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martes, 6 de octubre de 2015

Jesús Petit da Costa: Una puñalada por la espalda a la Venezuela decente

Corre en el extranjero el rumor de que Cuba ha pactado con Estados Unidos el resultado de las elecciones parlamentarias en su colonia de Venezuela, que dicho pacto cuenta con la aprobación del Vaticano y la aceptación de la MUD. Lo informa Luis José Semprún, joven abogado y destacado columnista, con estas palabras: “Dentro del marco de un nuevo credo internacional, según el cual lo más importante es garantizar la paz y la estabilidad de las naciones, aunque triunfe la impunidad, Raúl Castro y sus aliados orquestaron un plan…. El plan consiste en negociar con la MUD un triunfo apretado de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias, para que ésta obtenga una mayoría simple, incapaz de modificar la estructura actual de poder. El nuevo presidente de la Asamblea Nacional sería un conocido dirigente opositor…. En esta operación participan los mismos factores internacionales que promueven una transición controlada en Cuba y un acuerdo de paz con las FARC; es decir, Raúl Castro, el Departamento de Estado y, aparentemente, también el Papa Francisco, quienes consideran que la estabilidad es más importante de la justicia”.

No pongo en duda que efectivamente se haya pactado lo dicho por los indicios siguientes:

1.- El Secretario de Estado de EE UU, John Kerry, declaró al periodista Andrés Openheimer hace poco tiempo que estaba negociando con Cuba sobre Venezuela. Más claro no podía ser: Estados Unidos reconoce a Cuba como propietaria de Venezuela y a nuestro país como protectorado de Cuba. Y, en consecuencia, incluye a Venezuela en el paquete que negocia con Cuba. Esto se llama “política realista”, inmoral pero realista. Merece este trato un país con un gobierno títere sin oposición, cuyo rol está usurpado por colaboracionistas. Y peor aún: un país sin ejército, porque no lo tiene desde cuando perdió la soberanía sin disparar un tiro obedeciendo a un infiltrado cubano en función de Comandante en Jefe.

2.- El líder eterno del partido más colaboracionista declaró textualmente hace pocas semanas: “una nueva mayoría en el Parlamento no implicará la salida inmediata de Maduro, pero sí conducirá a la estabilización del país.” Comunicó así la orden recibida por el pacto entre EE.UU. y Cuba: “ustedes, colaboracionistas, tendrán mayoría pero no suficiente para cambiar el gobierno y el sistema, si acaso lo pretendieron alguna vez, y en consecuencia tienen que garantizarle estabilidad a Maduro.” A buen entendedor, pocas palabras bastan: la victoria de los colaboracionistas será únicamente para darle un respiro a Maduro, a fin de que aguante hasta el final del período. ¿Que las encuestas indican, según los propios colaboracionistas, que podrían ganar con hasta el 75% de los votos? Esto no importa. Se aplica el método del referéndum de 2007, que perdió Chávez por paliza pero nunca se dieron los resultados definitivos dejándolo en una diferencia parcial por una cantidad mínima. En su soberbia el perdedor la llamó “victoria de mierda”. Y lo fue en verdad porque de todos modos hizo lo que le dio la gana.

3.- Al líder eterno del segundo partido más colaboracionista ya lo llaman “presidente” sus propios partidarios, haciendo ver que lo será de la Asamblea Nacional para la cual le han garantizado su elección, apartando a cualquier rival de peso.

4.- Anuncian el regreso del jefe eterno del tercer partido más colaboracionista, no teniendo otra explicación de estar arreglado su juicio para decretarse su libertad inmediata apenas esté en el país.

5.- Finalmente el Papa Francisco ha exhortado a los Obispos de Venezuela, en ocasión de su visita anual, a procurar el diálogo y la reconciliación entre dos sectores que simulan estar enfrentados: títeres y colaboracionistas, cuando son los socios que sostienen la tiranía comunista. Ellos dialogan todos los días y no necesitan reconciliarse porque no están peleados. Si Dios es uno y trino, títeres y colaboracionistas son dos en uno.

Estos hechos hacen presumir el pacto de que se habla, a ejecutar por títeres y colaboracionistas. Los que no somos ni lo uno ni lo otro, debemos hacernos estas preguntas: 1) ¿Tiene viabilidad este pacto infame, en el supuesto de que se confirme?; y, 2) En todo caso, qué debemos hacer para impedir que queden impunes la traición a la patria, el saqueo a la Nación y los crímenes de lesa humanidad, y de este modo Venezuela quede en manos de una versión criolla de la mafia rusa, en la cual se transformó la jerarquía comunista soviética?

@petitdacosta

domingo, 12 de octubre de 2014

Sérguei Kirov o del asesinato como instrumento político

La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada. Macbeth, 5to acto, escena 5 

1. Los más cruentos e impactantes asesinatos políticos comparten similares principios y obedecen a causas semejantes. Sus víctimas suelen haberse adentrado en un territorio vedado, monopolizado por el máximo líder, y suceden cuando las alarmas indican que se han acercado demasiado al corazón del Poder. Y no en cualquier momento, sino precisamente cuando el victimario – siempre un gángster político, llámese Stalin, Hitler, Fidel Castro, Pinochet o como quiera se llame el administrador de la dictadura en cuestión - se siente más débil y acechado. Sea porque abandona un terreno conocido y debe aventurarse en terra incognita abriéndose a un nuevo ciclo estratégico, sea porque la víctima ya ruge en su cueva y amenaza con desalojarlo de sus posiciones.

De allí su inevitabilidad. El Poder, cuando impera la ley de la selva de dictaduras y tiranías, reclama sangre. Dictador o tirano, poco importan los medios y razones que lo encumbraron a las alturas, que no esté dispuesto a verterla, está condenado al fracaso. Que suele saldarse con la pérdida de la propia vida. De allí que el tirano, el más poderoso e implacable asesino potencial de que se tenga memoria, se aterrorice ante la sola idea de su propia muerte y no trepide en provocar la de quien sospeche será su enemigo mortal. Detrás de todo dictador se esconde Macbeth, el usurpador y asesino capaz de entintar un océano con la sangre derramada por sus víctimas. He aquí el perfil de Koba, como fuera llamado Stalin, el asesino intelectual de Kirov, en su juventud: “atracos a bancos, actos de extorsión y protección mafiosa, actividades incendiarias, piratería, asesinato: en una palabra el gangsterismo político que tanto impresionó a Lenin y que enseñó a Stalin unas habilidades que tan valiosas se revelarían más tarde en la jungla política de la Unión Soviética” (El joven Stalin, la historia secreta de un revolucionario, Simón Sebag Montefiore, Memoria Crítica, Barcelona, 2008, pág. 16.). Lo que pocos saben es que, además de matón, era un intelectual. De allí la fascinación que ejerciera sobre Lenin.

Una extraña y recíproca fascinación encadenó las vidas paralelas de Adolf Hitler, el semi dios germano, y Iosef Stalin, “el más esquivo y fascinantes de los titanes del siglo XX”. Se sabían revolucionarios feroces, implacables, asesinos, despóticos, crueles y malvados. Sentían el mismo desprecio visceral por el liberalismo y las democracias, débiles y decadentes formas de convivencia social. Y llevados por el furor de sus ambiciones totalitarias provocaron las matanzas más sangrientas de la historia moderna. A la devastadora acción por ellos desencadenada se deben más de cien millones de víctimas mortales, las hambrunas y el horror sistemático de la Shoah y el Archipiélago Gulag. Su mortal enemistad se debió a una vieja razón que une la política con la astronomía: el sol no acepta competencias.

2. El 1 de diciembre de 1934, a seis meses de vivirse en Alemania la siniestra Noche de los Cuchillos Largos, que apartara del camino de Adolf Hitler mediante un brutal asesinato colectivo a los sectores revolucionarios más radicales del nacionalsocialismo, el Estado Mayor de las SA, era asesinado en el Palacio Smolny, conocido mundialmente como “Palacio de Invierno”, teatro en que se librara el primer acto de la revolución rusa en 1905, sede del Soviet de Petrogrado bajo la presidencia de Trotsky y luego asiento del congreso de Leningrado, el líder máximo de los comunistas de Leningrado, Sérguei Kirov. Kirov era, sin lugar a dudas, el segundo hombre más importante del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), disfrutaba de una avasallante popularidad y acababa de ser electo como miembro titular del Comité Central del PCUS con tan solo 3 votos en contra. Un resultado humillante para el secretario general del partido y líder máximo de la Unión Soviética, dueño y señor de todas las Rusias y tan poderoso como lo fuera el Zar Pedro el Grande, el georgiano Iosef Stalin, que también había sido electo, pero con 300 votos en contra.

Era una diferencia capital, pues el fervoroso respaldo a Kirov suponía el reconocimiento a su talante conciliador, sabido de todos que se oponía a la persecución desatada por Stalin contra la vieja guardia bolchevique y propugnaba una vía más democrática y cercana a la de Lenin en el desarrollo de la revolución, que pasaba por uno de sus más críticos momentos. Coronaba una brillante carrera en el interior del partido asumiendo la dirección de la ciudad más importante de la Unión Soviética. Se había negado a trasladarse a Moscú, adonde lo invitara Stalin para mantenerlo bajo control, lo que ahondaría la desconfianza del “Padrecito”, y se aprestaba a darle a conocer a sus ciudadanos una noticia de gran importancia, como era ordenar la suspensión del racionamiento de pan y otros alimentos esenciales, liberalizando la economía y contribuyendo a aliviar las graves penurias por las que había pasado la población soviética, mermada durante la economía de guerra decidida por Lenin y llevada a la práctica con ferocidad implacable por Stalin, provocando las temibles “hambrunas”, millones y millones de campesinos pobres y obreros muertos literalmente del hambre.

3. Las pruebas acusatorias contra Stalin como inductor directo del asesinato de Kirov fueron aplastantes: la mañana del 1 de diciembre de 1934 había desaparecido la guardia de seguridad del palacio Smolny, centro del poder bolchevique en Leningrado, lo que le permitió al asesino, Leonidas Nikolayev, un modesto obrero comunista, hambriento y desempleado provisto de documentos de identidad como militante bolchevique, pasearse a sus anchas por el desierto edificio, ocultarse en un baño, ver pasar a Kirov hasta su despacho, seguirlo y dispararle en la nuca con un revolver provisto por el partido, sin encontrar el menor obstáculo. El chofer y guardaespaldas de Kirov, un hombre débil y enfermo incapaz de cumplir su tarea de espaldero, fue convocado de urgencia por Stalin, que se trasladara desde Moscú para dirigir personalmente las investigaciones – para someterlo a un interrogatorio, encontrando la muerte en un extraño accidente mientras conducía su destartalado camión por las pésimas carreteras a las que se adentrara. Pocos dudaron de la responsabilidad de Stalin y sus hombres en esa extraña y oportuna muerte.

Pero tan eximio en el arte de la manipulación, la intriga y las conspiraciones como su par Adolfo Hitler, Stalin aprovecharía el suceso para achacarle el asesinato a la oposición trotskista, al ultra izquierdismo y a la derecha conservadora de las guardias blancas utilizando la muerte y las honras fúnebres del popular líder como pretexto para una avalancha de persecución y asesinatos sin precedentes. Fusilado Nikolayev y asesinados su esposa y todos los miembros de su familia, así como los eventuales testigos de los hechos, como el guardaespaldas de Kirov, procedió Stalin a enfilarlas contra sus viejos camaradas Kámenev y Zinoviev, con los que en su momento se aliara formando la temible Troika con que sacara del camino a Trotsky e iniciar la farsa judicial más ominosa de la historia contemporánea, los llamados “procesos espectáculos de Moscú”. Amparado en la justificación oficial ordenó detener a Lev Kámenev, Grigori Zinóviev, y a otros catorce líderes soviéticos, que luego fueron juzgados en un juicio público y ejecutados en 1936. Durante los juicios espectáculos lo más selecto y distinguido del liderazgo bolchevique se auto inculpó de crímenes inexistentes, al extremo que al cabo de dichos juicios sólo en Leningrado habrían sido arrestadas o ejecutadas más de cien mil personas. Una farsa que no culminaría hasta que seis años después un comunista catalán, Ramón Mercader, penetrara el círculo íntimo de Trotsky en México y lo asesinara con un certero golpe de piolet.

4. Un cuarto de siglo después de estos cruentos sucesos, muerto Stalin y abiertos algunos resquicios de libertad en la implacable tiranía bolchevique, el mundo se enteraría por boca de uno de sus protagonistas, Nikita Kruschev, de parte importante de toda esta tramoya siniestra. Tímidamente primero y convertido en avalancha después, el horrendo terror del estalinismo soviético rompería todas las barreras, provocaría una grave fisura en el aparato burocrático, impondría la llamada Glasnost o transparencia y la parafernalia totalitaria se vendría abajo por su propio peso. Cuyo resultado final fuera la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética misma y su bloque de poder neocolonial.

Ya abundan los testimonios de ese período siniestro de la historia del comunismo mundial, reverso de la medalla del nazismo hitleriano, de entre los cuales recomiendo la lectura de Stalin, una biografía, de Robert Service, Stalin, Breaker of Nations y El asesinato de Kirov, de Robert Conquest, La corte del Zar Rojo, de Simón Sebag Montefiore y una maravillosa versión novelada de la vida y asesinato de Trotsky del novelista cubano Leonardo Padura, El hombre que amaba a los perros. Valga señalar que en todos estos casos de asesinatos políticos como el de Röhm por Hitler y el de Kirov, por Stalin, víctima y victimario estuvieron profundamente emparentados. Las víctimas sirvieron con lealtad y devoción a sus victimarios, hasta que se convirtieron en un peligro para su sobrevivencia. Como lo fuera inmediatamente después el asalto al Poder por la camarilla de Fidel Castro el carismático comandante Cienfuegos, desaparecido inexplicablemente y para siempre de los cielos cubanos, el comandante Huber Matos, enterrado en las mazmorras castristas durante 20 años y el comandante Arnaldo Ochoa Sánchez, héroe de Ogaden y máxima estrella en el firmamento de los “dulces guerreros cubanos”, al igual que su íntimo amigo y compañero, el comandante Tony de la Guardia. Castro ordenó sus asesinatos políticos, travestidos de juicio moral y faramalla jurídica, cuando viera que la popularidad de Ochoa Sánchez ante un pueblo desesperado por sus carencias y su cercana amistad con el liderazgo de la Perestroika podía sacarlo del juego.

Es el fin que les espera a todas las revoluciones – grandes o pequeñas, falsas o verdaderas, trascendentes u oprobiosas: terminar en el estercolero de la traición, el odio, la venganza y la muerte. Detrás de todo asesinato político de estas magnitudes late Macbeth, el monarca asesino. También en estas miserables latitudes, las del fascismo tropical. Todas terminan transitando el espinoso y empedrado camino del horror.

@sangarccs 





viernes, 3 de octubre de 2014

¿Quien asesinó a Robert Serra? por Gustavo Coronel

Quien asesinó a Robert Serra?


Samper: ¿nuevo miembro de la policía del régimen venezolano? 




*** De Maduro  a Samper a Iris Varela: un extremismo
       fanático desbocado

El horrible asesinato de Robert Serra ha desatado una ola de fanatismo  y de rencor en contra de los venezolanos que no piensan como el régimen. Horas después del crimen, sin prueba alguna, tres de los representantes del régimen han acusado a "la oposición" de haber cometido el crimen. Nombran nombres al azar sin tener la menor cautela. Lo que es peor es que los nombrados no pueden ser todos culpables de ese crimen. Ni siquiera se pusieron de acuerdo estas bestias que acusan ciegamente.

Veamos:
1.     El analfabeta Nicolás Maduro dijo :, ver ND / 2 oct 2014,  que no iba a “jugar a la politiquería ni a la hipocresía”. Y sin embargo, durante unos 20 minutos de su discurso sobre el asesinato de Robert Serra desde la sede del Parlamento, Maduro atacó a la oposición e identificó a los autores intelectuales de los asesinatos de Serra, Danilo Anderson y Eliécer Otayza…. acusó sin presentar pruebas, a “factores de la derecha imperial ‘mayamera’ de estar detrás del asesinato” de Robert Serra y su compañera María Herrera. Y también de [los asesinatos] de  Danilo Anderson y de Eliécer Otayza.


2.    Por su parte, el cachaco pro-chavista que preside UNASUR, Ernesto Samper, se permitió expresar una opinión sobre el asesinato y dijo lo siguiente en El Universal de hoy: "Asesinato del joven diputado Robert Serra en Venezuela es una preocupante señal de infiltración del paramilitarismo colombiano"

3.    Iris Varela, la grotesca ministro de prisiones no se quedó atrás y dijo lo siguiente en sus tweets: -“El accionar del neofascismo criollo cantado por el Terrorista Saleh, aliado de Uribe y su creación las AUC, tendrán mucho que explicar!” (7:55am 02/10/14)….  “Causa indignación las expresiones del fascista Saleh develando sus macabros planes, pero aun más el vil silencio cómplice de sus compinches!” (7:58am 02/10/14).

4.    Dos actrices de reparto en esta explosión ciega de odio, Blanca Eekhout y Maripili Hernández, achacan el crimen indistintamente a la “burguesía” y al “fascismo”.

Entonces, quien asesinó a Robert Serra? Fué Uribe, Saleh, el paramilitarismo colombiano,  la derecha mayamera, la burguesía, el fascismo. Quien diablos fue?

No sería el hampa común, como fue el caso en la muerte espantosa de Eliécer Otaiza? No sería algun rival de su misma tolda política? Sería un crimen pasional, los cuales tienen preferencia por el puñal? No sería algo similar a lo que le sucedió a Danilo Anderson, quien podría haber sido silenciado por miembros del régimen? ?  Sobre ese  crimen Jose Vicente Rangel e Isaías Rodríguez tendrían mucho que decirle a las autoridades, si existiesen autoridades que no fueran ellos mismos.

La presencia en el gobierno de gente inepta y vengativa, la existencia de este clima espantoso de odio, de irresponsabilidad y de inseguridad hacen hoy de Venezuela uno de los países más desagradables del planeta. Por eso es que los venezolanos se van, en una diáspora que ha tomado la fisonomía de una estampida. 

Que horror! 



LAS ARMAS DE CORONEL: Quien asesinó a Robert Serra?


miércoles, 6 de febrero de 2013

El asalto al tren de El Encanto « Crónicas del Tanato

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El asalto al tren de El Encanto


El asalto al tren de El Encanto Guerrilla
La señora Margot Rodríguez y su hija Nelly se levantaron de madrugada a pesar de ser domingo. Estaban entusiasmadas por la excursión que harían en tren a la paradisíaca locación de El Encanto cercana a la ciudad de Los Teques en el estado Miranda. La noche anterior habían preparado todo cuidadosamente, esperaban poder disfrutar de un delicioso día de campo que les ayudara a reponer energías.
A esa misma hora en otro punto de la ciudad, el señor Martín Rojas; hombre bajo, de constitución fuerte, cabello ensortijado, nariz ancha y penetrante mirada de indio salía hacia su trabajo. Laboraba desde hacía 35 años como maquinista del Gran Ferrocarril de Venezuela. Aquel día conduciría una maquina con 10 vagones desde Caracas hasta El Encanto; para Martín aquel no era más que otro día de rutina.
En la Venezuela de 1963, un paseo en tren era una actividad lúdica con ribetes nostálgicos, hacía mucho tiempo que los vehículos automotores habían impuesto su primacía como medio de transporte. En nuestro país la presencia del ferrocarril fue corta y tormentosa, su origen se remonta al lejano 1826 cuando mister Robert Stephenson propone al gobierno republicano la creación de un camino de hierro que sustituyera al viejo sendero que los españoles dejaron entre el puerto de La Guaira y Caracas. Esta idea no se concreta sino hasta el 25 de julio de 1882, cuando luego de años de idiosincrásicos retardos burocráticos, el presidente Guzmán Blanco con un inmenso séquito hace el viaje inaugural.
Entre 1835 y 1925 se desarrolla una febril actividad en torno al tendido de vías férreas  que unieran a las principales ciudades del país, esto se hizo con el concurso de empresas extranjeras. A fines del siglo XIX se constituyó la Grosse Venezuela Eisenbahn, de capital alemán que tenía como fin administrar el Gran Ferrocarril de Venezuela, su funcionamiento estuvo marcado por numerosos impasses diplomáticos y continuos pleitos legales que concluyeron en 1945 cuando la Junta Revolucionaria de Gobierno procedió a su expropiación. En la década del 60 era esta compañía la que explotaba la ruta recreacional Caracas- El Encanto.
Guerrillas El asalto al tren de El Encanto
Pasadas las ocho de la mañana, numerosas familias aguardaban en el andén de la estación Caño Amarillo su turno de abordar. Un ambiente festivo rodeaba el trasegar de cajas, paquetes y cestos de comida. El tren se iba llenando poco a poco; en el vagón número 28 se instaló un grupo de chicas con un conjunto musical dispuestas a amenizar el viaje con simpáticas canciones de moda. En la locomotora, Martín Rojas y su ayudante Alfredo Lugo esperaban la orden de salida.
Entre los que abordaron en la estación Caño Amarillo, estaba un grupo de jóvenes circunspectos que llevaban lo que parecían ser inocentes cestas de picnic.
A las 8:30 de la mañana el guardia de la estación hizo sonar su silbato. Al escucharlo, Martín Rojas comenzó la marcha; se oyeron gritos de entusiasmo y la chiquillada trataba de ubicar los mejores puestos para mirar el paisaje. La primera parada del itinerario era la estación Palo Grande, luego seguía Las Adjuntas y de allí la vieja maquina subía hasta la estación de Los Teques en la que un nutrido grupo de alegres personas aguardaba.
En Los Teques el tren sería abordado por diez efectivos adscritos al Servicio Forestal de la Guardia Nacional. Estos agentes eran los encargados de vigilar y proteger a los visitantes de El Encanto. Horas después varios de los pasajeros recordarían que entre las personas que subieron en esa estación estaban dos damas con maletines de mano que al ingresar al vagón saludaron a los jóvenes que venían desde Caño Amarillo con las cestas de picnic.
Al salir de Los Teques rumbo a su destino final, el tren llevaba 500 pasajeros.
El viaje transcurrió con total normalidad hasta las 10:20 de la mañana cuando la maquina ingresó al túnel 10, de dos kilómetros de largo. En medio de la oscuridad un estruendo puso fin a las canciones del conjunto. La primera detonación dio paso a una sucesión de nuevos disparos. El terror se apoderó de los confusos pasajeros cuando alguien exclamó:
- ¡Un asalto, es un asalto!
Las mujeres y los niños comenzaron a gritar, y el aire dentro de los vagones se cargó con olor a pólvora. Cuando por fin el tren salía del túnel y de nuevo la luz comenzaba a inundarlo, los excursionistas vieron como los asaltantes se subían a los asientos para gritar arengas revolucionarias. Una de las mujeres que se había subido en Los Teques sacó un atomizador del maletín de mano y se dio a la tarea de pintar consignas. En cuestión de segundos el grupo armado había tomado el control del tren.  Los guerrilleros explicaban que pertenecían al comando César Augusto Ríos de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y que ejecutaban la Operación Italo Sardi, sin embargo en muchas de las pintas decían que se trataba de la Operación Olga Luzardo,durante todo el accionar los subversivos parecían estar muy nerviosos y desorientados.
Por las declaraciones posteriores se supo que todo comenzó en medio del túnel cuando los jóvenes que venían desde Caño Amarillo sacaron armas de las cestas para picnic, uno de ellos encañonó al sargento Saturnino Reyes Palma, quien estaba al mando del grupo de la Guardia Nacional. El sargento Reyes se negó a entregar su arma e hizo un disparo que no alcanzó a nadie, esto fue suficiente para que lo acribillaran; raudamente los irregulares fueron tomando cada uno de los vagones, el resto de los guardias que trató de enfrentárseles fueron igualmente baleados, 3 de ellos murieron inmediatamente y dos resultaron heridos de gravedad.
Guerrillas El asalto al tren de El Encanto
La balacera dejó varios civiles heridos, entre ellos la señora Carmen Aurora de Romana de 40 años, el púber Alberto Naranjo de 14, la señora Teresa de Rodríguez de 31 y su pequeña hija de 9 años, Eglé Rodríguez. Todos sobrevivieron.
Mientras en los carros había un pequeño infierno de sangre y pólvora, en la locomotora que los halaba montaña arriba Martín Rojas y su ayudante Alfredo Lugo se mantenían ignorantes de lo que sucedía, el ruido del viejo motor les impedía escuchar nada. Cuando llegaron a la estación de El Encanto, Martín volvió la cabeza y vio que de uno de los vagones descendían unos hombres armados que rápidamente subieron hasta donde él estaba. Le pusieron la pistola en la sien y de manera violenta le ordenaron que se quedara quieto, al ayudante lo pusieron a desenganchar nueve de los vagones, entretanto varios de los guerrilleros cortaron los hilos telefónicos y los cables de los telégrafos; cuando solo quedo el vagón número 28 unido a la locomotora, el jefe del grupo armado, un trigueño alto de lentes oscuros y boina negra, conminó a sus efectivos a que abordaran el vagón y a Martín le ordenó que pusiera marcha a toda maquina hacia Los Teques. Nervioso como estaba, el maquinista trató de decir algo, pero uno de los hombres le gritó que se callara. Cuando pasaban al lado de los vagones, Martín y su ayudante pudieron ver que había gente herida, llevó el tren lo más rápido que pudo a través del sinuoso camino y cuando llegaron nuevamente al túnel 10, el jefe de los insurrectos le ordenó detenerse.
Los guerrilleros se bajaron a toda velocidad para abordar unos vehículos que los esperaban en la orilla de la carretera. Al verlos ya lejos, Martín que venía pensando en los cuerpos que había visto tendidos en El Encanto le dijo a su ayudante:
- Allá hacemos falta, hay muertos y heridos
Y sin pensarlo dos veces tomó rumbo a la estación de Los Teques que era la más cercana; luego de avisar a las autoridades lo que había pasado se regresó a El Encanto para trasladar a los heridos.
A partir de ese momento un comando unificado de la Guardia Nacional, la DIGEPOL, la PTJ y la policía de Transito se dedicó a la caza de los subversivos con los datos aportados por el maquinista.
Al llegar al Policlínico de Los Teques, el sargento Saturnino Reyes ya estaba muerto, igual suerte corrieron Melecio Crespo y Cristóbal Velasco, antes de caer la noche fallecieron los distinguidos David Anzola y Carlos Santiago Noguera. El guardia Oscar Evaristo que fue encontrado al fondo de un barranco con una herida en la región frontal se salvó milagrosamente.
Lo único que los guerrilleros lograron llevarse de aquella extraña acción fueron diez sub ametralladoras Madsen y un par de revólveres. A los ojos de tirios y troyanos aquel fue el error más estúpido y criminal que cometió la guerrilla que operó en Venezuela en el primer lustro de la década de los 60. Todo el mundo se preguntaba qué sentido podía tener ejecutar aquella matanza en un tren que lo único que llevaba era excursionistas a un parque recreacional.
Guerrillas El asalto al tren de El Encanto
Rómulo Betancourt, entonces Presidente de la República y furioso anticomunista vio en esto la oportunidad de oro para deshacerse de la oposición izquierdista que hasta ese momento hacía vida legal. El lunes 30 de septiembre de 1963 en la noche, el ministro de Relaciones Interiores Manuel Mantilla anunció al país que el gobierno tomaría fuertes medidas para luchar contra el terrorismo. Ese mismo día en la mañana el alto mando militar se reunió de emergencia en el cuartel de La Planicie, en los días subsiguientes las detenciones se contaron por centenares; una de las medidas que anunció el gobierno fue la de solicitar el allanamiento de la inmunidad parlamentaria de los diputados al Congreso Nacional por el Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)  y su detención para ser sometidos a juicios militares.
El primero de octubre, Gustavo Machado del PCV y Domingo Alberto Rángel del MIR suscribieron un comunicado de prensa en el que a título personal repudiaban la acción de El Encanto y eximían de toda culpa a sus partidos. Era, sin embargo, demasiado tarde pues el gobierno ya había tomado la decisión de impulsar los mecanismos estatales para ilegalizar a los partidos de izquierda.
Ya el mismo 30 de septiembre el Ministro de la Defensa, General Antonio Briceño Linares ordenó al juez militar tercero de primera instancia, Capitán (a) Rafael Ángel Chalbaud que iniciara juicio militar contra un grupo de diputados y senadores acusados de rebelión militar. Así que el mismo día que aparecía el comunicado de prensa de Machado y Rángel, comenzaban las detenciones, primero apresaron al mismo Gustavo y a su hermano Eduardo Machado junto a Jesús María Casal y Jesús Villavicencio. En las siguientes jornadas apresarían a Simón Sáez Mérida, Pedro Ortega Díaz, Guillermo García Ponce, Pompeyo Márquez y a Domingo Alberto Rángel.
Al mismo tiempo que esto se desarrollaba, el gobierno comenzó una inteligente campaña mediática destinada a ganarse el favor de la opinión pública, los diarios se vieron inundados de avisos en los que se llamaba a luchar contra el terrorismo “viniera de donde viniera” Todos empezaban con la frase: Venezuela dice NO a los terroristas.
Una semana después del asalto al tren de El Encanto, el presidente Rómulo Betancourt apareció ante las cámaras de televisión para un discurso; entre lo que dijo se destaca la siguiente frase: “han sido fría y cobardemente asesinados cinco miembros de la Guardia Nacional y heridos mujeres y niños en el tren que semanalmente lleva a personas de Caracas a pasar el fin de semana en Los Teques. Fue un asesinato insólito y extraño a toda la historia política del país […] Los victimarios pintaron consignas alardosamente retadoras, indicando que ese asesinato cobarde lo había realizado el partido comunista. En Venezuela la lucha contra los terroristas ha entrado en una etapa definitiva, el gobierno no dará ni pedirá cuartel”.
La izquierda como afirmarían más tarde los analistas políticos se le había brindado en bandeja de plata al gobierno con aquella estúpida acción.
Guerrillas El asalto al tren de El Encanto
Con el pasar de los años el asalto al Tren de Encanto se convirtió en un tema tabú para aquellos que en la década del 60 militaron en las filas de la izquierda revolucionaria. El fin de la guerra y la progresiva incorporación de los ex combatientes a la vida civil acentuaron el silencio en torno al tema. Nadie quería hablar de ello, lo de El Encanto había sido una acción absurda y vergonzosa. Como en todo tema prohibido las suposiciones y los rumores crearon un velo que ocultaba a la verdad histórica, las direcciones del PCV y del MIR negaron tercamente haber autorizado aquella operación y entre corredores se decía que el responsable de la misma había sido Teodoro Petkoff, otros aseguraban que en la misma había participado Máximo Canales, el hombre que unos meses atrás secuestrara al futbolista Di Stefano. Algunos afirmaron que aquello fue realmente orquestado por el gobierno para justificar la represión contra los revolucionarios.
Solo cuando habían pasado 34 años del asalto al tren, Luis Correa, ex guerrillero fundador del Comando César Augusto Ríos, se presento ante el periodista Albor Rodríguez para contar su versión de lo sucedido.
El 21 de julio de 1997, Luis Correa, ahora escritor y cineasta reveló que aquella operación fue organizada por una Unidad Táctica de Combate de la Brigada Nro. 1, de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.
“Recibimos la información de que en ese tren iba a ser trasladado un parque de armas – comenzó Luis Correa – así que la brigada planificó la operación de forma tal que hubiese el menor número de lesionados. Para el efecto se colocaron hombres y mujeres combatientes en ambos extremos de los vagones, de manera de poder neutralizar la actividad de los guardias que también iban repartidos en los vagones. No teníamos previsto ningún enfrentamiento. Fue realmente un lamentable error.  Al final no hubo ningún traslado de armas. Fue una operación fallida se tomó algún armamento de los guardias, pero ese no era el objetivo. Ni tampoco el lamentable resultado de cinco guardias muertos; por nuestra parte no hubo ningún herido grave. Después vinieron las consecuencias: esta acción desencadenó una violenta ofensiva política por parte del gobierno”.
La operación, según Luis Correa, estaba plenamente autorizada por el alto mando de las FALN, en la misma no tuvieron nada que ver ni Teodoro Petkoff ni Máximo Canales. Como tampoco tuvieron nada que ver ninguna de las personas que fueron detenidas y acusadas de participar en el asalto al tren.
Guerrillas El asalto al tren de El Encanto
Para el ex comandante guerrillero aquella había sido otra de las muchas y rutinarias acciones de guerra que tuvieron lugar en aquellos años. Solo que aquella acción jugó un papel determinante en la perdida del apoyo que tenía la guerrilla en amplios sectores de la población.
“El Encanto – Afirmó finalmente Correa- impactó a la opinión pública y manejado con todos los medios que tenía el estado a su alcance causó una erosión. Uno de los problemas graves que tuvo la guerra que llevamos a cabo contra el gobierno fue que a la dirección política del PCV le faltó decisión de partido. Ellos jugaban a la guerra en un sentido, pero no tuvieron la decisión de enfrentar el problema en toda su magnitud. Era un juego dual entre la guerra y la paz. El buró político tenía unas ideas que tampoco transmitía; no estaba de acuerdo con la lucha armada pero a su vez la aupaba. Una contradicción flagrante que fue una de las causas fundamentales de la derrota. Nuestra derrota fue básicamente política. No quiero decir con esto que una derrota política sea más importante que una militar, sino que una vez que un movimiento esta derrotado políticamente, sobran los fusiles”.
Con el tiempo el bucólico paraje de El Encanto, escenario de aquellos sangrientos hechos fue cerrado al público. En la mente de los dirigentes políticos de la Venezuela Saudita los trenes no tenían cabida; hasta aquel lugar solo se aventuran grupos de osados excursionistas que suben a pie por la montaña corriendo el riesgo de ser atacados por peligrosas jaurías de perros salvajes.
En el año 2009 el actual gobierno anunció el rescate y reapertura del Parque El Encanto; hasta ahora y al parecer aquello sigue siendo un lugar de eterna maleza.


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