miércoles, 5 de noviembre de 2014

El vídeo que Pablo Iglesias no quiere que veas y los de 'Podemos' borran cada poco

Así son los comunistas. Agazapados, se ocultan y se niegan a si mismos, hasta que las circunstancias les dan la oportunidad de asestar el zarpazo totalitario.




No hace mucho se nos cayó la verdadera Pilar Manjón con sus insultos de odio y racismo supremacista blanco digno del KKK contra Barack Obama.
Ahora, fíjese usted bien en este vídeo del final de un mitin de quien se anuncia como futuro presidente del Gobierno español y que habla como si ya lo fuera.
No es que cante la Internacional en versión comunista --hay otra letra socialista--, sino que lo hace junto a la bandera de la hoz y el martillo y Lenin, el primer gran genocida del siglo XX, al que siguieron Stalin y Hitler.
Además, como buen cubano-bolivariano parece afectado por algunos productos euforizantes, los que sean.
A estos les da usted una tarjeta negra de Bankia y seguramente vacían el BCE y la Reserva Federal americana.
Este es el nuevo héroe español, mucho más peligroso, pero a la vez mucho más imbécil, de lo que podíamos imaginar.
http://www.periodistadigital.com/politica/partidos-politicos/2014/10/25/el-video-que-pablo-iglesias-no-quiere-que-veas-y-los-de-podemos-borran-cada-poco.shtml


martes, 4 de noviembre de 2014

Dios proteja a los españoles. España en la encrucijada por Antonio Sánchez García


España en la encrucijada 



Los pueblos, como las personas: no aprenden en carne ajena. Si así no fuera, hace ya más de dos mil años hubiéramos dejado de vivir en “este valle de lágrimas”. A cada ser humano, como a cada generación, le corresponde su pesada cuota de duro aprendizaje. Siempre desde cero. De lo contrario, ¿cómo se entiende tanto tropiezo sobre la misma piedra? Ningún mito lo ha expresado de manera más cabal que el de Sísifo: la siempre inconclusa tarea de intentar alza la vieja y pesada piedra de nuestros errores, para verla rodar una y mil veces al pie de la montaña.

Confieso no sin cierta vergüenza haberme desayunado con el golpe de Estado aquella siniestra madrugada del 4 de febrero de hace veintidós años. Hasta segundos antes de la llamada que me despertara de un sueño profundo y reparador, plagado de inocencias, con la infausta noticia de que Rodríguez Torres, el mismo que viste y calza, estaba ametrallando La Casona con la intención de masacrar a la familia presidencial, hubiera puesto mis manos al fuego asegurando que Venezuela era, después de Alemania Federal o Suiza, el último de los países en que podría ocurrir un pinochetazo. Fue un mazazo que echó por tierra todas mis ilusiones de esperar el transcurso de mi adultez en la quietud y la calma de un hermoso país de ensueño. Supe de un solo golpe que el maestro de Antonio Gramsci, el filósofo italiano Antonio Labriola, lo había anticipado de una vez y para siempre: sólo tú, estupidez, eres eterna.

Viví el admirable y fructífero esfuerzo de la sociedad española por zafarse del sino de la reja, la tortura y la metralla – como reza ese estremecedor poema de Rafael Alberti musicalizado por Soledad, mi esposa -, y creí que tras ese maravilloso ejemplo de entendimiento nacional entre izquierdas y derechas, franquismo, socialismo y comunismo incluidos, varias generaciones de españoles podrían nacer, crecer y morir sin los siniestros sobresaltos de la estupidez.

Casi cuarenta años cumplidos y he aquí la piedra, ya al borde de la cima, venirse guarda abajo con el clásico estruendo de los imbéciles. Algunos notables herederos del esfuerzo – ladrones, agalludos, insolentes, avaros, ambiciosos, deshonestos y ruines – y los nuevos vengadores – oportunistas, inmorales, arribistas, ávidos de poder y de gloria – agarrándose las carnes de la España eterna a dentelladas. De ese lado los Pujols de la España antifranquista, con su cortejo de populares y socialistas prevaricando de las instituciones del Estado, cebándose en el esquilme de tarjetas de crédito, gastos de representación y contratos que ascienden a millones y millones de euros, sin una pizca de moralidad pública. Y de este lado unos muchachitos inescrupulosos que llevan pegado a los mocos las aspiraciones del Poder a como dé lugar, cueste lo que cueste, prométase lo que se prometa, sin siquiera pensar en la ruina y la devastación que causarán a una nación herida por la disgregación, el fanatismo, las estúpidas utopías.

Dos fracasos me habían alertado por entonces acerca del temible, del aterrador daño que causan las utopías: la revolución estudiantil europea y la Unidad Popular chilena. De ambos fracasos había obtenido la convicción de que las revoluciones, o lo que a ellas se le pareciese, sólo provocan desastres, frustraciones y sufrimientos. Creí, equivocadamente, que la templanza del Caribe bajo la sabia administración de una clase política sufrida y forjada en el destierro, sorprendentemente sabia y experimentada, había terminado por rendir sus frutos en una democracia honorablemente pasable, que en política, como en ninguna otra esfera de la vida, vale el refrán que dice que "lo mejor es enemigo de lo bueno". La venezolana era una buena democracia, hasta que la irresponsabilidad de los inconscientes la desequilibró, sacándola de quicio para prepararla a recibir el virus de la utopía – si es que los rebuznos de su golpismo militar cívico pueden ser travestidos de utopía, - para traerla a estos andurriales de la inmoralidad, el latrocinio, la sangrienta prostitución de su vida pública.

A pocos meses de haber asomado su cabeza caliente por entre los tumores cancerosos del PP, del PSOE y sus aledaños un partido nacido de las entrepiernas del castrochavismo, financiado por los ladrones venezolanos e inoculados con el Ébola de la política caribeña, se convierte en la primera fuerza virtual de la sociedad política española. Se llama, sin ningún afán de originalidad, PODEMOS, nombre prestado por el oportunismo latinoamericano. Y de un sorprendente 10% bautismal con que fuera detectado hace pocos meses por encuestas de opinión ha brincado, como lo reporta El País dominical, a constituirse en la primera opción electoral de los españoles. Por sobre el gobernante PP y el opositor PSOE.

Nada se sabe de sus fraguadores ni qué programa político pretenden, salvo que algunos de ellos han sido asesores de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, que los han respaldado financieramente, se sienten depositarios de las enseñanzas del Foro de Sao Paulo, admiran a los hermanos Castro y crecen al ritmo del humus del descontento de la sociedad civil española, profundamente irritada, y con razón, por la desvergüenza del aventurerismo de los viejos caciques, alimañas adosadas a las ubres del erario como sanguijuelas.

Salvo una reacción inesperada y asombrosa, la putrefacción que ha gangrenado al cuerpo administrativo de la política española seguirá su curso y los escándalos continuarán su siniestra dialéctica reproductora: sólo el escándalo de hoy puede tapar el escándalo de ayer. Los partidos no sabrán ni podrán reaccionar, aumentando el caudal del desprestigio. Y lo que es verdaderamente grave y preocupante: del rechazo a los políticos corruptos se pasará al rechazo a la política y del rechazo a la política, al rechazo a los partidos del establishment y a la democracia representativa misma.

El camino se habrá abierto al vampirismo populista, al caudillismo y a la autocracia. Fue lo que vi estampado en bronce un mediodía de un 4 de febrero de 1992 cuando un viejo caudillo venezolano, consumido por el odio, el rencor, la soberbia y la ambición le retiró el respaldo al régimen democrático que él mismo había contribuido a construir, preparando el asalto al Poder de la canalla fascista.
Dios proteja a los españoles.

@sangarccs 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Los dioses no roban gallinas

Hernán Cortés mandó ahorcar a dos de sus soldados por robar gallinas a los nativos, que veían a los españoles como a dioses. Y ya se sabe que los dioses no roban gallinas.
Resultado de imagen de eduardo garcia serranoCuenta la leyenda, ya se sabe que "se non é vero, é ben trovato", que Hernán Cortés mandó ahorcar a dos de sus hombres porque les habían robado un par de gallinas a los indios mejicanos. Sus capitanes intercedieron ante Cortés por la vida de los rateros, pues les parecía excesivo que les hicieran una gola con la soga por hurto tan menudo. Para todos ellos, cuya visión del delito y de la situación era tan gallinácea como el vuelo de las aves rapiñadas, el castigo era desproporcionado. Comoquiera que no se avenían a razones, Cortés zanjó la pendencia con sus oficiales con  una frase que fue como la espada de Alejandro cortando el nudo gordiano: 
"Los dioses no roban gallinas".
Los nativos mejicanos llamaban a los españoles teules, dioses, porque los veían como tales. Hernán Cortés aprovechó inteligentemente ese respeto sobrenatural que los indios sentían por los españoles para ganar más voluntades y cerrar más alianzas con su presencia y su palabra que con el acero de su espada. Por eso ejecutó a aquellos dos rateros, porque "los dioses no roban gallinas". Y si lo hacen: gola de soga, pues la dimensión del delito no la da sólo el objeto robado, la otorga la personalidad del ladrón y su jerarquía social. Hoy, los nativos españoles hemos condenado a Dios al ostracismo y hemos elevado a los altares civiles las urnas de metacrilato, que son el belén pagano en el que nacen los dioses que, con la legitimidad de nuestros votos, saquean nuestros gallineros. Convertidos en masa de maniobra electoral nos hemos dejado estabular en la paz del consenso que asciende a la máxima jerarquía de los valores la emasculada amabilidad de la tolerancia. Contemplamos impasibles el desfile de la cuerda de presos, trenzada por esos dioses más falsos que Manitú, que utilizan los votos con los que los consagramos como una patente de corso para saquear nuestra hacienda, empobrecer nuestra libertad y sembrar de sal el futuro porque cuando nos robaron las gallinas se llevaron también su fruto más preciado: los huevos. Por eso  en España ya no nacen dioses, teules, como Hernán Cortés. Sólo nacen ciudadanos-consumidores que votan cada cuatro años, pagan todos los años y callan todos los días.
http://www.gaceta.es/cortes-gallinas-28102014-1343

jueves, 23 de octubre de 2014

Del abstencionismo y otras iniquidades por Antonio Sanchez García

Resultado de imagen de Antonio Sánchez GarcíaDel abstencionismo y otras iniquidades  


No hay que preguntarse si hay q votar con este CNE, hay que recordar que por no votar es que tenemos este CNE. @chuotorrealba, 20 de octubre de 2014 


1. Creo que fue a un “justiciero” al que se le ocurrió la genialidad de culpar a los abstencionistas del 2005 – es decir: a un 83% de la ciudadanía venezolana – por la existencia de Tibisay Lucena, sus cuatro compinches y el antro de putrefacción electoral en que el chavismo – siguiendo una estrategia neo fascista y dictatorial nada azarosa y circunstancial, sino fríamente planificada desde los calderos del Foro de Sao Paulo baja la batuta de Fidel Castro y Lula da Silva – había convertido un ente independiente y autónomo como el Consejo Nacional Electoral en el Ministerio Popular para las Elecciones Nacionales, CNE. Un centro clave para permitir el cumplimiento de la estrategia neofascista puesta en práctica desde el 6 de diciembre de 1998: asaltar todas las instituciones del Estado de Derecho, someterlas al arbitrio del poder ejecutivo y montar un régimen autocrático y dictatorial. Protegido, travestido y legitimado por elecciones sistemáticas y permanentes. Como afirmara Goebbels: “vamos a ir al Parlamento para transformarlo desde dentro” y Hitler “la revolución moderna se hace con, no contra el Estado”. ¿Culpable por el cumplimiento de esa estrategia un 83% de inocentes electores? Éste CNE es culpa de quienes no han ido a votar? ¡Por Dios! Alguien ha tenido la estulta ocurrencia de tomar el rábano por las hojas.

Absolutamente inconscientes de esta metódica aviesa y gangrenosa, algunos muchachos de PJ, ignaros de lo que arriba se cuenta, no encontraron mejor forma de justificar la obsecuencia con que la oposición ha aceptado la conversión de ese organismo en un ministerio paraestatal, culpando, repito, a ese 83% de votantes que sin que nadie se lo impusiera decidió darle la espalda a la comedia de enredos en que nos estábamos involucrando, absolutamente indignado contra el fraude del 15 de Agosto, cuando se desconociera la victoria del revocatorio propulsado por la Coordinadora Democrática, decidió no participar de la comedia de las elecciones parlamentarias del 2005. Los que formábamos parte de la dirección de CD no podemos hacernos los desentendidos. Así convenga a nuestras ambiciones políticas.

En un lapsus indigno de un líder de su estatura, Henrique Capriles compraría el vil argumento, pero ya envenenado por quienes consideran que ni ésta es una dictadura ni es cierto que vivimos en la peor Venezuela posible. Para esos sectores, culpable ya no fue el pueblo venezolano que – en masa y motu proprio – se negó a votar, sino un grupúsculo de conspiradores, una pandilla de intrigantes, una partida de malvados que le habían inoculado a esos millones y millones de venezolanos de manera conspirativa, aviesa y traicionera el veneno intravenoso del “abstencionismo”. Culpables por haberse negado a llevar al Congreso a unos señores que ni ellos habían seleccionado ni parecían muy decididos a defender la democracia con sus armas en la mano – digo: las de la Constitución y las leyes – y de los cuales tenían la colosal certeza de que no cambiarían un ápice en la vocación depredadora, totalitaria, autocrática, dictatorial y asalta caminos de Hugo Chávez Frías, del chavismo como movimiento sociopolítico y del castrismo que movía los hilos y esperada por fin hacerse de la gran tajada, no fueron los ejecutores de esa gigantesca expresión de rebeldía popular, sino “los desconocidos de siempre”: la ultraderecha, los provocadores, el extremismo de lado y lado.

Sin contar a los columnistas, unos mafiosos que le hacen el juego al enemigo. Y no había que ser genio, brujo ni adivino: ¿aseguraría Ud. que después de haber participado posteriormente en todas nuestras elecciones los cubanos obtuvieron o no obtuvieron su cometido? ¿Avanzó más o avanzó menos la dictadura?




2. De nada ha servido que haya sido el propio Henrique Capriles el que acusara al CNE, a Tibisay Lucena y a los cuatro otros rectores de haberle robado la victoria electoral del 14 de abril. Vicente Díaz arrastrando su culpa como un penitente. Ni de que 3 de esos rectores, Tibisay Lucena a la cabeza de ellos, hayan cumplido sus períodos y deban ser removidos de sus cargos. El vil argumento de culpar “a los abstencionistas” por el estado de cosas al que hemos llegado y usarlos de coartada para no enfrentar el grave problema que significa no intervenir sobre un ente decidida y declaradamente sesgado a favor del régimen, ni hacer valer la fuerza de siete millones y medios de ciudadanos venezolanos para ser representados digna y decorosamente por rectores de comprobada valía, sigue siendo manipulado a destajo por un sector de la oposición en una prueba de miseria intelectual y colusión directa o indirecta con dicho ente de manera verdaderamente insólita.



Dos pruebas bastarían para poner las cosas en su sitio, dejar a los abstencionistas tranquilos – que todo el derecho les asiste para mantener sus posiciones y votar o no votar según les venga en ganas – y terminar por acceder a la verdad verdadera. Que tampoco es tan compleja e inextricable. Primero: la denuncia de Henrique Capriles es la prueba más irrebatible e irrevocable de que este CNE permite el robo de las elecciones, se niega a realizar las auditorías a las que está obligado constitucionalmente, hace sus escrutinios finales sin presencia de testigos opositores, y tuerce y malversa la voluntad de la ciudadanía al antojo del poder ejecutivo. Razones más que suficientes para exigir la inmediata remoción de sus autoridades y la conformación de un CNE que satisfaga a tirios y troyanos. Así Capriles, el denunciante de entonces, tenga las patas de su memoria demasiado cortas.

Si es que esta crisis de excepción – que al parecer los ocurrentes de PJ, AD y adláteres ni siquiera comprenden – permite un mínimo entendimiento entre las dos partes protagónicas de esta grave y letal conflicto. Entendimiento al que sin duda, como lo pide la Iglesia – nuestra más respetada y legitimada institución – todos debemos aportar con nuestro granito de arena.

Si se pudiera. El segundo, de obvio, avergüenza: esta vez nadie se abstuvo. No por imposición de partidos, organizaciones ni personalidades, sino por convencimiento ciudadano. Tenemos a los parlamentarios que los partidos, por su cuenta y riesgo, nos propusieron y, si bien un tercio menos de ellos por la aviesa, la inmoral y descarada aberración impuesta por el régimen: un 52% en Venezuela no es mayoría. Es sólo un 33%. La matemática de los ángeles, de la que espero que los ocurrentes de la oposición electorera no culpen a los abstencionistas. Y a pesar de ello no se cumplirá con el pronóstico en reversa de los ocurrentes de siempre: esta vez, el 8 de diciembre de 2013, tendremos el CNE que el régimen determine, no el que esta asamblea debiera nombrar siguiendo la Constitución y la ley. ¿Entonces? ¿Y no era que si no nos absteníamos el 2005 tendríamos en este 2013 los rectores que hubiéramos querido?

No quisiera calificarlo de ex abrupto. Pero abusar de la ilógica y la irracionalidad contribuye a la locura. O lo que es menos grave, pero igualmente ominoso: a la estupidez.




3. La única moraleja que saco de todo este asunto es que enfrascarnos en culpabilizar a destajo para evadir el enfrentamiento inevitable con un régimen que ha llegado hasta donde llegó más por culpa de nuestra complicidad, inopia y catatonia políticas que por genialidad propia de los Chávez, los Diosdado y los Maduro no conduce a ninguna parte. Sino a la frustración, a la confusión y al enredo. Y lo que es infinitamente peor: a la parálisis.



Para traer a colación una sola experiencia semejante, así guardemos las debidas distancias, recuerdo las palabras del alemán Sebastian Haffner, el gran analista de Hitler y el nazismo, quien afirma – sin que hasta ahora ninguno de los grandes expertos en la materia lo haya desmentido - que culpable por la entronización de ese sórdido y espantoso período de la historia humana no fueron tanto los nazis, el NSDAP y Hitler mismo, sino la insólita cobardía y pusilanimidad de la derecha liberal y el centro cristiano, la socialdemocracia y los comunistas alemanes. Que eran absolutamente mayoritarios en enero de 1933, cuando Hindenburg le entregó el reino al cabo austríaco.

El ascenso de Hitler al poder hubiera sido perfectamente evitable si en lugar de enzarzarse los demócratas alemanes en una feroz diatriba interna y luchas de muy menor cuantía, hubieran comprendido la envergadura planetaria del mal que se había incubado en las entrañas del pueblo alemán y le hubieran hecho frente con coraje y determinación.

Culpar a los abstencionistas y al abstencionismo electoral por la inmundicia imperante hoy por hoy en Venezuela es, por decirlo de una buena vez y con todas sus letras, una infamia. Una falacia, cuando desconoce la hondura del mal que sufrimos y sus determinaciones teórico políticas. Una cobardía, cuando busca justificación a su propia mediocridad y carencia de grandeza.



Hay que votar. Por supuesto que hay que votar. Siempre y cuando sin dejarse naricear por la dictadura ni para servir de legitimación a un régimen oprobioso que debe ser combatido sin tregua ni descanso. Hay que votar. Por supuesto que hay que votar. Pero comprometidos a hacer cumplir la voluntad ciudadana sin cobardía ni justificaciones deleznables. Hay que votar, por supuesto que hay que votar. Pero quien crea que quienes llegaron al extremo de pervertir a nuestras fuerzas armadas, corromper a nuestros jueces, envilecer a nuestras instituciones, hundir en el crimen y la inmoralidad a millones de venezolanos y traicionar a la Patria entregándoles nuestra soberanía a los tiranos cubanos, dejarán el Poder respetando nuestra voluntad depositando nuestro voto bajo las instancias de este CNE comprobadamente tramposo y ya ilegítimo, comete un pecado de lesa política. Permitirlo sin alzar la voz o volver a repetirlo es cometer uno peor: un pecado de lesa humanidad.

@sangarccs