sábado, 10 de octubre de 2015

Por qué la Iglesia Católica no sabe cómo luchar contra la pobreza, Carlos Alberto Montaner

Lamento que algunos no hayan entendido mi artículo "El Papa y la pobreza".
Yo no fustigo al Papa ni arremeto contra la Iglesia. ¿Por qué habría de hacerlo si no son mis adversarios y tengo una multitud de amigos cristianos? El Papa me parece un señor bondadoso y ocurrente, aunque hubiera preferido que hubiese recibido a las Damas de Blanco y estuviera más decididamente junto a quienes en Cuba piden libertades políticas. Por otra parte, creo que la Iglesia Católica, hechas las sumas y restas, es una institución que ha sido beneficiosa para Occidente. Nuestro mundo no se explica sin esa huella moral judía, trenzada, además, con la civilización greco-romana de donde procedemos.
Tampoco se me ocurriría calificar a Bergoglio de comunista por decir las cosas que a veces afirma. Los papas dicen cosas tremendas. Pero repetir la frase de San Basilio ("El dinero es el estiércol del demonio"), como hace Francisco con frecuencia, o afirmar que el capitalismo mata (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium) me parece un provocador exceso que no contribuye al mejor debate sobre la miseria humana.
No entro en cuestiones religiosas, ni en lo que afirman los evangelistas que Cristo dijo, porque no fui tocado por la gracia divina de la fe. Declaro mi absoluta perplejidad en esta materia. No tengo la menor idea de si Dios existe o no, lo que me lleva a respetar todos los credos, pero ni contenido de los Evangelios, ni el del Corán, ni el de los cuatro Vedas ni el de cualquier otro libro sagrado me resultan argumentos inapelables, aunque algunos los consideren verdades reveladas.
Naturalmente, si Dios existe y está pendiente de lo que los seres humanos hacen, dicen o creen en este remoto y diminuto lugar del inmenso universo, con el objeto de premiarlos o castigarlos en la vida eterna, todo es posible, incluida la existencia de ángeles y demonios, del purgatorio, de las 72 huríes vírgenes que aguardan a los viriles e infatigables yihadistasmusulmanes en el paraíso, o de la reencarnación en la que creen los practicantes del hinduismo.
No obstante, si Dios no existe, todas las religiones son falsas, aunque seguirían siendo útiles como un factor social cohesivo, siempre y cuando no traten de imponer su exclusividad por métodos violentos.
Esa es la humilde esencia de la posición de los agnósticos. No sabemos y, por lo tanto, no negamos (como los pesimistas ateos) y no afirmamos (como los creyentes convencidos).

Segunda lectura

En una segunda lectura de mi artículo, sospecho que mis detractores comprenderán lo que he querido decir: la Iglesia ha practicado la caridaddesde sus comienzos, y eso está muy bien, pero si se trata de erradicar la pobreza, o reducirla sustancialmente, el modo de lograrlo es creando las condiciones para que el conjunto de la sociedad, mediante el trabajo, consiga crear las riquezas que ello requiere.
Ese fue el camino tomado por varias naciones en la segunda mitad del siglo XX, como sucede con los cuatro dragones o tigres asiáticos –Taiwán, Singapur, Hong Kong o Corea del Sur– o con Israel, el "tigre semita", como le ha llamado un periodista.
Pero para crear riquezas hacen falta empresas exitosas que generen bienes y servicios apreciados por los consumidores, y ese complejo fenómeno suele ser el resultado de una delicada combinación cultural entre la prevalencia de la ética de la responsabilidad, el impulso de los emprendedores, una mano de obra calificada, las necesidades del mercado, la existencia de una tensa competencia que mejora la calidad de la oferta, los recursos disponibles y la actitud y hospitalidad de la sociedad expresadas en su sistema político, en su modelo económico y en el modo con que perciben y tratan a los triunfadores.
La experiencia, y no los dogmas, nos han enseñado que ese fenómeno ocurre mejor en donde coinciden la democracia, el ejercicio crítico de la libertad, el mercado y los derechos de propiedad, como sucede en esos 25 países que menciono en mi artículo. Es en esa atmósfera donde germina la riqueza de una manera más rotunda y decidida.
Es obvio que ese proceso de enriquecimiento individual y colectivo es imperfecto y está sujeto a marchas y contramarchas, a catástrofes naturales y a las creadas por el hombre, o a hallazgos e innovaciones que cambian el curso de los saberes y quehaceres, pero esa fórmula ha probado ser mucho menos mala que las otras empleadas hasta la fecha.
Por supuesto que el mercado también es imperfecto y hace o destroza fortunas, y la codicia crea burbujas que devoran grandes sumas de capital, pero, como sostenía Joseph Schumpeter, es gracias a ese "fuego creador" que la sociedad avanza en busca del progreso. Es verdad que el mercado, por decisión de los consumidores, incineró a Kodak, pero sus cenizas sirvieron para abonar a Apple o a Samsung. En todo caso, es preferible la actuación del mercado que la decisión de los comisarios.
Obviamente, sé que el mercado redunda no en el "bien común", porque, gracias a la lectura de ese enorme pensador que fue –murió hace un par de años– el premio Nobel de economía James M. Buchanan, aprendí que, salvo en contadas excepciones, el bien común no existe, y los funcionarios electos o designados, que son como la mayor parte de la gente, invariablemente tomarán sus decisiones en defensa de sus intereses y de su clientela política.
Cuando el Papa define que la dignidad de las personas se nutre de al menos tres tes (techo, tierra y trabajo), elementos a los que califica comoderechos, supongo que Su Santidad Francisco será consciente de que está repartiendo bienes futuros, todavía no creados, que cuestan una considerable cantidad de recursos y deben ser aportados o transferidos por otros trabajadores.
Si realmente existe el derecho a poseer una vivienda, los trabajadores, por medio del gobierno, deberán proporcionársela a toda persona o familia que quiera ejercer ese derecho, un esfuerzo considerable si tomamos el precio medio de 50.000 dólares por unidad.
Si todas las personas tienen derecho a la tierra sucede algo parecido, pero aún más complicado, porque el Papa ni siquiera define el tamaño, la calidad y la ubicación.
Pero donde todavía es más absurda la propuesta es en el tema delderecho al puesto de trabajo. ¿En qué empresa y para servir a cuáles clientes? Y si no hay beneficios, ¿cómo se mantiene esa empresa y cómo paga los salarios?
Para que haya puestos de trabajo es indispensable que existan empresas privadas o públicas que los generen, pero para que ello sea posible esos empleos deben ser, cuando menos, necesarios y rentables.
En las sociedades comunistas, como la cubana o la soviética de donde aquélla procedía, había pleno empleo y se respetaba el derecho al trabajo, pero lo que realmente sucedía es que las personas engrosaban innecesariamente las plantillas de las empresas, hundiendo paulatinamente el aparato productivo, reduciendo, en la práctica, el salario real de los trabajadores porque no realizaban una actividad laboralmente beneficiosa. Recibían un salario, pero no tenían un verdadero empleo.
Claro, el Papa o la Iglesia pueden alegar que cuando hablan de derechoslo hacen para alertar a la sociedad sobre las necesidades de los pobres, pero lo que transmiten no es una advertencia razonable, sino un mensaje de lucha de clases que conduce a la frustración y a la certeza de que los que han conseguido vencer la pobreza y acumular bienes son unos canallas avariciosos que mantienen deliberadamente en la miseria a una parte sustancial de sus conciudadanos.
Es una lástima que el papa Francisco no conozca el prólogo que José Martí escribió a los Cuentos de hoy y de mañana, de Rafael de Castro Palomino. De ahí extraigo este breve párrafo:
Pero los pobres sin éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella.

El gasto social

En todo caso, una institución como la Iglesia, que (al margen de difundir su respetable hipótesis de que Jesús es el Hijo de Dios y regresará a juzgarnos) justifica su existencia en el ejercicio de la caridad, su principal tarea, siempre sostendrá la tendencia a creer que la calidad moral de una sociedad y el gobierno por ella segregado se mide por la intensidad del gasto social y el compromiso con los menos favorecidos, pero sucede exactamente lo opuesto.
Una sociedad perfecta (que no ha existido ni existirá nunca) sería aquella en la que el gasto social sería cero, y la caridad y la compasión no resultarían necesarias, porque todas las personas y todas las familias podrían ganarse el sustento y costear una razonable calidad de vida con el producto de su trabajo.
Como sabemos que siempre habrá personas enfermas, desvalidas, o intelectual y emocionalmente incapaces de ganarse el sustento y contribuir al mantenimiento de ellas y de sus familia, es indispensable y moralmente justo que el conjunto de la sociedad les eche una mano, pero hay formas inteligentes de hacerlo sin crear lazos perpetuos de dependencia y sin convertir esas ayudas en formas de clientelismo.
Ojalá que más de dos mil años de continuados fracasos en la tarea de erradicar la pobreza le hayan servido a la Iglesia para comprender que una cosa (muy encomiable) es asistir a los pobres y otra muy diferente erradicar la pobreza. En eso estamos todos.

Por la salvación nacional, Maduro tiene que irse

5 OCTOBER 2015 
Estamos viviendo el peor momento de nuestra historia, el más oscuro y vergonzoso. Somos un país en quiebra, con un pueblo humillado. No solo hemos perdido la soberanía –la mayor vergüenza para las generaciones presentes– sino que, por este motivo, nuestro destino lo decide Cuba, que nos negocia como su propiedad ante las grandes potencias, mientras mantiene aquí un gobierno títere, el más corrupto de todos los tiempos, cuya permanencia empeora cada día la situación de una nación que vive del endeudamiento.
Resultado de imagen de fuera maduroTenemos la inflación más alta del mundo, escasez de alimentos y medicinas, junto con una inseguridad desbordada. Este gobierno no puede solucionar los problemas con los mismos jerarcas que durante 16 años los crearon, al desmantelar el aparato productivo del país, acabar con la empresa privada, destruir el valor del bolívar, y dilapidar las riquezas de la nación.
El 6 de diciembre aún está lejos, pero lo que sí tenemos hoy es una economía a punto de colapsar y un estallido social a la vuelta de la esquina. Los conflictos con Guyana y con Colombia son el resultado de una política exterior irresponsable y antipatriótica.
Con cada día que pasa Maduro en el poder, el pueblo sigue humillado en largas e interminables colas, en la búsqueda desesperada de alimentos y medicinas. Cada día que pasa Maduro en el poder, damos un paso más hacia el colapso total y la desintegración de la República, hacia un estallido social anárquico, porque el pueblo no ve futuro, y no le gusta el presente que lo agobia y lo desgasta física y mentalmente. Existe la perspectiva cierta de una hambruna general, por haberse juntado, para nuestra desgracia, la escasez con la hiperinflación.
En paralelo, los jefes del gobierno comen, viajan y viven como reyes. Sus bolsillos están repletos de dólares, gracias al diferencial cambiario que solo ellos manejan, y no los humildes colombo-venezolanos de la frontera, como han querido dar a entender recientemente. Solo los jerarcas de gobierno, sus cómplices y sus testaferros, manejan la moneda extranjera y se enriquecen, mientras el pueblo apenas sobrevive con un bolívar devaluado.
La única manera de salvar a Venezuela y de salvarnos todos de la hecatombe es mediante la salida de Maduro, primer paso para liberarnos de Cuba, del comunismo y de la tiranía. Ya basta de reprimir a quienes denuncian, ya basta de encarcelar y sentenciar a quienes legítimamente se oponen a este desastre.
Todavía hay tiempo de evitar una catástrofe humanitaria, pero se requiere la unión de todos los venezolanos, civiles y militares, para promover conjuntamente un cambio de régimen este mismo año. Organicémonos con este noble fin.




martes, 6 de octubre de 2015

Obama no entiende por qué Raúl le muerde la mano. Carlos Alberto Montaner

Resultado de imagen de obama castro y la cumbreRaúl Castro atacó el "bloqueo", reclamó la base de Guantánamo y pidió el fin de las transmisiones de Radio Martí. Defendió a Nicolás Maduro y a Rafael Correa. Se colocó junto a la Siria de El Asad, Irán, Rusia, la independencia de Puerto Rico. Criticó la economía de mercado y cerró con broche de plomo con una cita de su hermano Fidel, gesto obligatorio dentro de la untuosa liturgia revolucionaria cubana.
Poco después se reunió con el presidente norteamericano. Según cuenta el Washington Post, Obama le mencionó, algo decepcionado, el ignorado asunto de los derechos humanos y la democracia. No hubo el menor atisbo de apertura política.
Obama no entiende que con los Castro no existe el quid pro quo o eltoma y daca. Para los Castro el modelo socialista (lo repiten constantemente) es perfecto, su democracia es la mejor del planeta y los disidentes y las Damas de Blanco, que piden libertades civiles, son sólo asalariados de la embajada yanqui inventados por los medios de comunicación que merecen ser apaleados.
El gobierno cubano nada tiene que rectificar. Que rectifique Estados Unidos, poder imperial que atropella a los pueblos. Que rectifique el capitalismo, que siembra de miseria el mundo con su mercado libre, su asquerosa competencia, sus hirientes desigualdades y su falta de conmiseración.
Para los Castro, y para su tropa de aguerridos marxistas-leninistas, indiferentes a la realidad, la solución de los males está en el colectivismo manejado por militares, con su familia en la cúspide dirigiendo el tinglado.
Raúl y Fidel, y los que los rodean, están orgullosos de haber creado en los años sesenta el mayor foco subversivo de la historia, cuando fundaron la Tricontinental y alimentaron a todos los grupos terroristas del planeta que llamaban a sus puertas o que forjaban sus propios servicios de inteligencia.
Veneran la figura del Che, muerto como consecuencia de aquellos sangrientos trajines, y recuerdan con emoción las cien guerrillas que adiestraron o lanzaron contra medio planeta, incluidas las democracias de Venezuela, Argentina, Colombia, Perú y Uruguay.
Se emocionan cuando rememoran sus hazañas africanas, realizadas con el objetivo de crear satélites para mayor gloria de la URSS y la causa sagrada del comunismo, como en Angola, cuando consiguieron dominar a las otras guerrillas anticoloniales, y luego a sangre y fuego vencieron a los somalíes en el desierto de Ogadén, sus amigos de la víspera de la guerra, ahora enfrentados a Etiopía, el nuevo aliado de La Habana.
No sienten el menor resquemor por haber fusilado adversarios y simpatizantes, perseguido homosexuales o creyentes, confiscado bienes honradamente adquiridos, separado familias, precipitado al éxodo a miles de personas que acabaron en el fondo del océano. ¿Qué importan estos pequeños dolores individuales, ante la gesta gloriosa de "tomar el cielo por asalto" y cambiar la historia de la humanidad?
¡Qué tiempos aquellos de la guerra no-tan-fría, cuando Cuba era la punta de lanza de la revolución planetaria contra Estados Unidos y sus títeres de Occidente! Época gloriosa traicionada por Gorbachov en la que parecía que pronto el Ejército Rojo acamparía triunfante en las plazas de Washington.
El error de Obama es haber pensado que los diez presidentes que lo antecedieron en la Casa Blanca se equivocaron cuando decidieron enfrentar a los Castro y su revolución, señalándolos como enemigos de Estados Unidos y de las ideas que sostienen las instituciones de la democracia y la libertad.
Obama no entiende a los Castro, ni es capaz de calibrar lo que significan, porque él no era, como fueron Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan y Bush (padre), personas fogueadas en la defensa del país frente a la muy real amenaza soviética.
Incluso, ya en la era post soviética, Clinton, quien prefirió escapar antes que pelear en Vietnam, comprendió la naturaleza del gobierno cubano y aprobó la Ley Helms-Burton para combatirlo. Bush (hijo) heredó de su padre la convicción de que a 90 millas anidaba un enemigo y así lo trató durante sus dos mandatos.
Obama era distinto. Cuando llegó a la presidencia, hacía 18 años que el Muro de Berlín había sido derribado, y para él la Guerra Fría era un fenómeno remoto y ajeno. No percibía que había sitios, como Cuba o Corea del Norte, en los que sobrevivían los viejos paradigmas.
Él era un community organizer en los barrios afroamericanos de Chicago, preocupado por las dificultades y la falta de oportunidades de su gente. Su batalla era de carácter doméstico y se inspiraba en el relato de la lucha por los derechos civiles. Su leitmotiv era cambiar América, no defenderla de enemigos externos.
Como muchos liberals y radicales norteamericanos, especialmente de su generación, pensaba que la pequeña Cuba había sido víctima de laarrogancia imperial de Estados Unidos, y podía reformarse ynormalizarse tan pronto su país le tendiera la mano.
Hoy es incapaz de entender por qué Raúl se la muerde en lugar de estrecharla. No sabe que los viejos estalinistas matan y mueren con los colmillos siempre afilados y dispuestos. Es parte de la naturaleza revolucionaria.

Jesús Petit da Costa: Una puñalada por la espalda a la Venezuela decente

Corre en el extranjero el rumor de que Cuba ha pactado con Estados Unidos el resultado de las elecciones parlamentarias en su colonia de Venezuela, que dicho pacto cuenta con la aprobación del Vaticano y la aceptación de la MUD. Lo informa Luis José Semprún, joven abogado y destacado columnista, con estas palabras: “Dentro del marco de un nuevo credo internacional, según el cual lo más importante es garantizar la paz y la estabilidad de las naciones, aunque triunfe la impunidad, Raúl Castro y sus aliados orquestaron un plan…. El plan consiste en negociar con la MUD un triunfo apretado de la oposición en las próximas elecciones parlamentarias, para que ésta obtenga una mayoría simple, incapaz de modificar la estructura actual de poder. El nuevo presidente de la Asamblea Nacional sería un conocido dirigente opositor…. En esta operación participan los mismos factores internacionales que promueven una transición controlada en Cuba y un acuerdo de paz con las FARC; es decir, Raúl Castro, el Departamento de Estado y, aparentemente, también el Papa Francisco, quienes consideran que la estabilidad es más importante de la justicia”.

No pongo en duda que efectivamente se haya pactado lo dicho por los indicios siguientes:

1.- El Secretario de Estado de EE UU, John Kerry, declaró al periodista Andrés Openheimer hace poco tiempo que estaba negociando con Cuba sobre Venezuela. Más claro no podía ser: Estados Unidos reconoce a Cuba como propietaria de Venezuela y a nuestro país como protectorado de Cuba. Y, en consecuencia, incluye a Venezuela en el paquete que negocia con Cuba. Esto se llama “política realista”, inmoral pero realista. Merece este trato un país con un gobierno títere sin oposición, cuyo rol está usurpado por colaboracionistas. Y peor aún: un país sin ejército, porque no lo tiene desde cuando perdió la soberanía sin disparar un tiro obedeciendo a un infiltrado cubano en función de Comandante en Jefe.

2.- El líder eterno del partido más colaboracionista declaró textualmente hace pocas semanas: “una nueva mayoría en el Parlamento no implicará la salida inmediata de Maduro, pero sí conducirá a la estabilización del país.” Comunicó así la orden recibida por el pacto entre EE.UU. y Cuba: “ustedes, colaboracionistas, tendrán mayoría pero no suficiente para cambiar el gobierno y el sistema, si acaso lo pretendieron alguna vez, y en consecuencia tienen que garantizarle estabilidad a Maduro.” A buen entendedor, pocas palabras bastan: la victoria de los colaboracionistas será únicamente para darle un respiro a Maduro, a fin de que aguante hasta el final del período. ¿Que las encuestas indican, según los propios colaboracionistas, que podrían ganar con hasta el 75% de los votos? Esto no importa. Se aplica el método del referéndum de 2007, que perdió Chávez por paliza pero nunca se dieron los resultados definitivos dejándolo en una diferencia parcial por una cantidad mínima. En su soberbia el perdedor la llamó “victoria de mierda”. Y lo fue en verdad porque de todos modos hizo lo que le dio la gana.

3.- Al líder eterno del segundo partido más colaboracionista ya lo llaman “presidente” sus propios partidarios, haciendo ver que lo será de la Asamblea Nacional para la cual le han garantizado su elección, apartando a cualquier rival de peso.

4.- Anuncian el regreso del jefe eterno del tercer partido más colaboracionista, no teniendo otra explicación de estar arreglado su juicio para decretarse su libertad inmediata apenas esté en el país.

5.- Finalmente el Papa Francisco ha exhortado a los Obispos de Venezuela, en ocasión de su visita anual, a procurar el diálogo y la reconciliación entre dos sectores que simulan estar enfrentados: títeres y colaboracionistas, cuando son los socios que sostienen la tiranía comunista. Ellos dialogan todos los días y no necesitan reconciliarse porque no están peleados. Si Dios es uno y trino, títeres y colaboracionistas son dos en uno.

Estos hechos hacen presumir el pacto de que se habla, a ejecutar por títeres y colaboracionistas. Los que no somos ni lo uno ni lo otro, debemos hacernos estas preguntas: 1) ¿Tiene viabilidad este pacto infame, en el supuesto de que se confirme?; y, 2) En todo caso, qué debemos hacer para impedir que queden impunes la traición a la patria, el saqueo a la Nación y los crímenes de lesa humanidad, y de este modo Venezuela quede en manos de una versión criolla de la mafia rusa, en la cual se transformó la jerarquía comunista soviética?

@petitdacosta

domingo, 4 de octubre de 2015

Nelson Castellano-Hernández: Lo peor de lo peor

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Dictadores, autócratas, títeres, demócratas, militares, civiles, autodidactas y estadistas han comandado las riendas de Venezuela. Gracias a ellos hemos tenido gobiernos malos, regulares y buenos, pero nada como el régimen de ahora, ¡lo peor de lo peor!





         

El oscuro periodo que vivimos se inició con un iluminado, que rápidamente transformó lo que parecía osadía en una “gigantesca” traición a la patria. El problema era su ignorancia sobre la función de estado y su condición de títere, que cumplía el plan trazado desde el Foro de Sao Paolo… el que prometió una nueva independencia, rápidamente se entregó en manos del sátrapa que admiraba.
Su gestión se convirtió en un circo barato, reducida a discursos, desplantes, desprecio al disidente, promesas, chantajes, limosnas, insultos, expropiaciones y agresiones. Un coctel que condujo inexorablemente a la catástrofe que hoy padecemos.
El desolador espectáculo contó con un buen reparto, el payaso tenía dotes histriónicas y se rodeó de enanos. Fue aplaudido por los países que se beneficiaban del petróleo y por todos aquellos que vieron en él la oportunidad de vengarse de quienes suponían responsables de su pobreza: el Imperio o la iniciativa privada… olvidando que éramos uno de los países latinoamericanos con mayor estabilidad y permeabilidad social.
Mientras se retransmitía el interminable show, los enchufados, los narco-soles, los que promocionan el terrorismo islámico y los corruptos, se apresuraban a adelantar sus fichas y a tomar su “tajada”. Con un pase de mago de pueblo, lograron desaparecer la mayor fortuna que haya ingresado en toda la historia de Venezuela, que por arte de magia, se encontró depositada en las cuentas extranjeras de funcionarios, amigos y parientes.
Los ineptos fueron promovidos para ocupar cargos públicos. Ministros, gobernadores jueces, fiscales, directores y presidentes de empresas del Estado, responsables de divisas, aduanas, fronteras y un largo etcétera con Maduro a la cabeza, son los responsables de la insensatez lograda: ruina, inseguridad y escasez.
Personifican lo expresado por el escritor francés Víctor Hugo: “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”.
Recordemos la afirmación de Jesse Chacón: “Si en 100 días no logramos los objetivos planteados, pongo mi renuncia”, o a Iris Valera prometiendo renovar en tres años la planta física penitenciaria. A la “mini canciller” dirigiendo la diplomacia venezolana por Twitter, un puesto donde la insensatez no basta para ocupar eficazmente una función.
Nos debemos olvidar la “gran labor” de Ramírez a la cabeza de Pdvsa, con sus desastrosos resultados para la industria, sin hablar de la corrupción, de los containers de comida podrida y de las cuentas millonarias en el extranjero.
Pero no bastó con seleccionar incapaces, tuvieron encima que rodearse de lacras, de narcos, guerrilleros y terroristas, de gente mala y sin escrúpulos, habitada por el odio, la venganza. Me aconsejaron no publicar nombres ¿Pero no hacerlo de que serviría?
¿Tiene razón o no Leamsy Salazar, quien era el jefe de seguridad de Cabello, cuando señala al Presidente de la Asamblea Nacional, como el capo del cartel de los Soles o cuando implica a Tareck el Aissami, gobernador del estado Aragua y relacionado con redes islámicas, o a José David Cabello, superintendente del Seniat, ministro de Industria y hermanito de Diosdado? Salazar señala también, como instancia para el lavado de dinero, a la petrolera nacional.
Recordemos algunos amigos y secuaces: Eladio Aponte, ex jefe de la Sala Penal del Tribunal Supremo, quien huyó a Estados Unidos como testigo protegido, a su gran amigo Makled alias "El Turco", empresario venezolano hoy en día preso por narco. Dueño de la aerolínea Aeropostal, de Transgar, empresa aduanera y de transporte así como la concesión del puerto de Puerto Cabello, la cual reconoció haberla obtenido gracias a sobornos a altos funcionarios del gobierno, entre ellos Acosta Carlez, para la época gobernador del Estado Carabobo.
El régimen cuenta con “joyitas” como Hugo Carvajal, durante mucho tiempo jefe de la Dirección de Inteligencia Militar, con Freddy Bernal, la primera comandante o Jaua, quienes poseen un prontuario como currículo.
Un pensamiento para los francotiradores del puente Llaguno, autores de una masacre oficial o para el portugués João de Gouveia responsable por el asesinato de varios manifestantes opositores reunidos en la plaza Altamira, héroes bolivarianos del siglo XXI.
Posee también su inefable cuota de cínicos, quienes salen en coro defendiendo los desaguisados jurídicos del régimen, por aquello de “miente que algo queda”, Aristóbulo, Saab, Arreaza, Rodríguez y Padrino, entre muchos otros, se igualan a su mejor representante Mario Silva.
Una lista tan larga imposible de resumir. Mención especial merecen un grupo de mujeres con mucho “talento” según la opinión del partido rojo. La tarifada Eva Golinger o las que se llevan la palma del servilismo Tibisay, las Luisas, Iris Valera y la recién llegada al Panteón de la Vergüenza Nacional, la juez Susana Barreiros.
Personifican los más bajo de un ser humano. Como diría el retórico romano Juvenal, “Nadie se hizo perverso súbitamente”. Un mal gobierno es igual a una mala causa, será defendida por medios oscuros y por gente mala.
Asqueado por el comportamiento de esta escoria, buscaba comprensión en la lectura, encontrándome con el personaje bíblico de Jezabel, a quien el rey israelita eligió como esposa, a causa de ella la nación se sumió en la idolatría, la brujería y la inmoralidad.
“La verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba.” (1 Reyes 21:25). Al final se cumplió la profecía, ella fue arrojada desde el palacio, pisoteada por caballos y su cuerpo despedazado por los perros. Este final recuerda que los que siembran maldad, serán alcanzados por el juicio de sus acciones.
Alterar la base poblacional de algunos municipios para obtener más diputados en circuitos despoblados que controla el gobierno. Acudir a sentencias sumisas para inhabilitar demócratas, violar normas constitucionales porque la Corte Suprema es una oficina del Ejecutivo, son algunas medidas de los rojos para usurpar el poder.
La presencia castrista en las estructuras de seguridad nacional, la palabra oficial utilizada como arma para amenazar, insultar y calumniar. La impunidad de que gozan los corruptos del gobierno, la destrucción de la producción nacional y de puestos de empleo, la desaparición de poderes independientes, base de la vida democrática, son los mecanismos que utiliza el sistema autocrático instalado en Venezuela.
El Salmo 36, “Dios Habla Hoy” debería ser una advertencia. David, servidor del Señor, alerta sobre la maldad que habita en lo íntimo del corazón, que impide el temor de Dios. Previene al que se cree tan digno de alabanzas, que no encuentra odiosa su maldad y al que aferrado al mal camino no renuncia a él.
En Venezuela peligran la libertad y el futuro de todos. En los años 1700, el irlandés Edmund Burke afirmó, “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.
Tomar partido o permanecer indiferente es una decisión personal, pero no sin consecuencias, una posición nos humaniza, la otra nos acerca a la bestia.
Ex Cónsul de Venezuela en ParísPresidente de Venezuela-Futura, Francianelsoncastellano@hotmail.com