domingo, 15 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
La inmundicia moral de Podemos
La inmundicia moral de Podemos
EDITORIAL de Libertad Digital
Ciertamente, la votación en el Parlamento Europeo sobre la represión del criminal régimen venezolano tiene escasas, por no decir nulas, consecuencias prácticas: la resolución no lleva aparejada ningún tipo de sanción y a estas alturas ni siquiera puede decirse que sirva para informar de algo que la mayoría de los europeos tiene más que claro: la Venezuela chavista no es una democracia sino una tiranía con pretensiones totalitarias.
Precisamente por esa ausencia de consecuencias reales el voto en contra de los diputados de Podemos es más revelador: cuál no será suvinculación ideológica, intelectual o de otro tipo con el régimen de Caracas que ni siquiera pueden abstenerse en una declaración de condena de sus más evidentes desmanes.
Como viene ocurriendo con buena parte de la intelectualidad europea de los últimos doscientos años, los líderes de Podemos disfrutan de todas las ventajas que les procura el sistema que vilipendian mientras otros sufren lo indecible bajo el yugo de los regímenes que aquellos jalean.
Es muy fácil ser chavista o castrista desde la prosperidad y la seguridad de Europa, donde las tiendas están perfectamente surtidas y los Estados de Derecho, con todos sus defectos, son precisamente eso, no sanguinarias y caóticas repúblicas bananeras en manos de criminales de la peor especie. Es muy fácil apoyar a Maduro o a los Castro cuando los que sufren la represión y la miseria son otros y uno, lejos de sufrir las consecuencias de tal infame alineamiento, saca de ello réditos de todo tipo. Y es muy fácil, pero aún más miserable, dar cobertura a un régimen criminal incurso en plena ola de terror represivo desde los confortables escaños de un Parlamento democrático y encima presentarse como luchadores por la libertad y los derechos humanos.
La inmundicia moral de Podemos es especialmente nauseabunda porque, al contrario que IU –que por supuesto también ha votado en contra de la resolución de la Eurocámara–, los de Pablo Iglesias tratan de presentarse ante la opinión pública como un movimiento transversal, más allá del eje derecha-izquierda, o, como mucho, socialdemócrata al estilo escandinavo.
Nadie quiere que España se convierta en Venezuela, un país hundido en la miseria y con unos niveles de violencia e inseguridad intolerables. Nadie salvo Iglesias y sus secuaces, que han vuelto a mostrar este jueves su verdadera cara apoyando al despreciable régimen de Caracas. Nadie lo olvide, nadie se engañe.
http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/la-inmundicia-moral-de-podemos-75067/
jueves, 12 de marzo de 2015
No va más: Unasur, Washington y La Habana - Antonio Sánchez García
Antonio Sánchez García
No va más: Unasur, Washington y La Habana
Venezuela representa una grave amenaza para la seguridad de los Estados Unidos.Barack Obama, 9 de marzo de 2015
Sin el petróleo de Venezuela la revolución fracasará. Maduro es nuestro hombre en Caracas. Fidel Castro, Granma, 1 de mayo de 2013
Todos los Estados de Unasur, sin excepción, rechazan cualquier intento de desestabilización democrática de orden interno o externo que se presente en Venezuela. Ernesto Samper, Secretario General de Unasur, Caracas, 4 de marzo de 2015
1. Héctor Schamis, un perspicaz y avisado columnista de El País, de Madrid, lo dijo en una de sus últimas columnas refiriéndose a los factores definitorios de la gravísima crisis venezolana: ella no se dirimirá en Caracas ni sus factores esenciales son los que aparentemente se enfrentan sobre el terreno. Ella se dirimirá en el tablero que acuerden Washington y La Habana. El primero, consciente y con insólita e irresponsable tardanza – tras 16 años de apatía y desidia frente a la colonización de nuestra republica por el castrismo cubano – de la importancia geoestratégica de Venezuela en un complejo e intrincado panorama internacional. Los cubanos, de retirada del puesto que ocuparan en el tablero de la Guerra Fría, acosados por la debacle económica y urgidos por encontrar alguna salida a su callejón sin que la pérdida de su único enclave continental se traduzca en una catástrofe social, económica y política de dimensiones apocalípticas. Lo que es perfectamente previsible e inevitable si una Venezuela democrática le cortara los subsidios, le exigiera el pago de la brutal deuda contraída en estos años de regalías y la pusiera ante su cruda verdad: la bancarrota de una revolución traicionada. Lo cual explica la urgencia en mover todos sus peones de la Unasur intentando atajar el brutal descontento y la indignación que en Venezuela crecen como la espuma ante la feroz incapacidad del hombre de los Castro en Caracas.
La presunción de Schamis no va desencaminada. Venezuela está en manos cubanas y desde la muerte de Hugo Chávez su gobierno prácticamente no existe, la oposición no parece tener la competencia suficiente como para terciar en el debate y en último término, los Estados Unidos son el factor esencial de nuestras relaciones. La historia lo refrenda: ni Batista cayó sin la buena pro de la Casa Blanca ni Pérez Jiménez se fue sin haber sido aventado con el beneplácito de Washington. Castro en La Habana, Betancourt en Caracas. Un estudio serio daría con las claves de las movidas estratégicas de América Latina a partir del fin de la Segunda Guerra. Sin anticipar sus resultados, es más que evidente que el Che, Allende, J.J. Torres y Velasco Alvarado cayeron tras los signos adversos de la Casa Blanca, que Chávez ascendió al poder con su aprobación – la misma con la que no contara la rebelión de Abril – y que la profundidad, gravedad y hondura que ha alcanzado la crisis venezolana se debe al desinterés, la torpeza o la miopía de un Departamento de Estado que creyó seriamente que la caída del Muro y la desaparición de la URSS había llegado para bajarle el telón a la historia, como lo dijese en un muy lamentable y patético pronóstico el politólogo Francis Fukuyama.
2. Fatigados por los apuros que les causaran las dictaduras de los generales después de que les sacaran las castañas del fuego en los setenta y dispuestos a creerle a Lula da Silva, abiertos a sus campanillas por la insólita incapacidad intelectual de la secretaria de Estado Hilary Clinton y el completo desinterés de Obama en la región, decidieron fijar su mirada en el mundo árabe y hacer como que América Latina no seguía siendo más que su despreciable patio trasero. Fue la natural herencia a la época en que en sus mensajes a la Nación, George Bush hijo, profundamente afectado por el atentado a las Torres Gemelas, no hizo una sola mención a América Latina. No ya un pasaje, un párrafo, una línea, una frase. Digo, escueta y literalmente: después del 2001 ni una sola palabra sobre nuestra región. América Latina había desaparecido del GPS del Departamento de Estado. ¿Qué mejor ocasión para Fidel Castro como para tomársela a saco? Estaba preparado para ello. En 1992 y en respuesta a la caída de la URSS había montado con Lula el Foro de Sao Paulo y diseñado la nueva estrategia para el Siglo XXI: apurar la crisis de los sistemas políticos, golpear a las democracias y coparlas mediante elecciones. Se topó con Chávez: el hambre con las ganas de comer. El resto es historia. Esa Historia, con mayúscula, que según publicara Fukuyama en ese mismo año crucial para Venezuela, 1992, había culminado su faena y se había ido de vacaciones.
A estas alturas, 23 años después, el panorama luce mucho más intrincado. Despertó el fantasma musulmán. Venezuela está al borde del abismo. La crisis se ha acelerado por los bajos precios del petróleo. El gobierno venezolano no aguanta seguir subsidiando a sus vecinos y sin esos subsidios, Cuba naufraga. ¿Qué hacer, dado el desinterés real de la administración Obama por la situación venezolana, que parece haber despertado de súbito? La reciente visita de una comisión de la Unasur y su insólita declaración de absoluto respaldo a la dictadura venezolana no dejan lugar a dudas: la región se las juega por el castrochavismo.
El insólito desinterés, - es más: esa insólita complacencia con el forismo castrolulista, para el Departamento de Estado los mejores y más confiables socios que encontrara en este siglo en América Latina -, permitió que Nicaragua, Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, incluso Colombia, gran parte de Centro América y en el colmo de los colmos, la OEA misma y sepa el destino si Chile, hoy o mañana, se convirtieran en plataformas de dominación castroforista. Con el desmantelamiento de los organismos de cooperación multilateral de los ochenta/noventa y el montaje de la Unasur, el Alba y la Alca, así como con los programas de cooperación adelantados por la petrolera castro venezolana, América Latina es un complejo entramado de intereses objetivamente antidemocráticos y proto totalitarios. Bajo el influjo definitorio del castrismo cubano. Y al servicio del narcotráfico, el neofascismo y la expansión de la Yihad en la región. Una bomba de tiempo.
3. No se explica bajo otra perspectiva el desenfado y el absoluto desinterés, por no decir la aviesa complicidad de los gobiernos latinoamericanos, frente a la tragedia de Venezuela y la dictadura que la aherroja, que la luz verde conferida implícita o explícitamente por la Casa Blanca al castrocomunismo en su versión chavista. De la que el lulismo, el kirchnerismo y el bacheletismo no son más que variantes locales. Ha contado el Departamento de Estado con más que suficientes elementos inculpatorios como para enfrentar al narco estado venezolano, forajido por sus relaciones con el terrorismo y antidemocrático por su vocación dictatorial. Independientemente de las razones de tal irresponsabilidad, para quienes lo acepten o no lo acepten, los Estados Unidos continúan siendo la primera potencia democrática del planeta y ante la ofensiva del integrismo talibán la última frontera del liberalismo, lo único cierto es que América Latina había perdido hasta hoy toda importancia para los Estados Unidos en el concierto mundial. Era un terreno entregado a las fuerzas de su disolución.
En este contexto se produce el primer paso de un cambio estratégico de gran política: el acercamiento de la administración Obama con el régimen cubano. Y es a ese entramado que nos referimos cuando avizoramos un desenlace a nuestra crisis en la que, muy posiblemente y si no intervenimos en contrario, no tendremos arte ni parte. Cruelmente dividida, y sin mayores auspicios unitarios ante la insólita incapacidad de sus liderazgos, la oposición venezolana muestra una fisura aparentemente insalvable entre quienes rechazan intervenir en contra de la dictadura respaldándose en el movimiento popular, plegándose al ritmo que el castrocomunismo le impone a la crisis – elecciones y sometimiento – y quienes quisieran jugarse por asumir el protagonismo de nuestra lucha de liberación. De lo cual no cabe más que sospechar que la suerte de Venezuela ya no se juega en territorio venezolano ni sus protagonistas somos los propios venezolanos.
Es el momento en que Cuba, por su lado, decide implementar el respaldo total de todos los gobiernos filocastristas de la Unasur en auxilio de un gobierno asediado por la crisis, enfrentado a un exponencial crecimiento de la indignación popular y súbitamente amenazado por la agresiva política del Departamento de Estado, que, por el otro lado, ataca en varios flancos: desde la denuncia a las graves violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno Maduro hasta el papel de altas autoridades militares y civiles en el narcotráfico.
La respuesta de La Habana en Venezuela no se ha hecho esperar: estirar al máximo la cuerda de la represión y el sometimiento, derramando cuanta sangre sea necesaria para impedir una rebelión popular tipo 23 de enero que se atraviese en sus proyectos en el corto plazo y expulse a sus tropas de tierra firme; rastrojear hasta el último centavo de la renta petrolera; frenar todo movimiento emancipador que no obedezca a los planes combinados de gobierno y oposición electoral que amenace la prolongación de Maduro hasta diciembre del 2019; tomar rehenes y prepararse para la inevitable caída de la satrapía con suficiente capacidad de negociación como para salir de Venezuela sin las manos vacías.
Dicha estrategia parte del convencimiento que deben poseer los cubanos de que la unidad de la oposición es, por ahora, un sueño irrealizable. De que los factores tradicionales no muestran el menor interés en salir de la dictadura bajo las actuales condiciones, de que esperan por el inevitable colapso del régimen, momento para el cual esperan asumir el liderazgo de un eventual retorno a la democracia bajo condiciones que podrían suponer una nueva forma de entendimiento nacional, que abarque tanto a las viejas fuerzas democráticas y los nuevos factores surgidos al calor del deslave chavista. Un híbrido de la Cuarta y la Quinta: la Sexta República.
Extraño pronóstico, pero sustentado. Hablamos de salir de estos veinte años de tragedia limpios de polvo y paja, con una boliburguesía dueña de los medios de comunicación y las principales empresas del país, con un socialismo democrático constituido por las fuerzas combinadas del Psuv y los viejos partidos del sistema, una ley de amnistía que limpie de asesinatos, narcotráfico, desfalcos, contrabandos y saqueos al generalato de la Fuerzas Armadas y conduzca a un sistema combinado grato a la Cuba y a los Estados Unidos post bloqueo. La Sexta República. Borrón y cuenta nueva. El propósito: un lavado de cerebro que haga de esta pesadilla un simple sueño de una noche de verano.
¿Serán delirios de la imaginación? El tiempo lo dirá.
@sangarccs
General Carlos Peñaloza: ¿Somos una amenaza a la seguridad de EEUU?
¿Somos una amenaza a la seguridad de EEUU?
La decisión de Obama de designar a Venezuela como una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos agarró por sorpresa a mucha gente. Unos dijeron que era una exageración porque no tenemos cómo amenazar a los norteamericanos. Otros dijeron que era un plan del imperio para invadirnos. La intención de estos últimos es utilizar el viejo expediente de alebrestar el patrioterismo ante un presunto enemigo extranjero. Ese sentimiento ellos mismos lo han adormecido aceptando la tutela del imperio enano de los Castro.
¿Cómo un pequeño país en ruinas, destruido por la incapacidad y saqueo de los funcionarios del régimen que lo atosiga puede ser un peligro para la mayor potencia mundial? Las amenazas inusuales y extraordinarias provenientes de Venezuela son el comunismo, el narcotráfico y los vínculos con el fundamentalismo islámico.
El título 50 de las leyes estadounidenses codificadas se refiere a las leyes para la guerra y la defensa nacional. En el capítulo 35 de ese título está contemplado lo dispuesto para enfrentar situaciones de emergencia internacional. La Sección 1701 de ese título cubre las amenazas inusuales y extraordinarias y la Sección 1702 describe la autoridad presidencial y sus obligaciones ante las amenazas. Obama actuó en cumplimiento de lo establecido en esas dos secciones utilizando el lenguaje especificado en esos textos legales. Entre las principales amenazas que perciben el presidente y sus asesores están el narcotráfico y el terrorismo islámicos. Venezuela está incursa en ambas situaciones y es natural que se le considere una amenaza pese a no contar con un arsenal nuclear ni contar con fuerzas militares capaces de enfrentar con éxito a los americanos.
El hecho que Venezuela sea un país pequeño y empobrecido por la corrupción e ineptitud de su gobierno no le impide ser una amenaza seria. En 1983 Granada, un país minúsculo con apenas 90 mil habitantes, también fue considerada una amenaza. En 1989 Panamá también fue designada como tal cuando Noriega era el dictador todopoderoso que amenazaba con un machete a los opositores. No podemos esperar que la primera potencia del mundo se siente con los brazos cruzados a esperar que la polilla comunista con sus nuevos aliados del narcotráfico y fundamentalistas islámicos carcoman sus cimientos.
La estrategia de Maduro para enfrentar a los EEUU ha sido desarrollada por los Castro y Raimundo Kabchi, un terrorista libanés dirigente del Hezbollah que se ha convertido en el cerebro del régimen para estos menesteres. Este personaje fue el asesor de Chávez para el Medio Oriente. Kabchi se convirtió en la sombra de Maduro junto con Maximilien Arvelaiz desde que éste fue Canciller. Hezbollah es un grupo terrorista shiita financiado por Irán y Venezuela. Maduro, quien no es venezolano, ha involucrado a Venezuela en un peligroso juego de poderes en medio de una aguda crisis económica creada por la ineficiencia del modelo comunista. Esta rémora, en conjunción con la banda de ladrones enchufados y boliburgueses, ha consumido la riqueza petrolera y destruido a Pdvsa, la gallina de los huevos de oro.
Mientras un indocumentado esté a la cabeza del régimen de Venezuela rodeado de una banda mafiosa de hampones y narcotraficantes comunistas, será una amenaza para los EEUU y los presidentes de ese país están obligados por las leyes a obrar en consecuencia. Entretanto los fantasmas de Cipriano Castro y Noriega caminan por Venezuela.
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1079081
martes, 10 de marzo de 2015
Índice y decálogo de los países desdichados Carlos Alberto Montaner
La aseveración de Bloomberg surge de la aplicación de una simple fórmula acuñada hace más de medio siglo por el economista norteamericano Arthur Okun: se suman el nivel de desempleo y el índice de precios. Con esos elementos se compila el Misery Index.
Venezuela, en efecto, tiene la inflación más alta del planeta, lo que se refleja en el índice de precios, pero su nivel de desempleo es bajo, menos de un 7%, aunque la mayor parte de los puestos de trabajo han surgido en el sector público, dado que miles de empresas han debido cerrar sus puertas por las desquiciadas medidas antieconómicas del gobierno chavista.
El segundo país en ese Índice de Desdicha es Argentina. A una escala menor, el gran país sudamericano también es víctima de una altísima inflación. Nada nuevo bajo el sol. Lleva décadas de intermitentes malos gobiernos. Como el bandoneón que tanto gusta en aquellos parajes, se expande o contrae frecuentemente. Ahora está en una fase aguda de contracción.
La inflación y el desempleo son dos flagelos que explican la desgracia de una sociedad, pero no son suficientes. Yo agregaría otros ocho factores para construir el decálogo de las desdichas capitales.
El desabastecimiento sería el tercero. Pasarse la vida en una fila esperando para poder comprar algo es una maldición que suele materializarse en los países socialistas de economía centralizada y controles de precios. Los venezolanos ya han descubierto el horror de pelearse a puñetazos por comprar unos pollos o tres rollos de papel higiénico.
El cuarto sería el porcentaje de delitos. Es espantoso vivir con la guardia en alto, encerrado en la propia casa, sometido a un virtual toque de queda porque tan pronto se pone el sol los ladrones, asesinos y violadores salen a cometer sus fechorías. Según el International Crime Index, que computa una docena de graves violaciones de la ley, Venezuela es el segundo país del planeta en número de delitos (84,07). El peor es Sudán del Sur (85,32), un país recién estrenado en medio de una guerra civil. Más de 50 se considera una sociedad peligrosa. Singapur, la menos peligrosa, luce un 17,59.
El quinto es el nivel de corrupción de la administración pública. Como se trata de delitos ocultos, hay que confiar en la opinión general de la gente. La institución dedicada a medir estas percepciones es Transparencia Internacional. De acuerdo con ella, Venezuela es una pocilga. Es el 160º de 175 países escrutados. El peor, con mucho, de Hispanoamérica.
El sexto es la protección y la calidad de la justicia. Si cuando usted tiembla llama a la policía para que lo proteja, es una buena señal. Si cuando la policía se acerca usted tiembla, la situación es muy grave. A la labor de los agentes del orden se agrega la existencia de leyes razonables, jueces justos, procesos rápidos y cero impunidad.
El séptimo es la movilidad social. La posibilidad real de mejorar la calidad de vida por medio del esfuerzo propio. No hay situación más triste que saber que, hagas lo que hagas, tu vida seguirá siendo pobre, y lo más probable es que mañana será peor que hoy.
El octavo es el PIB per cápita. Es decir, la suma del valor de los bienes y servicios producidos por una sociedad durante un año. Se podrá alegar que la repartición es desigual, pero hay una evidente correlación entre el PIB per cápita y la calidad de vida. Como regla general, los 20 países con mayor PIB per cápita del mundo son los que encabezan el Índice de Desarrollo Humano que publica la ONU.
El noveno elemento es la libertad. Aunque no se menciona, los países menos libres, aquellos en los que la camarilla del poder toma todas las decisiones, aporta todas las ideas e impone sus dogmas por la fuerza, son los más pobres y los menos dichosos.
El décimo, por último, es la cantidad de emigrantes. No hay síntoma más elocuente del fracaso de una sociedad que el porcentaje de gente que tiene que escapar de ella para sobrevivir. Cuanto más educada es la emigración –como sucede con la venezolana–, más evidente es el desastre. Cuando emigran los emprendedores, los ingenieros, los médicos, las personas que teóricamente pudieran labrarse un buen porvenir en la patria en que nacieron, es señal de que estamos ante sociedades fallidas.
Hay que compilar ese índice. Cruzar esas variables sería muy útil.
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