Pentágono. Su función oficial era reunir todos los análisis de las diferentes agencias e informar a la Casa Blanca sobre la peligrosidad de la Isla, pero la real, la que secretamente ejercía en beneficio de La Habana, era revelar a los Castro las fuentes de la inteligencia norteamericana (lo que costó algunas vidas) y contar la dulce historia de un pequeño e indefenso país que no suponía ningún peligro para la seguridad de Estados Unidos.
Washington, que ya ha perdido los reflejos que alguna vez tuvo durante la Guerra Fría, no sabe, no puede o no quiere luchar contra ese enemigo. Jonathan Swift, en Los viajes de Gulliver, describe como, al naufragar en Liliput, el capitán Lemuel Gulliver es atado y apresado por una legión de enanitos de 15 centímetros de estatura. Eso le ocurre a Estados Unidos. No es David contra Goliat. Es Gulliver contra 12.000 enanos eficientes.

lunes, 26 de octubre de 2015

La Guerra Negra Carlos, Alberto Montaner


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Hace varios años Washington decidió luchar contra la corrupción internacional. Declaró, in pectore, la Guerra Negra. El nombre procede de la literatura, de las novelas negras en las que el protagonista suele ser un detective complejo y angustiado.
No se trata de cooperar con las operaciones policíacas, algo que hacen muchas naciones, sino de iniciar las investigaciones y perseguir activamente a los delincuentes. Por ahora han caído, entre otros, miembros de la directiva de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), altos funcionarios de la ONU, deportistas que se dopaban para ganar las competencias, narcotraficantes encumbrados y banqueros que canalizaban los fondos mal habidos.
El largo brazo de la justicia norteamericana tiene varias manos muy competentes: el FBI, la DEA –que persigue el tráfico de drogas–, los informes de sus diplomáticos, las investigaciones de la fiscalía federal, especialmente la de New York, ciudad por la que suelen transitar las operaciones bancarias de medio planeta, y la eficiente labor de una entidad mucho menos conocida, el FinCen, breve sobrenombre de la U.S. Treasury's Financial Crimes Enforcement Network, un gran sabueso de cuello blanco capaz de rastrear el flujo del dinero por el intrincado mundo financiero de nuestros días.
Hay algo de cruzada moralista en esta labor de Estados Unidos, pero también una convicción probablemente acertada de algunos de sus funcionarios más influyentes: o se enfrenta al crimen organizado decididamente, o poco a poco se irán erosionando los fundamentos del Estado de Derecho y desaparecerán los principios con que el país se fundó y echó a andar en 1776. En gran medida, la lucha contra el delito es por la supervivencia del país.
Eso explica lo que hoy sucede.
Estados Unidos liquidó en unas horas a la familia más poderosa de Honduras. El 6 de octubre fue detenido Yankel Rosenthal en el aeropuerto de Miami, sobrino de D. Jaime Rosenthal, acaso el hombre más rico de su país, cuya fortuna se calculaba en 690 millones de dólares, amo y señor de docenas de empresas, y entre ellas el Banco Continental, fundado en 1929.
Inmediatamente se inició el desguace del grupo. De la noche a la mañana se vieron sin dinero, sin propiedades y sin una simple tarjeta de crédito. La acusación –que la familia niega– es "blanqueo de dinero", en este caso procedente del narcotráfico que manejaban algunos de los clientes del banco. La cocaína colombiana había sido transportada a Estados Unidos por delincuentes hondureños.
En febrero de 2015 salió de una cárcel norteamericana el expresidente guatemalteco Alfonso Portillo. Dos años antes había admitido haber utilizado la banca de Estados Unidos para blanquear dos millones y medio de dólares entregados por los taiwaneses como cooperación para imprimir unos libros destinados al sistema escolar. Parece que en la investigación fue muy efectiva la labor de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), organismo auspiciado por la ONU.
Se sabe que PDVSA, la compañía petrolera pública de Venezuela, una verdadera alcantarilla al servicio de mil ladrones, está bajo la lupa y sus directivos podrían ser acusados de numerosos delitos relacionados con diversas expresiones de la corrupción. Según Bloomberg, las tres refinerías que Citgo posee en Estados Unidos, valoradas en ocho mil millones de dólares, podrían ser intervenidas por las autoridades federales.
Resultado de imagen de Manuel Antonio de Noriega,Por la misma regla de tres, hay una alta posibilidad de que personajes como Diosdado Cabello, presidente del Parlamento venezolano, acusado de numerosos delitos, algo que él niega con vehemencia, también acabe en una cárcel norteamericana, como le sucedió al general panameño Manuel Antonio de Noriegahombre fuerte de Panamá en la década de los años ochenta.
Ya hubo un ensayo en ese sentido. En junio del 2014 el general venezolano Hugo Carvajal, presunto jefe del Cártel de los Soles, como la prensa llama a los militares que colaboran con los narcotraficantes, fue detenido en Aruba para ser deportado a Estados Unidos. Los holandeses, finalmente, se lo entregaron a Caracas. Se asustaron ante las amenazas del gobierno de Maduro, que enseñó los dientes y reaccionó como una banda que protege a uno de los suyos, pero ese episodio no tardará en repetirse.
¿Cómo terminará esta Guerra Negra? No lo sé. Las novelas negras suelen tener finales tan ambiguos e inesperados como sus protagonistas. Pero son apasionantes.

sábado, 10 de octubre de 2015

Por qué la Iglesia Católica no sabe cómo luchar contra la pobreza, Carlos Alberto Montaner

Lamento que algunos no hayan entendido mi artículo "El Papa y la pobreza".
Yo no fustigo al Papa ni arremeto contra la Iglesia. ¿Por qué habría de hacerlo si no son mis adversarios y tengo una multitud de amigos cristianos? El Papa me parece un señor bondadoso y ocurrente, aunque hubiera preferido que hubiese recibido a las Damas de Blanco y estuviera más decididamente junto a quienes en Cuba piden libertades políticas. Por otra parte, creo que la Iglesia Católica, hechas las sumas y restas, es una institución que ha sido beneficiosa para Occidente. Nuestro mundo no se explica sin esa huella moral judía, trenzada, además, con la civilización greco-romana de donde procedemos.
Tampoco se me ocurriría calificar a Bergoglio de comunista por decir las cosas que a veces afirma. Los papas dicen cosas tremendas. Pero repetir la frase de San Basilio ("El dinero es el estiércol del demonio"), como hace Francisco con frecuencia, o afirmar que el capitalismo mata (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium) me parece un provocador exceso que no contribuye al mejor debate sobre la miseria humana.
No entro en cuestiones religiosas, ni en lo que afirman los evangelistas que Cristo dijo, porque no fui tocado por la gracia divina de la fe. Declaro mi absoluta perplejidad en esta materia. No tengo la menor idea de si Dios existe o no, lo que me lleva a respetar todos los credos, pero ni contenido de los Evangelios, ni el del Corán, ni el de los cuatro Vedas ni el de cualquier otro libro sagrado me resultan argumentos inapelables, aunque algunos los consideren verdades reveladas.
Naturalmente, si Dios existe y está pendiente de lo que los seres humanos hacen, dicen o creen en este remoto y diminuto lugar del inmenso universo, con el objeto de premiarlos o castigarlos en la vida eterna, todo es posible, incluida la existencia de ángeles y demonios, del purgatorio, de las 72 huríes vírgenes que aguardan a los viriles e infatigables yihadistasmusulmanes en el paraíso, o de la reencarnación en la que creen los practicantes del hinduismo.
No obstante, si Dios no existe, todas las religiones son falsas, aunque seguirían siendo útiles como un factor social cohesivo, siempre y cuando no traten de imponer su exclusividad por métodos violentos.
Esa es la humilde esencia de la posición de los agnósticos. No sabemos y, por lo tanto, no negamos (como los pesimistas ateos) y no afirmamos (como los creyentes convencidos).

Segunda lectura

En una segunda lectura de mi artículo, sospecho que mis detractores comprenderán lo que he querido decir: la Iglesia ha practicado la caridaddesde sus comienzos, y eso está muy bien, pero si se trata de erradicar la pobreza, o reducirla sustancialmente, el modo de lograrlo es creando las condiciones para que el conjunto de la sociedad, mediante el trabajo, consiga crear las riquezas que ello requiere.
Ese fue el camino tomado por varias naciones en la segunda mitad del siglo XX, como sucede con los cuatro dragones o tigres asiáticos –Taiwán, Singapur, Hong Kong o Corea del Sur– o con Israel, el "tigre semita", como le ha llamado un periodista.
Pero para crear riquezas hacen falta empresas exitosas que generen bienes y servicios apreciados por los consumidores, y ese complejo fenómeno suele ser el resultado de una delicada combinación cultural entre la prevalencia de la ética de la responsabilidad, el impulso de los emprendedores, una mano de obra calificada, las necesidades del mercado, la existencia de una tensa competencia que mejora la calidad de la oferta, los recursos disponibles y la actitud y hospitalidad de la sociedad expresadas en su sistema político, en su modelo económico y en el modo con que perciben y tratan a los triunfadores.
La experiencia, y no los dogmas, nos han enseñado que ese fenómeno ocurre mejor en donde coinciden la democracia, el ejercicio crítico de la libertad, el mercado y los derechos de propiedad, como sucede en esos 25 países que menciono en mi artículo. Es en esa atmósfera donde germina la riqueza de una manera más rotunda y decidida.
Es obvio que ese proceso de enriquecimiento individual y colectivo es imperfecto y está sujeto a marchas y contramarchas, a catástrofes naturales y a las creadas por el hombre, o a hallazgos e innovaciones que cambian el curso de los saberes y quehaceres, pero esa fórmula ha probado ser mucho menos mala que las otras empleadas hasta la fecha.
Por supuesto que el mercado también es imperfecto y hace o destroza fortunas, y la codicia crea burbujas que devoran grandes sumas de capital, pero, como sostenía Joseph Schumpeter, es gracias a ese "fuego creador" que la sociedad avanza en busca del progreso. Es verdad que el mercado, por decisión de los consumidores, incineró a Kodak, pero sus cenizas sirvieron para abonar a Apple o a Samsung. En todo caso, es preferible la actuación del mercado que la decisión de los comisarios.
Obviamente, sé que el mercado redunda no en el "bien común", porque, gracias a la lectura de ese enorme pensador que fue –murió hace un par de años– el premio Nobel de economía James M. Buchanan, aprendí que, salvo en contadas excepciones, el bien común no existe, y los funcionarios electos o designados, que son como la mayor parte de la gente, invariablemente tomarán sus decisiones en defensa de sus intereses y de su clientela política.
Cuando el Papa define que la dignidad de las personas se nutre de al menos tres tes (techo, tierra y trabajo), elementos a los que califica comoderechos, supongo que Su Santidad Francisco será consciente de que está repartiendo bienes futuros, todavía no creados, que cuestan una considerable cantidad de recursos y deben ser aportados o transferidos por otros trabajadores.
Si realmente existe el derecho a poseer una vivienda, los trabajadores, por medio del gobierno, deberán proporcionársela a toda persona o familia que quiera ejercer ese derecho, un esfuerzo considerable si tomamos el precio medio de 50.000 dólares por unidad.
Si todas las personas tienen derecho a la tierra sucede algo parecido, pero aún más complicado, porque el Papa ni siquiera define el tamaño, la calidad y la ubicación.
Pero donde todavía es más absurda la propuesta es en el tema delderecho al puesto de trabajo. ¿En qué empresa y para servir a cuáles clientes? Y si no hay beneficios, ¿cómo se mantiene esa empresa y cómo paga los salarios?
Para que haya puestos de trabajo es indispensable que existan empresas privadas o públicas que los generen, pero para que ello sea posible esos empleos deben ser, cuando menos, necesarios y rentables.
En las sociedades comunistas, como la cubana o la soviética de donde aquélla procedía, había pleno empleo y se respetaba el derecho al trabajo, pero lo que realmente sucedía es que las personas engrosaban innecesariamente las plantillas de las empresas, hundiendo paulatinamente el aparato productivo, reduciendo, en la práctica, el salario real de los trabajadores porque no realizaban una actividad laboralmente beneficiosa. Recibían un salario, pero no tenían un verdadero empleo.
Claro, el Papa o la Iglesia pueden alegar que cuando hablan de derechoslo hacen para alertar a la sociedad sobre las necesidades de los pobres, pero lo que transmiten no es una advertencia razonable, sino un mensaje de lucha de clases que conduce a la frustración y a la certeza de que los que han conseguido vencer la pobreza y acumular bienes son unos canallas avariciosos que mantienen deliberadamente en la miseria a una parte sustancial de sus conciudadanos.
Es una lástima que el papa Francisco no conozca el prólogo que José Martí escribió a los Cuentos de hoy y de mañana, de Rafael de Castro Palomino. De ahí extraigo este breve párrafo:
Pero los pobres sin éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella.

El gasto social

En todo caso, una institución como la Iglesia, que (al margen de difundir su respetable hipótesis de que Jesús es el Hijo de Dios y regresará a juzgarnos) justifica su existencia en el ejercicio de la caridad, su principal tarea, siempre sostendrá la tendencia a creer que la calidad moral de una sociedad y el gobierno por ella segregado se mide por la intensidad del gasto social y el compromiso con los menos favorecidos, pero sucede exactamente lo opuesto.
Una sociedad perfecta (que no ha existido ni existirá nunca) sería aquella en la que el gasto social sería cero, y la caridad y la compasión no resultarían necesarias, porque todas las personas y todas las familias podrían ganarse el sustento y costear una razonable calidad de vida con el producto de su trabajo.
Como sabemos que siempre habrá personas enfermas, desvalidas, o intelectual y emocionalmente incapaces de ganarse el sustento y contribuir al mantenimiento de ellas y de sus familia, es indispensable y moralmente justo que el conjunto de la sociedad les eche una mano, pero hay formas inteligentes de hacerlo sin crear lazos perpetuos de dependencia y sin convertir esas ayudas en formas de clientelismo.
Ojalá que más de dos mil años de continuados fracasos en la tarea de erradicar la pobreza le hayan servido a la Iglesia para comprender que una cosa (muy encomiable) es asistir a los pobres y otra muy diferente erradicar la pobreza. En eso estamos todos.

martes, 6 de octubre de 2015

Obama no entiende por qué Raúl le muerde la mano. Carlos Alberto Montaner

Resultado de imagen de obama castro y la cumbreRaúl Castro atacó el "bloqueo", reclamó la base de Guantánamo y pidió el fin de las transmisiones de Radio Martí. Defendió a Nicolás Maduro y a Rafael Correa. Se colocó junto a la Siria de El Asad, Irán, Rusia, la independencia de Puerto Rico. Criticó la economía de mercado y cerró con broche de plomo con una cita de su hermano Fidel, gesto obligatorio dentro de la untuosa liturgia revolucionaria cubana.
Poco después se reunió con el presidente norteamericano. Según cuenta el Washington Post, Obama le mencionó, algo decepcionado, el ignorado asunto de los derechos humanos y la democracia. No hubo el menor atisbo de apertura política.
Obama no entiende que con los Castro no existe el quid pro quo o eltoma y daca. Para los Castro el modelo socialista (lo repiten constantemente) es perfecto, su democracia es la mejor del planeta y los disidentes y las Damas de Blanco, que piden libertades civiles, son sólo asalariados de la embajada yanqui inventados por los medios de comunicación que merecen ser apaleados.
El gobierno cubano nada tiene que rectificar. Que rectifique Estados Unidos, poder imperial que atropella a los pueblos. Que rectifique el capitalismo, que siembra de miseria el mundo con su mercado libre, su asquerosa competencia, sus hirientes desigualdades y su falta de conmiseración.
Para los Castro, y para su tropa de aguerridos marxistas-leninistas, indiferentes a la realidad, la solución de los males está en el colectivismo manejado por militares, con su familia en la cúspide dirigiendo el tinglado.
Raúl y Fidel, y los que los rodean, están orgullosos de haber creado en los años sesenta el mayor foco subversivo de la historia, cuando fundaron la Tricontinental y alimentaron a todos los grupos terroristas del planeta que llamaban a sus puertas o que forjaban sus propios servicios de inteligencia.
Veneran la figura del Che, muerto como consecuencia de aquellos sangrientos trajines, y recuerdan con emoción las cien guerrillas que adiestraron o lanzaron contra medio planeta, incluidas las democracias de Venezuela, Argentina, Colombia, Perú y Uruguay.
Se emocionan cuando rememoran sus hazañas africanas, realizadas con el objetivo de crear satélites para mayor gloria de la URSS y la causa sagrada del comunismo, como en Angola, cuando consiguieron dominar a las otras guerrillas anticoloniales, y luego a sangre y fuego vencieron a los somalíes en el desierto de Ogadén, sus amigos de la víspera de la guerra, ahora enfrentados a Etiopía, el nuevo aliado de La Habana.
No sienten el menor resquemor por haber fusilado adversarios y simpatizantes, perseguido homosexuales o creyentes, confiscado bienes honradamente adquiridos, separado familias, precipitado al éxodo a miles de personas que acabaron en el fondo del océano. ¿Qué importan estos pequeños dolores individuales, ante la gesta gloriosa de "tomar el cielo por asalto" y cambiar la historia de la humanidad?
¡Qué tiempos aquellos de la guerra no-tan-fría, cuando Cuba era la punta de lanza de la revolución planetaria contra Estados Unidos y sus títeres de Occidente! Época gloriosa traicionada por Gorbachov en la que parecía que pronto el Ejército Rojo acamparía triunfante en las plazas de Washington.
El error de Obama es haber pensado que los diez presidentes que lo antecedieron en la Casa Blanca se equivocaron cuando decidieron enfrentar a los Castro y su revolución, señalándolos como enemigos de Estados Unidos y de las ideas que sostienen las instituciones de la democracia y la libertad.
Obama no entiende a los Castro, ni es capaz de calibrar lo que significan, porque él no era, como fueron Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan y Bush (padre), personas fogueadas en la defensa del país frente a la muy real amenaza soviética.
Incluso, ya en la era post soviética, Clinton, quien prefirió escapar antes que pelear en Vietnam, comprendió la naturaleza del gobierno cubano y aprobó la Ley Helms-Burton para combatirlo. Bush (hijo) heredó de su padre la convicción de que a 90 millas anidaba un enemigo y así lo trató durante sus dos mandatos.
Obama era distinto. Cuando llegó a la presidencia, hacía 18 años que el Muro de Berlín había sido derribado, y para él la Guerra Fría era un fenómeno remoto y ajeno. No percibía que había sitios, como Cuba o Corea del Norte, en los que sobrevivían los viejos paradigmas.
Él era un community organizer en los barrios afroamericanos de Chicago, preocupado por las dificultades y la falta de oportunidades de su gente. Su batalla era de carácter doméstico y se inspiraba en el relato de la lucha por los derechos civiles. Su leitmotiv era cambiar América, no defenderla de enemigos externos.
Como muchos liberals y radicales norteamericanos, especialmente de su generación, pensaba que la pequeña Cuba había sido víctima de laarrogancia imperial de Estados Unidos, y podía reformarse ynormalizarse tan pronto su país le tendiera la mano.
Hoy es incapaz de entender por qué Raúl se la muerde en lugar de estrecharla. No sabe que los viejos estalinistas matan y mueren con los colmillos siempre afilados y dispuestos. Es parte de la naturaleza revolucionaria.

domingo, 20 de septiembre de 2015

La Habana conoce las debilidades de Nicolás Maduro afirma Carlos Alberto Montaner

"Maduro le debe todo al gobierno cubano.
"Es el hombre del gobierno cubano."
"Cuba piensa seguir esquilmando a los venezolanos"
"100 Millones de muertos costo el socialismo del siglo XX ¿Cuantos costará el del XXI?


lunes, 15 de junio de 2015

Las tres tentaciones del chavismo. Carlos Alberto Montaner

Resultado de imagen de carlos alberto montanerA fines de año Venezuela debe celebrar elecciones legislativas. El país experimenta el mayor desastre de América Latina y el gobierno debería perder los comicios de forma abrumadora si fueran realmente libres y transparentes.
Lo ha revelado la cuidadosa encuesta de DatinCorp. El 74% de los venezolanos opina que la situación es mala o pésima. El 45% se siente cerca de la oposición y sólo el 22% respalda al gobierno.
La mitad del país, el 49%, quiere emigrar. La mayor parte son jóvenes y adultos educados. Se afirma que sólo en España ya han entrado 350.000 venezolanos, muchos de ellos hijos y nietos de españoles o de otras nacionalidades europeas que les han otorgado pasaportes de la UE. Son tantos que El Venezolano, una popular publicación de los exiliados, va a inaugurar un canal de televisión en Madrid.
Tenía que ocurrir. Es el resultado de una mezcla de catástrofes: el desabastecimiento creciente, la inflación (la mayor del planeta), el 18% de desempleo, la destrucción de miles de empresas, la inseguridad ciudadana –que ya se ha cobrado más de 200.000 vidas–, la corrupción rampante, las nauseabundas noticias de los narcogenerales y del Cártel de los Soles, la penosa imagen de Nicolás Maduro como un tonto de baba, la certeza terrible de que, con ese gobierno, mañana siempre será peor que hoy, y la resistencia patriótica de figuras como Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, tres de los líderes más prestigiosos de la oposición.
Resultado de imagen de mapa venezuela¿Cuál será la estrategia del chavismo para sortear esta tremenda crisis?
La primera tentación, la que le pide el cuerpo, será negar la evidencia, declarar que se trata de una fabricación de los escuálidos y de la CIA, celebrar unas fraudulentas elecciones, proclamar descaradamente la victoria y continuar saqueando impunemente el país bajo la dirección de "los cubanos", mientras aprietan cada vez más las tuercas totalitarias y se acentúa el desastre.
La segunda tentación es acercarse discretamente a la oposición, asegurarle que se respetarán los resultados electorales y plantearle una salida pactada del gobierno a cambio de un referéndum que apruebe una amnistía contra todos los delitos de origen político cometidos durante el largo periodo chavista.
La vaga fórmula origen político engloba la inmensa corrupción, el narcotráfico, los crímenes de Estado y las supuestas conspiraciones que mantienen en la cárcel a un centenar de opositores. Se cambiaría democracia por impunidad, como se ha hecho en otros países de América Latina.
La tercera tentación es la más tortuosa: retomar por la fuerza el Esequibo, una región limítrofe de 160.000 kilómetros cuadrados, territorio reclamado desde el siglo XIX, perteneciente a la Capitanía General de Venezuela en tiempos de España y del que se apoderaron los ingleses cuando le compraron a Holanda la colonia llamada Guayana.
Los chavistas saben que la causa del Esequibo es muy popular en toda la población, chavistas y antichavistas, especialmente ahora que Exxon-Mobil ha encontrado una notable cantidad de petróleo en la zona marítima que le corresponde.
Tampoco ignoran que Guyana carece de ejército (las Fuerzas de Defensa de ese país no tienen tanques, aviones ni barcos de guerra), y Caracas puede armar fácilmente una red diplomática de apoyo, no sólo con el respaldo de Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua, sino con Argentina a la cabeza, que vengará en Guyana los agravios ingleses sufridos en las Malvinas.
El cálculo es que una operación militar para recuperar el Esequibo duraría una semana y despertaría el fervor nacionalista de los venezolanos, revitalizaría la maltrecha figura de Maduro, devolvería el prestigio a las desacreditadas fuerzas armadas y crearía una atmósfera de periodo de guerra en la que se justificarían las carencias y el desastre económico.Todo sería ganancia. En esas circunstancias, Maduro convocaría a elecciones en unas condiciones favorables.
Los chavistas saben que el general argentino Leopoldo Galtieri nunca fue más popular que cuando se apoderó de las Malvinas en 1982. También saben que su prestigio cayó en picado cuando los ingleses las recuperaron, pero es posible que China y Rusia avalen las operaciones militares chavistas como forma de neutralizar a otros factores internacionales.
¿Cuál de las tentaciones acabará imponiéndose? Los chavistas las están sopesando. No se ponen de acuerdo.

lunes, 16 de marzo de 2015

Obama vs.Maduro - Carlos Alberto Montaner

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Barack Obama dijo que el régimen de Venezuela es un peligro para la seguridad norteamericana. ¿Por qué? Viola los derechos humanos de la oposición democrática. En consecuencia, decretó algunas sanciones contra militares y funcionarios chavistas.
Extraño movimiento. Lo ha hecho pocas semanas después de haber iniciado la cancelación de las sanciones a la dictadura cubana, que desde hace más de medio siglo maltrata a los disidentes con la misma o mayor saña de lo que lo hace el gobierno de Nicolás Maduro con su magullada oposición.
Existe, además, una cuestión de filiación. Cuba es la madre del cordero.Venezuela se comporta de esa manera porque los asesores cubanos que mandan en el país así lo aconsejan. Esa es la expertise que Cuba vende a Venezuela: inteligencia, control social y gobernabilidad de mano dura. Son los grandes constructores de jaulas del planeta. Aprendieron la técnica de los soviéticos y los han superado.
Naturalmente, Fidel y Raúl Castro salieron de inmediato en apasionadadefensa del chavismo. Con el pan no se juega. Los Castro saben perfectamente que más valen los 13.000 millones anuales de dólares en subsidios, ayudas y negocios que les proporciona su gran colonia política que los nuevos arrumacos y promesas de Estados Unidos.
La nota oficial cubana establecía que Venezuela no estaba sola. Dentro de los códigos testiculares cubanos eso quiere decir que, si se trata de combatir, allí estarán los soldados de la madre patria cubana.
Por supuesto, son vicios del lenguaje. Gestos para la galería. Los Castro saben que no hay el menor interés por parte de Estados Unidos en recurrir a la violencia para liquidar el chavismo. Nadie va a invadir Venezuela.
Lo que suele ignorarse es por qué Obama ha dado este paso contradictorio que sólo sirve para construirle un pretexto nacionalista a Maduro, aumentar la represión y despertar el avispero latinoamericano.
Esto hay que explicarlo.
Venezuela sí es un riesgo para la seguridad de Estados Unidos, pero no por la violación de los derechos humanos de los demócratas –esa fue la coartada–, sino por tres actividades que aparecen codificadas en la definición doctrinaria que señala dónde comienza o se intensifica el peligro para la sociedad norteamericana.
Quien quiera conocer la visión que prevalece en Washington en este terreno debe asomarse al libro Reconceptualizing Security in the Américas in the 21th Century, y leer, en especial, el capítulo "Venezuela: Trends in Organized Crime", escrito por el analista Joseph M. Humire.
El chavismo ha cruzado las tres rayas rojas.
En primer lugar está la complicidad venezolana con los terroristas islamistas de Irán. El hombre de los ayatolás de Teherán es el gobernador del estado de Aragua, Tareck el Aissami, de origen árabe, exministro del Interior. Ha utilizado sus cargos para crear en la región una red de terroristas del Medio Oriente alimentada con el narcotráfico. En Irán sueñan con que será presidente de Venezuela.
El otro límite violado por el chavismo es, precisamente, el narcotráfico. Hay generales venezolanos metidos hasta las cejas en ese turbio negocio. De las 700 toneladas de cocaína que anualmente se producen en el planeta, 300 pasan por Venezuela rumbo a Europa, vía África, o rumbo a USA, vía Centroamérica. Diosdado Cabello, el presidente del Parlamento, ha sido acusado de ser el jefe del Cártel de los Soles.
Y el tercero es el inmenso lavado de dinero mal habido. PDVSA es el sitio en el que se suelen hacer la mayor parte de las transacciones torcidas, incluidas las emisiones de bonos. Más que una empresa, es la cueva de Ali Babá, pero con muchos más de 40 ladrones. Esa plata sirve para corromper políticos, comprar influencias y pagar sus servicios a los delincuentes.
La Casa Blanca sabe todo esto al dedillo. Se lo han dicho sus diplomáticos, los servicios de inteligencia y los desertores. A Walid Makled García, un capo venezolano del narcotráfico del tamaño de Pablo Escobar, antes de que sus captores colombianos lo deportaran a Venezuela, lo interrogaron profusamente los agentes de la DEA.
El Turco –así le llaman– cantó "La traviata". Lo dijo todo. Y luego parece que el último recién llegado, Leamsy Salazar, mano derecha de Diosdado Cabello y de Hugo Chávez, recientemente asilado en territorio norteamericano, lo corroboró y aportó nuevos datos. Ya no se podía seguir diciendo que Venezuela no era un peligro sino "una molestia".
Venezuela, realmente, es un riesgo para la seguridad de USA y del Hemisferio. El error de Obama ha sido no encarar de frente a su enemigo, y llamarle pan al pan y vino al vino, sino elegir una denuncia oblicua y formularla mal para que ni siquiera se entienda. Quería quedar bien con todos y ha conseguido exactamente lo opuesto. Una pena.