domingo, 8 de marzo de 2015

La ABSTENCIÓN de los “NO ABSTENCIONISTAS”


La ABSTENCIÓN de los “NO ABSTENCIONISTAS” 


Un amigo, inteligente y sencillo por demás, me comenta recientemente: la verdadera pregunta para todos aquellos que hablan mal de los abstencionistas, radica en el verdadero fondo de la palabra. Seguido lanza la pregunta: ¿será que no se han percatado los promotores del votar por votar, que en esencia ellos son los principales abstencionistas? 


Cuando se analiza en profundidad lo sucedido desde el 2004 a la fecha, tenemos que concluir que los más peligrosos abstencionistas son los supuestamente “no abstencionistas”. 


El pueblo llano no votó en el año 2005. No necesitaba ser “muy preparado” como para entender que el CNE torció la voluntad popular en el referéndum del 2004. Y en agosto 2005 se practicó la “abstención de votar”, y vaya que fue contundente: 85% de la población electoral no votó. 


Claro, abstenerse sin una acción clara para el día siguiente, es un error político. Previa a la gran acción del 2005, fue la masiva acción de calle del 11 de abril del 2002: una inmensa marea de caraqueños logró la renuncia del personaje que ya se fue. Pero el 12 de abril, esa inmensa movilización humana se quedó en sus casas, producto de algo muy válido: el miedo. En ambos casos, la falta de una acción pacífica pero contundente para los días siguientes, marcó la pérdida de un gran “momentum” político en ambas reacciones populares. 


Ahora bien, veamos 8 acciones “abstencionistas” de los promotores del “votar a ciegas y sin presencia en las calles”: 


1. Pudiendo evitar desde el mismo 2005 el uso de las captahuellas, no solo las aceptaron, sino que se convirtieron en los principales defensores del sistema electrónico. Es decir, se abstuvieron de defender la simplicidad que debe caracterizar a un sistema electoral, elemento fundamental para que el pueblo será el verdadero actor protagónico de una elección; 

2. Sabiendo que no se ha practicado una AUDITORÍA del Registro Electoral, que sea profesional e independiente, y basada en las mejores prácticas, nos dicen en cada elección que el RE está bueno. Es decir, se abstienen de auditar de verdad; 

3. Sabiendo que el Sistema de Huellas (registro incluido) no funciona, en el verdadero sentido de la palabra, se dan el lujo de firmar un acta con el CNE, en la que manifiestan no tener objeciones, con todo y el 8% de personas “sin huella”. Es decir, se abstienen de denunciar el viciado sistema de identificación del elector; 

4. Sabiendo que, por diseño del CNE, es imposible lograr la defensa del voto en el 40% de las mesas, te dicen que no dudes en votar, porque ellos garantizan testigos en todas las mesas. Es decir, se abstienen de luchar por la eliminación de los centros indefendibles; 

5. Cuando se les demostró que la unión de la captahuella a la máquina de votación es el paso más certero que ha dado el CNE para poder conocer por quién vota la gente, salieron al paso, diciendo que un “algoritmo tipo sorteo de bolitas” desordenaría la secuencia de huellas y votos en la memoria de la máquina, cuando es sabido por ellos que, para empezar, no hay garantía de que la máquina que llega a una mesa no haya sido intervenida uno o dos días antes de la elección. Es decir, se abstienen de defender el secreto del voto; 

6. Cuando sabían perfectamente que el candidato del 7 de octubre estaba condenado a irse, y que ese era el momento más oportuno para ponerse duros con el CNE y exigir la eliminación de la captahuella, la auditoría del RE y la eliminación de los centros hechos a la medida del Régimen, so pena de no ir a votar, a sabiendas que en unos meses tendrían que volver a convocar elecciones, entonces llaman a votar y a reconocer que el susodicho ganó limpiamente, con lo cual, debes concluir que se abstienen de presionar al CNE para exigir condiciones mínimas para votar; 

7. Cuando el pueblo se arrecha el 14 de abril, y el candidato se les une llamando a la calle, y dos días después, estos líderes llaman a que la gente se quede en las casas a escuchar “mentira fresca”, entonces puedes concluir que se abstuvieron de defender la voluntad popular; 

8. Cuando ellos saben que el 14 de abril, de acuerdo a este sistema electoral, el sr. De Miraflores ganó en el 71% de los municipios, y ellos te lo ocultan, para que vayas nuevamente y en forma obediente a votar, sin importarles que en la noche del mismo 8D te encuentres con que el CNE diga que el “proceso” triunfó en más del 70% de los municipios, y que por tanto, una vez más el mapa venezolano es rojo rojito, entonces debes concluir, que se abstienen de ser políticamente transparentes. 


En resumen, hemos tenido dos formas de abstención. La que se practicó puntualmente en el año 2005, y la que la élite de los “no abstencionistas” ha practicado en los últimos 8 años. Y esta última, encierra un problema ético mucho más profundo que la del llamado, poco coherente, de no votar que hicieran los ciudadanos de a pie en el 2005, porque en esencia ha contribuido a legitimar una y otra vez los poderes públicos, incluido el que se reúne en Miraflores. 


Ahora bien, el momento político de hoy es muy distinto al del 7O y al del 14A. 


Hoy, ese pueblo que confió en que se lucharía por hacer respetar la voluntad expresada el 14A, deambula de un lado para otro para conseguir comida y artículos de limpieza, y también, líderes de verdad. 


Hoy, el pueblo no habla de elecciones sino de la escasez, el alto costo de la vida, la inseguridad, y del temor a una explosión social. 


Y mientras esto ocurre, el Régimen juega a la política del “miedo”, y la élite de los “no abstencionistas”, a lavarle la cara el CNE, y por ende, a la estafa histórica llamada 5ta República. 

Es comprensible que los electores de los municipios (30% de los 335) donde siempre gana la oposición, vayan a votar. Pero el verdadero norte es poner sobre la mesa lo políticamente correcto, y ello pasa, por crear espacios novedosos que canalicen las verdaderas inquietudes de la gente, que entiende que las elecciones, por ahora, pasaron a ser un tablero que no resolverá las grandes tensiones por venir. 


@igaztelu 
www.gainzaedmat.blogspot.com




viernes, 6 de marzo de 2015

El nazismo, Chávez y las elecciones. A Julio Borges, Henrique Capriles y Teodoro Petkoff.



El nazismo, Chávez y las elecciones

4 Marzo, 2015

A Julio Borges, Henrique Capriles y Teodoro Petkoff

1. El nazismo vivió dos momentos antinómicos respecto a su valoración de los procesos electorales y la función que cumplían en el contexto del parlamentarismo liberal: frontalmente crítica y utilitaria desde el Putsch de la cervecería, en noviembre de 1923 hasta el 30 de enero de 1933; apologética e incondicional a partir del 31 de enero de 1933. Las consideró tramposas, intrínsecamente injustas e inmanentes al liberalismo dominante, que fijaba las reglas, para convertirlas al día siguiente del asalto al Poder, en la más cabal expresión de la voluntad popular: la voz del pueblo, siempre y cuando de manera directa, asamblearia, a mano alzada y a cara descubierta. Del rechazo a una guillotina privada en manos del sistema liberal a un clamor plebiscitario en manos del nacional socialismo.
Quien mejor expresaría el rechazo a los mecanismos electorales a los que consideraba trampas caza bobos de conservadores, liberales y católicos de centro, fue el gran constitucionalista alemán Carl Schmitt. Para quien, bajo las normas del liberalismo, toda auténtica equidad estaba descartada en esencia cuando la oposición, sin Poder, se enfrentaba al oficialismo, con todo el Poder en sus manos. La clave de ese rechazo: la inequidad esencial entre detentores y adversarios del Poder. Y según el cual, el ganador de los últimos procesos electorales contaba con una ventaja de todo orden, que conspiraba contra el cambio y garantizaba la preservación del sistema: poder institucional, poder político y poder económico.
No se trataba, como lo explicita de manera deslumbrante el abogado del nazismo en uno de sus mejores alegatos, de mero oportunismo: la falsedad de los procesos electorales bajo el régimen democrático liberal hacía a su esencia. Lo público, la teología política de la meta individualidad y del colectivismo de la sangre, la tierra y la raza – o la clase proletaria en la concepción marxista – a la que apuntaba la concepción revolucionaria del nacional socialismo, rechazaba categóricamente la privatización de lo público, la hegemonía de lo individual, la subsunción del destino colectivo a un momento específicamente individual, subjetivo. Exactamente como el colectivismo comunista. Por ello, el solo hecho de encerrarse un individuo en una caseta aislada para comunicarse privada, secretamente con la voluntad general del Estado negaba la esencia de la político, del espacio público. Votar, para ser auténtica expresión del pueblo y de la raza originaria, debía cumplirse a la intemperie: ser un juramento cósmico frente a los dioses del Walhalla, el panteón de los Nibelungos. Como las asambleas multitudinarias de los alemanes de la suástica en la explanada de Núremberg, bajo las banderas, los estandartes y los pendones rojinegros de la Raza Aria. El individuo, el sujeto, sólo podía trascender a la esfera de lo público renunciando a toda singularidad, a toda particularidad, para fundirse en el colectivo. De allí el odio primigenio del colectivo primordial – la raza aria – a lo distinto, cualquiera fuera el medio de la diferenciación: cultura, etnia, religión, lenguaje. De allí la guerra a muerte a las disidencias más específicas y notorias: eslavos, gitanos, judíos.
2. No es su rabioso antiliberalismo el que sufre un vuelco a partir del fracaso del golpe de Estado que intentara en noviembre de 1923 y sus dos años de cárcel: es su comprensión del papel que la lucha electoral podría cumplir en su ascenso al Poder. Contrariando la teoría leninista del asalto al Poder mediante un simple golpe de audacia, comprendió que ante una sociedad compleja, como la alemana – Gramsci llegaría a la misma conclusión en su estadía en la cárcel – debía competir por el control de la Hegemonía política, difundir la cultura nazi, arrinconar a los partidos del sistema y entrar por la mínima rendija que le abrieran las elecciones al vestíbulo del Poder. Lo demás sería coser y cantar. A garrotazos. Guerra de trincheras.
“En un Estado moderno” – escribió desde la cárcel de Bamberg en 1925 – “no se conquista el Poder luchando contra, sino con el Estado”. Primero había que conquistar el Estado. Mediante elecciones. Y luego, disponiendo del favor de sus instituciones y atropellando la Constitución, vaciarlo de toda institucionalidad democrática y como quien cambia un puente de ferrocarril sin interrumpir su tránsito, ir desmontando paso a paso y tan rápida y profundamente como fuera posible, todo el andamiaje democrático-burgués, todo vestigio de liberalismo. Transitar, de esa forma, del Estado liberal de Derecho al Estado total, como lo llamara Mussolini. Era el nacimiento del totalitarismo en Occidente.
Con una particularidad que, para inmensa desgracia de los liberales alemanes de derecha y del centro, incluso de la izquierda socialista y comunista, desalojados del Poder ese 30 de enero de 1933 jamás comprenderían: ese proceso de desalojo y copamiento no es reversible, es unidireccional, sólo funciona en dirección al totalitarismo. La derrota y desaparición de un Estado Totalitario sólo puede producirse mediante la violencia extrema, como la Guerra contra el fascismo alemán, o mediante la auto implosión por desgaste e incapacidad y crisis endógena, como en el caso de la Unión Soviética. El caso de Cuba y Corea del Norte es patético: sus regímenes podrán sobrevivir tanto como les permita el haberse habituado a vegetar en la más extrema indigencia. Dictaduras como la de Pinochet son de otro jaez: son dictaduras parciales, inmanentes al sistema, no cuestionan sus fundamentos. Antes bien, surgen para salvarlos, como en los orígenes de la institución de la dictadura por el senado romano, las de Cincinato. Duran mientras son imprescindibles. Luego desaparecen dando paso a la normalidad.
En cuanto los nazi ingresaron al Poder convocados por Hindenburg comenzaron la faena de demolición, acelerada un mes después gracias al inducido o cosechado incendio del Reichstag. En un año el Estado de Weimar era una ruina sobre la que se había erigido, con gigantesca fuerza, en gloria y majestad, el Estado del Tercer Reich. Sólo faltaba la tragedia, consumada doce años después, en 1945: Alemania hecha ruinas, por y en manos de los aliados.
3. Todo lo que las elecciones podían dar de sí, lo dieron. Reblandecer al sistema de dominación, ganar la calle, acorralar al establecimiento y asaltar el Poder. Tuvieron que pasar sesenta años para que ese mismo proceso volviera a tomar cuerpo, guardando las debidas distancias, con el golpe de Estado de Chávez y sus comandantes y el ascenso al Poder siete años después: empujaron la democracia venezolana a la crisis, fueron amnistiados, aceptaron el juego electoral y entraron a saco a la institucionalidad democrática en 1999. Luego de lo cual hicieron exactamente lo que Carl Schmitt tanto le criticara al sistema electoral burgués: apropiarse de los mecanismos electorales, amasarlos a su antojo, semejanza y conveniencia y abusar tanto como les fuera necesario para arrinconar a la oposición y condenarla a la absoluta impotencia. O compartía el juego o desaparecía. El voto o la vida.
Dobles han sido las ventajas del juego electoral bajo las coordenadas antiliberales del chavismo cívico militar: maniatar a la oposición ungiéndola al yugo electoral y amputarle sus fueros constitucionales, por una parte. Y obtener la legitimación internacional, crédula respecto de la pulcritud y legalidad de dichos procesos y alienada hasta la médula en la creencia de que la realización de elecciones, poco importa su verdad real, constituye la clave definitoria de un sistema democrático. En ambas perversas faenas, la oposición venezolana sirvió de aliada, cómplice y alcahuete. Por razones difíciles de entender, y más difíciles de explicar. Salvo que se comprenda la imbricación ideológico cultural de los socialismos venezolanos de toda suerte con el chavismo caudillesco y militarista. Con el cual le une un subcutáneo cordón umbilical.
En Venezuela, desde los sucesos del 11 de abril, que terminaran por entregarle el control supremo del Estado a la tiranía castrista y la sumisión plena de Hugo Chávez a Fidel Castro, en rigor todas las elecciones han sido fraudulentas. Comenzando por la descarada, ilegal y abusiva inflación del REP a partir del 2003 mediante la nacionalización a destajo de extranjeros reales o imaginarios, la compra masiva de conciencias mediante una gigantesca inversión de recursos ordenados por la ingeniería de dominio de especialistas cubanos y el paquete de misiones puestos en práctica a la carrera y a extremos irrisorios, hasta la redistribución de los circuitos siguiendo criterios capaces de entregar mayorías a destajos: el viejo, manoseado y siempre eficiente “gerrymandering”. Todo lo cual bajo un proceso de automatización que ha permitido la manipulación total de resultados, ante el descarado empleo de los medios y poderes del Estado para controlar las asistencia de votantes, la amenazas de castigos y el chantaje indisimulado a los sectores populares más débiles de la población. Y la marginación absoluta de la oposición en su proceso interno de totalización, conteo y revisión.
Nada de todo esto hubiera podido llevarse a la práctica sin la anuencia implícita o explícita de aquellos sectores de la oposición, que no consideraban un delito dotar a los millones de indocumentados de una nacionalización ad hoc, insólita disposición de la que existen suficientes testimonios. Del mismo tenor y por los mismos personajes que consideraron no ser un delito en absoluto que el candidato a la presidencia a la muerte de Chávez no hubiera nacido en Venezuela. Asunto que consideraron intrascendente. Son quienes consideran que la Constitución es de goma: a gusto de las necesidades de la circunstancia. Prêt a porter. Los mismos que aceptaron convertir un referéndum revocatorio en un plebiscito, torciendo la esencia del artículo 72 de la Constitución, toleraron su postergación durante todo un año, contra las mismas disposiciones de ese violado artículo constitucional, acataron la repetición de la recaudación de firmas por motivos futiles, no alzaron la voz cuando el CNE dio los resultados que le convenían al régimen y entraron en el demoníaco juego de la gallinita ciega en que Jorge Rodríguez y su combo convirtieran los procesos electorales desde entonces.
Hay una pegunta que jamás nunca nos será respondida: ¿por qué ese amplio, mediáticamente mayoritario y poderoso sector de opinión que ha servido nolens volens de cómplice en todo ese perverso proceso de control político y social aceptó las reglas de un juego electoral intrínsecamente tramposo y vil? No tengo la respuesta. Dios quiera que no nos vayamos de este mundo sin encontrarla.
 Antonio Sánchez García

domingo, 1 de marzo de 2015

La izquierda española, a la escuela - A. Sanchez García.

Resultado de imagen de antonio sanchez garciaLa izquierda española, a la escuela 
Para un observador medianamente ilustrado en asuntos de formación y asesoría políticas resultaba más que manifiesto que por niños prodigio que fueran Monedero y Pablo Iglesias, el chavismo no tenía nada que aprender de ellos. Pero ellos, sí, y muchísimo, del chavismo.

En primer lugar de violencia y política. El Chávez español fue un chapucero teniente coronel de la Guardia Civil que ni hablar sabía, carpetovetónico y brutazo, que en lugar de conmover a la sociedad española y ser premiado con la presidencia de España, pasó una larga temporada en la cárcel. Chávez, en cambio, no era un ápice más culto o formado que Tejero, pero poseía propiedades demagógicas, una colosal inescrupulosidad y una capacidad para mentir sin arrugar la verruga que España, en todos sus siglos de historia, no ha conocido.

¿Qué podían enseñarle los nietos de Franco al hijo putativo de Fidel Castro? Nada. Chávez, en cambio, podía darles cátedra de golpismo, de estrategias de asalto electoral, de tácticas de demolición institucional, de saqueo a las arcas del tesoro, de compra y alquiler de conciencias, de manipulación colectiva y encantamiento de masas. Hitler up to day. Mussolini reciclado. Perón del Caribe.

De modo que Iglesias, Monedero y todos sus secuaces vinieron a América Latina becados por la revolución bolivariana a aprender del Evo, el cocalero, Mujica, el tupa, Correa, el señorito, los Kirchner, expertos en conducción de mafias, y los chilenos, maestros en la hipocresía, dignos herederos de los maestros de la pérfida Albión. ¿Aprender nosotros de los republicanos españoles, hediondos a formol y creolina?

Y los discípulos salieron aprovechados. Le robaron el nombre del partido a Evo Morales, que ya se lo había robado a los primeros fundadores de un Podemos latinoamericano, los Masistas de Didalco Bolívar, cuyo nombre originario ya se los había arrebatado el mismo Evo Morales. Que Venezuela, es bueno que lo vayan sabiendo, ha resultado ser la madre del cordero. Amancebada con Cuba, el cabrón.

Lecciones y dinero, por sacos. Para colonizar al revés. Y tal como suele suceder en estos casos, prende la llama de orígenes golpistas y castrocomunistas venezolanos en España, con ecos que se escuchan en el Peloponeso. Y en el colmo del quid pro quo, asediados por Podemos y sin tener ya palo del que ahorcarse, que la Internacional Socialista es un antro en absoluta decadencia, los socialistas del Psoe dejan de coquetear con Chávez, que está muerto, no se acercan a Miraflores, que Maduro está en singladura leprosa, mandan en secreto a Zapatero a La Habana para recibir línea de los padres putativos del engendro y creyéndose en la Universidad del neopopulismo latinoamericano mandan a Pedro Sánchez a inscribirse en los seminarios de Lula da Silva, padre del Foro de Sao Paulo. Deciden beber en las fuentes originarias del neo castrocomunismo..

Chávez/Maduro para Podemos, Lula da Silva al Psoe. La misma plasta con distinto empaque. En papel lija para Podemos, que son rudos, en papel celofán, al Psoe, que son señoritos.

En eso terminamos: de maestros en democracia a instructores de la canalla 


izquierdista.

@sangarccs 




Tendrán que pagar por Nelson Castellano-Hernández


Nelson Castellano-Hernández

Tendrán que pagar  


28 Febrero, 2015

Vivimos en un país en estado de shock, asqueado, la represión se convirtió en la única forma que les queda de gobernar. Me persigue la imagen dantesca de un niño que yace en el suelo con el cráneo destrozado, otro estudiante que cae bajo la bala certera de un policía bolivariano, entrenado y autorizado para matar.

Comparto con un pueblo cansado de esta falsa revolución. Sometido a la espera permanente, dentro de una cola para conseguir pocos productos, corriendo entre hospitales buscando desesperadamente donde atender a un familiar o frente a una morgue, recogiendo el cuerpo del último estudiante desaparecido.
Ya no quiero que me hablen de promesas, ni escuchar quejas o denuncias, siento una indignación profunda que quema en mi interior. Ahora solo quiero escuchar salidas, soluciones.
Estoy cansado del discurso estúpido, del que piensa que los venezolanos lo somos. Estoy harto del circo bolivariano, del abuso, del cinismo, de la incapacidad, del poco nivel, de la expresión ordinaria y soez.
La vulgaridad no solo es verbal, aunque se es algo más que burdo cuando se acusan inocentes, cuando se irrespeta un mandato popular, cuando se encierra a un disidente democrático. Sobre todo cuando se intenta ocultar el fracaso de una gestión con cuentos chinos que nadie cree o cuando se envían militares, colectivos y policías a asesinar nuestra juventud.
Es además inmoral cuando se roba para convertirse en millonario bolivariano, cuando se regalan los recursos y se pone a pasar hambre a su propio pueblo.
No soporto una mentira más sobre que tenemos patria pero nos falta todo. No estoy dispuesto a seguir presenciando el cinismo gubernamental que afirma dentro y fuera del país que estamos muy bien, que se ha decretado la máxima felicidad, que vivimos en condiciones de seguridad y que la revolución tiene garantizada nuestra independencia alimentaria y que celebra el carnaval, como si existieran razones para estar de fiesta.
Rehúso continuar calándome a los cubanos exprimiendo a Venezuela, las momias de los vampiros Castro tenemos que enterrarlas. Así como repudio que Putin o los chinos envíen sus portaviones para decidir nuestro futuro.
La degradación que sufrimos es tal que no respeto más las posiciones tibias, ni el golpe y cuida, ni la demagogia y mucho menos los intereses particulares. Frente al derrumbe económico y social, la lucha debe plantearse de forma diferente.
Basta de medias tintas, ¡unidos y firmes para resistir! … la muerte, que es lo que queda de aquel eslogan de Patria, socialismo o…
Tenemos que decir basta a aquellos que quieren convertir en fecha patria un intento de golpe de estado, con muertos civiles. Darle un parao a los que impunemente violan la Constitución.
Un gobierno que no respeta las leyes es una dictadura, si además roba y asesina, es ladrón y homicida. La única solución es salir de él.
En un país donde los representantes del estado se hacen cómplices de delitos contra la humanidad, la revisión futura tendrá que ser implacable ¡tendrán que pagar!
Un juicio al estilo de Núremberg será necesario para determinar y sancionar las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen, por su participación en las violaciones constitucionales y los derechos humanos, el desfalco a la Nación y la traición a la Patria.
En Venezuela, los jefes militares han tocado fondo, violando los juramentos de su propia institución, al igual que las leyes y los derechos del hombre. Sus cuadros medios y bajos tendrán que decidir si están del lado de la República o definitivamente se convierten en cómplices.
La patria que construyó la revolución bolivariana permite la represión, que entre 2014 y 2015 lleva un saldo de 49 muertos en protestas sociales. La patria bolivariana atropella, tortura, exila, golpea o mete preso a cualquiera que dé la cara, sean estudiantes, empresarios, trabajadores o políticos.
Cuenta con la Fiscal Luisa Ortega, que no abre ninguna investigación contraria a los intereses de la dictadura, así desconoce la acción de los grupos parapoliciales, motorizados que fueron filmados en flagrante violación de la ley.
Como tampoco investigará las denuncias de narco contra Diosdado, ni las cuentas con 14.800 millones de dólares en Suiza, ni por qué tanto millonario bolivariano se está instalando en el exterior. En manos de ellos nunca se sabrá por qué se enviaron dólares a Argentina, ni de donde salieron.
No conoceremos que hizo Chávez con el “millardito”, ni por que destruyeron Pdvsa, ni donde fueron a parar los 69 mil millones de dólares de importaciones ficticias, de empresas de maletín, ni los 20 millardos desaparecidos de Cadivi. Ni quién asumirá la responsabilidad de haber destruido el aparato productivo, ni cuál fue la intención de acabar con todas las fincas que producían alimentos.
Han controlado todas las instituciones de manera anticonstitucional, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, la Asamblea Nacional, la defensoría del pueblo, poniéndolas al servicio del proyecto castrista… y ¡ya basta!, sus integrantes deben ser sancionados.
“Esto ya empezó y no ha terminado” lanzó desde el suelo con un grito un campesino, mucho más racional que el militar autor del atropello, quien reflejaba en su actitud el miedo que tiene de perder sus privilegios.
No existe conspiración internacional que explique las colas para comprar comida, medicinas o productos de higiene. Ni que permita entender por qué se dilapidó la riqueza. Pero sobre todo para explicar los 200.000 ciudadanos muertos en manos de colectivos, el hampa y los amigos liberados de Iris Valera. Esto junto a la deuda con las líneas aéreas, convirtió a Venezuela en una cárcel, donde nuestros apartamentos enrejados son las celdas.
No hay vuelta atrás, el régimen no rectificará, su única prioridad es sobrevivir, no importa cuánto les cueste o cuanto nos cueste a nosotros soportar. Han intentado quebrar nuestra voluntad, con el temor y la dependencia. Lo han intentado aplicando el abuso, la indecencia y el atropello. Han manipulado, mentido, chantajeado. Han inventado testigos estrellas falsos, se han burlado, carcajeado y amenazado, todo trasmitido por las pantallas de televisión, pero no lograron el objetivo de apoderarse de nuestra alma.
No podemos seguir afirmando que después de que todo esto pase, volveremos a ser como antes, ¡mentira! Nadie devolverá la vida a Antonio López Castillo, ni a Brito, Bassil o Geraldine, ni a Kluiverth Roa, ¡un niño!, cuya imagen impacta mi conciencia desde ayer. Nadie devolverá las empresas a comerciantes ya arruinados y es mucho el talento venezolano que no regresará al país. Pdvsa no recuperará los mercados perdidos y tardaremos muchos años en pagar la deuda contraída por estos bandidos.
Enfrentamos una situación peligrosa, la radicalización del autócrata, solo necesitamos un país unido y dignidad para recuperar la libertad. Juntos por el único camino que debemos recorrer, ciertamente peligroso, pero mientras más rápido comencemos, más rápido saldremos de esto. Se lo debemos al joven caído.
Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia
nelsoncastellano@hotmail.com

El silencio de los inocentes por Antonio Sánchez García


El silencio de los inocentes

27 Febrero, 2015
1. 
Hubo una época en que Venezuela estaba sola frente a la opinión pública mundial ante el embate dictatorial del chavismo bolivariano. Brutal, descarado, devastador, pero hábil en la manipulación y el engaño. Una dictadura tan repudiable y desde mi particular perspectiva infinitamente peor que las peores dictaduras vividas en el último siglo en América Latina. Incluso peor que la de Fidel Castro, que hoy la esquilma y administra, y la de Augusto Pinochet, en el otro extremo, por razones más que evidentes. Pero inescrupulosa y dispuesta a comprarse a Dios y al Diablo con la insólita fortuna que le cayera en sus manos. Y la patente de corso que le vendiera por miles y miles de millones de dólares anuales la respetable tiranía cubana. En una época en como nunca antes, el dinero ha sido el gran árbitro de todos los conflictos.
Peor que la de Castro, porque careció desde siempre de ideología, de anhelos, de esperanzas, de utopía. Fue, desde lo más profundo del amasijo de resentimientos, rencores y frustraciones de su inspirador, una excrecencia caudillesca sin otros propósitos que saquear la república, envilecer a sus ciudadanos, amparar el mayor saqueo visto en la historia bicentenaria de la república y devastar a nuestra sociedad como arrastrada por un impulso de barbarie sólo comparable al de la Guerra a muerte de Boves y Antoñanzas. Por cierto: como todas las dictaduras que en Venezuela han sido. Sin una sola expresión política, cultural o artística, como las que produjese en su momento auroral la revolución cubana. Una pobre e infeliz sacudida telúrica tan brutal e inconsciente como un terremoto o un deslave. Un pobre y miserable levantamiento cuartelero sin otro propósito que alebrestar a los sectores marginales y darles justificación a las ansias de saqueo y motín de la soldadesca venezolana y su carne de cañón.
Peor que la de Pinochet en sus peores rasgos represivos e incomparable en sus efectos socioeconómicos. La crueldad que exhibiera la dictadura de Pinochet fue estrictamente política, bélica, necesaria a un proyecto de dominación tras un propósito estratégico: derrotar de manera incontestable a las fuerzas marxistas que amenazaban con destruir la institucionalidad republicana chilena tras un proyecto marxista leninista y proceder luego, o en paralelo, a la recomposición del Estado y la reconstrucción de la República. Así suene cínico y maquiavélico: un mal necesario. Practicado con sistematicidad y una rigurosa racionalidad estratégica.
No hablemos de sus efectos socioeconómicos: que la represión dictatorial pinochetista estaba al servicio de un proyecto de reconstrucción nacional y no era, como la chavista, mera expresión de la liberación de las apetencias de barbarie de una sociedad hamponil, marginal y desquiciada, lo demuestran los hechos: tras 16 años de dictadura pinochetista Chile era un país reestructurado, su Estado un poderoso instrumento de organización social, su economía, una soberbia empresa de enriquecimiento social. Perfectamente preparado para transitar hacia una democracia moderna y una economía primermundista. Chile es lo que ha llegado a ser después de veinte años de concertación nacional gracias a los 17 años de dictadura pinochetista. ¿Alguna semejanza?
2. Nada de los tétricos sucesos vividos en estos 16 años nos ha caído del cielo y nos ha sorprendido ignorantes de lo que estaba ocurriendo en el subsuelo de nuestra sociedad desde que el 4 de febrero de 1992, la Venezuela de la barbarie pariera al sujeto de sus resentimientos y sus venganzas. Y el 6 de diciembre de 1998, en un rasgo de soberbia irresponsabilidad e inconsciencia colectivas le abriera en gloria y majestad los portones del Poder, postrándose a sus pies para permitir la tragedia. Estuvimos perfectamente conscientes que detrás del demagogo inescrupuloso no se encontraba un Lenin, ni siquiera un Fidel Castro o un Salvador Allende. Muchísimo menos un Bolívar, como él y su pandilla de asaltantes uniformados, incluso de toga y birrete, quisieron hacérnoslo creer, convenciendo de ello a la indigente conciencia nacional.
Hacer conciencia que detrás de Chávez se encontraban los peores rasgos de nuestra barbarie y que su barata epopeya perseguía destruir lo mejor de nuestra bicentenaria tradición, particularmente la democracia y la paz puestas en pie gracias a la generación del 28 en ese inolvidable 23 de enero de 1958, ha sido uno de los más difíciles, dolorosos y frustrados empeños intelectuales al que hayamos tenido la desgracia de asistir. Sólo comparable a la libresca experiencia de procesos semejantes en otras latitudes, como el ascenso en gloria y majestad del nazismo en Alemania.
Se cuentan con los dedos de una mano aquellas conciencias que alertaran del grave mal que se nos venía encima. Fueron millones, en cambio, las que aplaudieron el asalto de la barbarie. Y muchos de aquellos que, generosos en la defensa de lo que nos iba restando de democracia, se sumaron a la lucha de la oposición parlamentarista que a duras penas podía alzar su voz, se negaban a reconocer las tendencias totalitarias y la devastación que anunciaba el demagogo. La revolución ha sido para ellos una santa palabra al servicio de la cual se pueden cometer las peores felonías. Pues una explícita o implícita, consciente o inconsciente simpatía y solidaridad con las expresiones populacheras del llamado socialismo del Siglo XXI con que la barbarie enmascaraba sus pulsiones, les impedía asumir y enfrentar la verdad de la mentira. La capitulación de la clase política e intelectual venezolanas – de izquierda, de centro o de derecha, socialdemócrata o socialcristiana, secular o eclesial – ante el castrocomunismo de la revolución bolivariana, ha sido una de las causales más ominosas de la tragedia de nuestra democracia.
Y lo más grave: aún pende como obstáculo objetivo al proceso de nuestra liberación, pues por razones que escapan a la racionalidad política se niega a comprender y metabolizar lo que ya el mundo ha comprendido y ante lo cual no duda en expresar su repulsa: ésta de Nicolás Maduro, sátrapa de los Castro, es una de las peores dictaduras vividas en América Latina. Callarlo y negarse a enfrentarla es el peor delito que perpetra nuestra clase política: el silencio de los inocentes. Y el de sus padrinos, los gobiernos de la región.
3. Y he allí la insólita contradicción: por primera vez se resuelve el grave problema que enfrentáramos en el pasado, cuando en la Coordinadora Democrática nos sentíamos desvalidos y castigados por la incomprensión de la opinión pública mundial, que se negaba a reconocer la naturaleza dictatorial del chavismo y el carácter autocrático del dictador. Cebándose en la crítica a la llamada Cuarta República, culpada por todos los males. Una catarata de elecciones, fraudulentas en esencia todas ellas, celebradas en las condiciones menos transparentes y equitativas imaginables, sin el más mínimo control y la menor incidencia de la oposición en sus entrañas automatizadas, concurrían a darle legitimidad a un régimen que todos nosotros – sin excepción ninguna – sabíamos ilegítimo y fraudulento. Pero cual más cual menos cargando con su rabo de paja. Y cuando digo todos nosotros, me refiero a las dirigencias de Acción Democrática, de Copei, de Primero Justicia, del MAS, de un Nuevo Tiempo, de la Causa R, de Proyecto Venezuela, de ABP, de Bandera Roja, del teodorismo. Dada la genérica complicidad en el ataque a la democracia de Punto Fijo, guardamos silencio ante las injustas criticas justificatorias del asalto a la razón. Dada nuestra patética incapacidad para demostrar el fraude originario, el del 15 de agosto de 2004, recurrimos a la hipérbole del “fraude continuado” para relativizar el crimen y limpiarnos las culpas. Un invento justificatorio de Teodoro Petkoff. Perfectamente conscientes de que si la Constitución hubiera sido respetada y las Fuerzas Armadas dirigidas por Raúl Baduel hubieran cumplido con sus obligaciones constitucionales, esta tragedia se acababa cuando ella lo pautara, no cuando a Fidel Castro y a Hugo Chávez se les antojó y nos lo impusieran. En el mayor silencio, el mayor recato y la mayor complicidad imaginable de quienes, en el fondo, justificaban el arrebato.
Pero ninguno de aquellos que hoy callan ante los embates dictatoriales de la satrapía aprestándose sumisos a obedecer los dictámenes del dictador – adelantar las elecciones y, con ello, sofrenar la indignación popular y ganar un segundo aire para ver si la satrapía resiste hasta el 2019 -, los mismos que ayer fueran incapaces de rebelarse ante “el fraude continuado” o, como en el caso de las últimas presidenciales, imponer la exigencia de una revisión exhaustiva de los verdaderos resultados, puede argüir en su favor el silencio cómplice de la opinión pública mundial.
Hoy el silencio es de la opinión pública nacional, que si no fuera por la red ni siquiera sabría de la catastrófica baja de los precios del crudo, el encarcelamiento de Ledezma, el asesinato del niño Roa, el cambalache de petróleo por papel confort, la entrega de Leamsy Salazar a la DEA, las acusaciones de narcotráfico a Diosdado Cabello, Tarek El Aissami y los generales del Cartel de los Soles, las milmillonarias cuentas en dólares de Alejandro Andrade, el vil asesinato de seis muchachos en los últimos días de protestas, los sufrimientos de chavistas y antichavistas por hacerse de pañales, leche, pollo o harina pan, la brutal y desatada inflación y el desabastecimiento que acogota a 28 millones de venezolanos.
La opinión pública internacional, en cambio, tiene a la dictadura venezolana y a la grave crisis de todo orden que la acongoja en sus portadas, sus editoriales, sus artículos de opinión. DelNew York Times a Le Monde y de Clarín y La Nación de Buenos Aires a El Mercurio y La Tercera de Chile, El MundoABC y El País, de España y así, todos los principales periódicos del mundo, explican y debaten las razones del encarcelamiento de Ledezma, el asesinato del niño Roa y la brutalidad dictatorial de Nicolás Maduro. Sin contar con el Club de Madrid y todos los ex presidentes de nuestra región, solidarios con nuestro Alcalde Metropolitano, con Leopoldo López y con todos nuestros presos políticos.
No podemos quejarnos. Salvo del grave, anonadante, incomprensible e inhumano silencio de los inocentes: el de todos los gobiernos de América Latina, cómplices silentes de un crimen de lesa humanidad del que están perfectamente conscientes. Y de uno aún peor: el de los partidos del establecimiento venezolano, nuestros propios partidos que, por no revolver las aguas y entorpecer otra elección más, contribuyen a ese silencio mayor, el de los gobiernos que dirigen fuera de Venezuela sus compañeros de partido. La izquierda socialista de toda clase y condición que gobierna en Chile, en Brasil, en Argentina, en Uruguay, en Ecuador, en Bolivia, en México como en todos los restantes países que viven de mangonear a Pdvsa. La Internacional Socialista y la Internacional Demócrata Cristiana.
¡Qué silencio más estruendoso! ¡Qué sórdida complicidad! Como para no olvidarlo.