viernes, 4 de abril de 2014

Bicicletas, cigarrillos, cinturones de seguridad y la falacia de la "Seguridad Social"

Bicicletas, cigarrillos, cinturones de seguridad y la falacia de la "Seguridad Social"


Ilustración contra Estatismo
Decía el pensador socialdemócrata Tony Judt que el gran tema de nuestro tiempo no es la lucha de la libertad frente a los totalitarismos sino el papel del Estado. Como si lo primero no estuviera relacionado con lo segundo, como si el crecimiento del intervencionismo estatal no significase una reducción de la libertad negativa con la excusa del incremento de la libertad positiva[1]. La inflación del Estado ha corrido en paralelo con la disminución de la libertad y, por tanto, con el auge del totalitarismo. Un totalitarismo difuso, lightfuzzy pero no por ello menos invasivo de las vidas privadas, del libre albedrío de los individuos, del proyecto ilustrado de unas vidas autónomas tal y como lo planteó Kant.
Sobre Kant, en los comentarios habituales del establishment filosófico español, escorados sistemáticamente hacia la izquierda, se destaca que menciona explícitamente a la Iglesia y al Ejército, pero se olvida que también pone como ejemplo a la hacienda pública. En efecto, la Hacienda es el equivalente secularizado y laico de las iglesias tradicionales. Allí donde las diversas instituciones religiosas cobraban el diezmo, la hacienda estatal cobra el IVA, el IRPF, el impuesto de patrimonio, el impuesto de sucesiones, el impuesto de sociedades y todo tipo de tasas obligatorias.
Para la ilustración no se requiere más que la libertad; y por cierto la menos dañina de todas las que se puedan llamar libertad, o sea aquella para poder hacer uso público de la razón en todos los asuntos. Pero por todas partes oigo ahora la llamada: "¡No razonad!" El oficial dice: "¡No razonad, sino haced la maniobra!". El recaudador de impuestos dice: "¡No razonad, sino pagad!". El guía espiritual dice: "¡No razonad, sino creed!"[2].
En este párrafo de su célebre opúsculo "¿Qué es la Ilustración?" Kant sitúa en el corazón de la Modernidad filosófica a la libertad como valor máximo. Libertad en su sentido moderno de libertad negativa, en contraposición a "la libertad de los antiguos", que sería mejor denominar solidaridad política en lugar de genuina libertad. Esta libertad kantiana es fundamentalmente individual porque la autonomía de la razón se basa en el consentimiento de cada uno a su propia reflexión. Pero sin embargo Kant señala, como indicábamos, a tres instituciones como paradigmáticas del ejercicio de la coacción sobre los individuos para impedirles pensar por ellos mismos: el Clero, el Ejército y la Hacienda. Dos siglos después, en Europa, las diversas iglesias y los ejércitos han perdido casi todo su poder intimidador, pero, por el contrario, el peso, la influencia, la extensión y el poder coactivo de la hacienda pública no ha hecho más que crecer. La Hacienda tasa e impone todo tipo de obligaciones fiscales a los ciudadanos; y no se olvide el poder omnímodo de los bancos centrales, que se han hecho independientes de cualquier control democrático y detentan (en sentido estricto) el poder monetario sobre unos individuos a los que tratan, como diría Kant, más bien como súbditos que como ciudadanos.
En el mismo sentido de Kant, Benjamin Constant nos advertía del conflicto en la época moderna entre la búsqueda de la felicidad y la realización de la libertad, es decir, la libertad liberal (o de los modernos) en contraposición a la libertad socialista o conservadora (o de los antiguos):
Los depositarios de la autoridad nos animan a ello continuamente. ¡Están completamente dispuestos a ahorrarnos cualquier preocupación, excepto la de obedecer y la de pagar! Nos dirán: ¿cuál es en definitiva el objetivo de vuestro esfuerzo, de vuestro trabajo, de todas vuestras esperanzas? ¿No es acaso la felicidad? Pues bien, dejadnos hacer y os daremos esa felicidad. No, señores, no les dejemos hacer, por muy conmovedor que resulte tan entrañable interés; roguemos a la autoridad que permanezca en sus límites, que se limite a ser justa. Nosotros nos encargaremos de ser felices.
Pero los impuestos económicos son sólo una parte. Porque también cabe señalar la imposición de impuestos morales y políticos, que hacen que el ciudadano se sienta con síndrome de abstinencia respecto al Estado. En este sentido, prolifera tanto en ámbitos conservadores como socialistas, naturales amigos del Estado, la falacia de la Seguridad Social, que veremos a continuación.
De la obligatoriedad del cinturón de seguridad al casco en la bicicleta
En el momento que escribo estas líneas, la Dirección General de Tráfico del Ministerio del Interior ha presentado una reforma del Reglamento General de Circulación, entre cuyas propuestas ha sido destacada por los medios de comunicación la reducción de la velocidad en la mayor parte de las vías convencionales y el aumento de la misma hasta los 130 km/h, sólo en algunos tramos de las autopistas y las autovías, cuando las condiciones de la calzada y el tiempo lo permitan, siguiendo el nuevo concepto vial de velocidad variable. Más allá de estas reformas está la voluntad legislativa del Parlamento Europeo, que quiere reducir a la mitad el número de muertes para 2020. El caso es que, como sostiene Tomás Santa Cecilia, director de Seguridad Vial del RACE, el riesgo viene dado por la situación del pavimento y las condiciones climáticas, no tanto por la velocidad. Pero la mayor parte de los Estados, como el español, ha preferido la vía prohibicionista, limitando la libertad en lugar de incrementar la inversión en tecnología, mantenimiento y señalización. Una correcta indicación variable de los límites haría más que la cultura prohibicionista a través miedo que pretende inculcar la maquinaria propagandística de la DGT.
En la lista de motivos que aduce la DGT para la reducción del límite de la velocidad en las carreteras que no son autovías ni autopistas destaca "la pacificación del tráfico, la potenciación de la bicicleta y la reducción de accidentes". Precisamente es la posible obligación de llevar casco en las bicicletas por las zonas urbanas lo que muestra más claramente el carácter intervencionista del Estado "de Bienestar" de la entente social-conservadora. Porque mientras que medidas como el límite de la velocidad podrían entenderse como una coacción necesaria para proteger las vidas de terceros, la obligatoriedad del cinturón de seguridad o el casco para (moto)ciclistas es una imposición para salvar al individuo de sí mismo, coartando su libertad y tratándolo como un menor, lo que reduce la legitimidad del Estado, que, en consecuencia, ya no puede esperar ni respeto ni obediencia de unos ciudadanos que son tratados como súbditos.
En este sentido, el filósofo y jurista Javier Gomá defiende que imponer multas por circular en un coche sin el cinturón abrochado "constituye un uso totalitario de la ley", pues el tratar de protegerme "a mí de mí mismo" me degrada automáticamente como ser moral racional, negándome la capacidad de decidir autónomamente y rebajándome políticamente de ciudadano a súbdito. Como describía Kant a los tutores bienintencionados (en el mejor de los casos) que ejercían de déspotas ilustados, la DGT, a través de su propaganda, dice: "No pienses, obedece y ponte el cinturón de seguridad". El cinturón de seguridad se convierte así en una mordaza de la libertad[3]. La contraposición entre seguridad y libertad va a ser el quicio de las diversas opciones político-legales. Javier Gomá, al modo kantiano liberal, lo expresa así[4]:
Las democracias liberales, por el contrario, reconocen a cada ciudadano, cuando alcanza su mayoría de edad, autonomía moral y competencia cognitiva suficiente para buscar la felicidad a su manera sin obligación de aceptar tutela alguna, pública o privada, sobre las decisiones relevantes atinentes a su estilo de vida.
De lo que podemos deducir que las democracias occidentales cada vez son menos liberales, salvo las apariencias y las proclamas, y más utilitaristas. Porque la justificación para la extensión en tamaño y atribuciones del Estado se esparce tanto entre conservadores como entre socialistas, del PP y del PSOE, ambos siempre a favor de argumentos pragmáticos. Desde dicho punto de vista, lo que importa siempre es la perspectiva estadística, que bajo la máscara de las cifras globales hace desaparecer la circunstancia individual. En estadística lo relevante son los datos construidos de un perfil medio colectivo, para el que lo único pertinente es el individuo típico,normal, la abstracción matemática, no la persona de carne y hueso, el individuo concreto. Gomá se da cuenta del truco utilitarista.
(...) puede que tengas razón en un plano teórico, pero el cinturón positivamente salva vidas, ahí están las estadísticas.
Aunque cuando aduce que la consecuencia lógica del argumento pragmático es absurda no parece darse cuenta de que, efectivamente, vamos de cabeza y a toda velocidad a un mundo legislado, en el que sea la estadística la que marque las prohibiciones, de la bebida al tabaco, pasando por las modalidades de amor.
Además, Gomá reconoce el otro argumento liberticida, lo que denomino en este artículo la falacia de la Seguridad Social, según la cual, dado que todos nos beneficiamos de las prestaciones médicas del Sistema Público de Salud, entonces se podría obligar a cumplir unas condiciones y conductas a los que se benefician de dicho sistema de mutualidad para tener los gastos controlados, sobre todo en un contexto en el que todo el sistema está amenazado de quiebra. La falacia reza: como la Seguridad Social la pagamos entre todos, se pueden imponer condiciones de seguridad bajo la coacción del bien común.
Pero, claro, argumenta Gomá si el Estado puede intervenir en mi conducta y mis pensamientos porque se podría dar un perjuicio indirecto al conjunto de la sociedad, entonces se estaría justificando incluso el control de la natalidad, como sucede en China. Pero el problema es precisamente que estamos en dicha vía. La falacia de la Seguridad Social no estaría tanto en el corolario de que la obligación del cinturón de seguridad –o ahora el casco en las bicicletas, o antes la prohibición de fumar en espacios públicos– llevaría a un intervencionismo total en todas las facetas privadas, sino en el hecho de que es el Estado el que te obliga a pertenecer a dicho sistema de la Seguridad Social, y posteriormente te impone también una serie de condiciones para cumplir un contrato que no te es permitido rechazar para buscarte un seguro de salud privado que te permita los hábitos que prefieras, sabiendo ambas partes el riesgo en el que se incurre.
De hecho, si el sistema es inviable no es por la razón de que algunos miembros del mismo tienen conductas de riesgo, sino por una estructura elefantiásica. No hay control de gasto, ni evaluación de los resultados ni transparencia en la gestión. En la misma expresión Seguridad Social anida el huevo de la serpiente: Seguridad, por un lado; Social, por otro. Cuanta más seguridad, menos libertad. Cuanto más social, menos individualidad.
Más cascos, menos bicicletas
Es paradójico que uno de los objetivos declarados de la reforma del código de circulación[5] sea la promoción del uso de la bicicleta, cuando una de sus medidas podría ser la obligación del casco para los ciclistas también en ciudades (actualmente es obligatorio fuera de ellas, en los trayectos interurbanos).
Artículo 179. Otras normas.
1. Los ciclistas, y en su caso los ocupantes, estarán obligados a utilizar cascos de protección homologados o certificados según la legislación vigente. Los ciclistas en competición y los ciclistas profesionales en entrenamiento o en competición, se regirán por sus propias normas.
Lo que tendrá como efectos colaterales la disminución del uso de la bicicleta como medio de transporte (sobre todo entre las mujeres[6]) y será un ataque frontal a los incipientes sistemas de alquiler público de bicicletas (ya que haría falta implementar un sistema complementario de alquiler de cascos). De nuevo, se aduce que habría una relación causal entre el uso del casco y la seguridad de los ciclistas, lo que legitimaría una vez más la intromisión del Estado en la esfera privada de decisiones personales
Pero el caso es que en esta ocasión ni siquiera es el caso. Como tantas otras veces, el argumento que relaciona el casco con mayor seguridad es únicamente de sentido común (ese "conjunto de prejuicios acumulados", como lo definió Einstein). Porque los datos muestran que los ciclistas no sufren mayor proporción de daño craneal que pasajeros de coches y peatones, por lo que si los ciclistas se ven obligados a ir con casco, también se debería extender la obligación ¡incluso a los automovilistas![7]. Aunque, como en la acusación de ingenuidad a Javier Gomá, también podríamos estar pecando de lo mismo y que esa sea la próxima fase: la obligación de llevar casco, rodilleras y coderas a los peatones. E incluso más protección a los que viajan en coche, que deberían ir como si fuesen conductores de Fórmula 1.
Porque cuando se hace uso de las estadísticas en serio y no de una forma sesgada, las conclusiones suelen ser sorprendentes... para los usuarios de lo prejuicios acumulados. Así, Levitt y Dubner atacaron en su libro Freakonomics[8] un error habitual de la sabiduría convencional(otra forma de denominar a esos prejuicios en forma de sentido común que Kenneth Galbraith describía como la confusión entre la verdad y la conveniencia), que sostiene que hay que prohibir la tenencia de armas porque constituyen un riesgo sin tener en consideración que, en coherencia estadística, tendríamos que prohibir también... ¡las piscinas! Levitt y Dubner sostienen que las estadísticas lo que muestran es que mientras que se produce una muerte de niños por cada 11.000 piscinas, sólo se produce una muerte por disparo por cada millón y pico de armas, por lo que la probabilidad de morir en una casa con piscina es aproximadamente cien veces mayor que la de morir jugando con el arma que hubiese en otra casa.
Como en el caso de las armas y las piscinas, el riesgo percibido es muy diferente del riesgo real. Ir en bicicleta es asimilado a ir en motocicleta en el imaginario colectivo, cuando sería más real vincularlo con ser un peatón (esto también depende de las circunstancias. En Alemania, el uso del casco sólo es obligatorio cuando se usan las bicicletas eléctricas que permiten superar los 45 km/hora).
Esta falsa percepción del riesgo es incrementada por el Estado, que promueve la cultura del miedo para poder vigilar y controlar más fácilmente a los ciudadanos. Para ello hace falta el uso torticero de las estadísticas. Cuando la directora de la DGT, María Seguí[9], fue entrevistada por Pepa Bueno y le preguntó por la posible obligatoriedad del casco, la funcionaria del Estado respondió[10]:
Me permitiría hacer una reflexión, y es que en este caso hay un grupo fundamental que es el del lesionado de traumatismo craneoencefálico, que tiene graves problemas cognitivos, y que no puede hablar. Ese es un colectivo que cada año en nuestro país acumula cinco mil personas más por estar involucradas en un accidente de tráfico y sufrir un daño cerebral que les incapacita, que les discapacita, para el resto de su vida. Repito, es mucho menos vociferante porque no puede hablar, pero no por eso hay que ignorarlo. Por esto hay que conseguir que esto no siga ocurriendo y que esa cifra disminuya.
¿Cinco mil ciclistas sufren anualmente traumatismos craneoencefálicos? Pero si sólo murieron 67 ciclistas el año pasado (casi todos en carreteras, es decir, llevarían seguramente el casco). Esta respuesta es un buen ejemplo de falacia ignoratio elenchi o de elusión de la cuestión. Seguí trata de confundir respondiendo con unas cifras que no tienen nada que ver, haciendo, además, un chantaje emocional. Porque la inmensa mayoría de los traumatismos craneoencefálicos tiene que ver con los accidentes de coches. Y, después, con caídas en la calle de peatones, sobre todo personas ancianas. Siguiendo la lógica de su argumento, tendría que obligar a llevar casco a los automovilistas y a los ancianos.
De hecho, la idea no es tan peregrina o, al menos, ya se le ha ocurrido a alguien. Los cascos para automovilistas han sido diseñados dentro de un estudio llevado a cabo por las universidades de Adelaida y Monach, en Australia, tras un estudio del Gobierno australiano que argumentaba que se podrían ahorrar unos 400 millones de dólares reduciendo los traumatismos craneoencefálicos en los accidentes de coche[11]. Aunque quizás de nuevo esté tirando contra mi tejado, dando ideas a la DGT...
Tanto la industria de los cascos como las empresas de seguros y los fabricantes de coches están muy interesados en la obligatoriedad del casco para ciclistas. La razón es que la cultura emergente de las bicicletas es una amenaza real para la posición dominante de los automóviles en las ciudades. Es significativo que la directora de la DGT, que promueve una medida como el aumento de la velocidad en las autopistas y autovías que beneficia a la venta de automóviles, al mismo tiempo trate de perjudicar y desincentivar el uso de la bicicleta. De este modo, no sólo propaga una cultura del miedo, sino que lo hace en un sentido muy preciso: beneficiando a un lobby tan poderoso como el de la industria del automóvil, que percibe innumerables ayudas por parte del Estado.
El chantaje del miedo, de Hacienda al BCE pasando por la DGT
En un afilado aforismo-twitter el politólogo Miquel Rosselló denunciaba:
Hay 3 organizaciones letales para la libertad, la trinidad estatista: Banco Central, Hacienda y la DGT.
Efectivamente, si tanto Hacienda como el Banco Central se basan en el miedo para imponer sus absurdos tipos impositivos o rescates a la banca en quiebra, en la DGT se usa la cultura del miedo, que se concretó en la anterior reforma del Reglamento General de Circulación, que obligaba a llevar casco en las vías interurbanas, como si el uso de la bicicleta fuese un deporte de alto riesgo y muy peligroso (pero no se obliga a los excursionistas a llevar casco, cuando la comparación de riesgo es similar; y, en cualquier caso, tienen más probabilidad de sufrir un accidente que quien pasea por la ciudad). Se trata de una retórica de culpabilización de la víctima, ya que el Estado, en lugar de eliminar los desperfectos de las calzadas, que son los que causan gran parte de los accidentes, prefiere desviar la responsabilidad hacia colectivos más débiles y con menor capacidad de hacer presión institucional. Lo que mejor define tanto la mentalidad conservadora como la socialdemócrata es la banalidad del bien. El reverso luminoso, pero también ominoso, de su fatal arrogancia. Banalidad del bien y fatal arrogancia que conducen a coacciones estatales paternalistas tan bienintencionadas como perversas y contraproducentes.
Si la DGT tuviera más interés en la salud real de los ciudadanos y menos en la salud contable de las empresas automovilísticas tendría en consideración que el índice de siniestralidad ciclista se rebaja precisamente cuando aumenta la cantidad de ciclistas en las vías[12]. Y es que aquí entra en juego la seguridad de los números; es decir, cuando se consigue una masa crítica de usuarios de un sistema, ese sistema impone sus reglas a los demás. Por tanto, una masa crítica de ciclistas consigue que sus derechos sean respetados con mucha mayor efectividad, por lo que un cambio en la ley como el que promueve la DGT, al disminuir el número de ciclistas, incidirá negativamente en el tipo de seguridad que se ha demostrado más efectiva: la que procuran los ciclistas inundando las calles.
Para más inri, incluso la Dirección General de Tráfico sostuvo en un informe[13]:
No se pudo establecer la relación existente entre el uso del casco y el tipo de lesión sufrida a nivel craneal. Las diferencias encontradas pueden haberse debido al azar. Tampoco se pudo establecer, a partir de los datos de que se dispone en este estudio, las ventajas del uso del casco frente al tipo de lesión craneal sufrida (traumatismo frente a fractura).
El intervencionismo estatalista en España está aumentando en todos los sectores. Es frecuente invocar paralelismos con otros países de nuestro entorno para justificar las legislaciones prohibicionistas, como ocurrió en el caso del tabaco, pero se silencian casos como el de la anomalía del casco obligatorio para las bicis, que ha sido declarada un error obsoleto en toda Europa –sobre todo en los países con gran tradición ciclista, como Dinamarca, Holanda y Alemania–, y sólo es posible encontrar dicho intervencionismo paternalista, que va en contra de toda la evidencia estadística, en Israel, Australia y algunos estados de EEUU.
El conjunto de medidas de la DGT contra el ciclismo como medio alternativo al paradigma dominante automovilístico sólo se explica en un contexto de grupos de presión que tienen capturado al regulador. Si la industria del automóvil es subvencionada a discreción por el Estado, ¿por qué no habría este de plegarse a una normativa que beneficia a dicha industria, poniendo en jaque a la emergente de las bicicletas? Porque no es sólo el absurdo de la obligación del casco, también otras medidas anunciadas, como que los ciclistas deban ir por el lado derecho de la carretera (está claro quiénes son los amos de las mismas...), que sólo se permitan los remolques de bicicleta en vías urbanas y en carriles bici (un golpe muy duro para el cicloturismo, que es una industria prometedora), o que los menores de 14 años deban ir acompañados de un adulto. Como irónicamente ha explicado el experto en planificación urbanística Ceri Woolsgrove, estas son las mejores leyes posibles para cargarse el tráfico en bici[14]Quid pro quo?
Conclusiones
En España, la bicicleta sigue siendo un vehículo estigmatizado. Me han llegado a decir que ir en bicicleta es de pobres y/o de progres... Pero no parece que Dinamarca, Holanda o Alemania sean países especialmente pobres o decididamente progres. Dicho estigma sólo se puede eliminar a través de leyes que incentiven la compra y uso de bicicletas en un entorno de seguridad para los ciclistas, en lugar de penalizar y poner trabas a los que en España nos atrevemos a romper el mito de que la bici es una cosa de pobres (los ricos siempre podrán presumir de comprarlas a seis mil euros) o el dogma de que es de progres (por ejemplo, Boris Johnson, el muy conservador, aunque iconoclasta, alcalde tory de Londres se desplaza a su lugar de trabajo en bicicleta)[15]. Por otra parte, si lo que de verdad buscase la DGT fuese más seguridad, promovería y facilitaría el uso de la bicicleta, en vez de tratar de intimidar y de propagar una cultura del miedo en torno a la bicicleta, porque cuantos más ciclistas haya, más seguro será moverse en bicicleta.
El uso de la bicicleta implica hacer ejercicio y está asociado a llevar una vida saludable, lo que repercute en la sostenibilidad del sistema de Seguridad Social que tanto dicen defender y que en la práctica, sin embargo, tanto socavan, con medidas arbitrarias y contraproducentes basadas tanto en la ignorancia como en la defensa de espurios intereses, como muestra el argumento demagógico y falaz empleado por la directora general de la DGT[16].
La labor del Estado es la de respetar los puntos de vista de los ciudadanos y ofrecerles un sistema de normas que en el uso de su libertad repercuta en su mayor seguridad. Pero nunca intercambiar falazmente libertad por seguridad, en aras de incrementar su cuota de poder. Por eso tiene sentido que haga campañas informativas[17], pero no que tome medidas de coacción contra los ciudadanos en esferas que sólo son de la propia incumbencia del afectado, llevado por esa soberbia del poder ejecutivo que le lleva a imponer un paternalismo propio del despotismo ilustrado, no de lo que Kant definía como el único sistema legítimo: un Estado libre.

[1] Por libertad negativa se entiende que un individuo es libre en la medida en la que nadie restringe su acción. Por el contrario, la libertad positiva supondría la capacidad de cualquier individuo para poder, de facto, ejercer su voluntad. De esta forma puede haber un conflicto entre ambos conceptos de libertad en cuanto que la ley podría restringir la libertad negativa de los individuos para favorecer las libertades positivas. Isaiah Berlin analizó dicho conflicto en "Dos conceptos de libertad".
[2] Immanuel Kant, "¿Qué es la Ilustración?", (1783).
[3] Como en el caso de la propuesta de legalización del tráfico de drogas diferentes al alcohol, cuyo objetivo es aumentar la libertad de elección no el consumo de dichas sustancias, la crítica a la DGT no es una invitación a circular sin cinturón de seguridad.
[4] Javier Gomá, "Abrochado a la dulzura de vivir", El País, 06-11-2010.
[5] Borrador del Reglamento General de Circulación, Título VI "De la circulación de las bicicletas".
[6] Como afirmaba Elizabeth Rosenthal en su artículo para el New York Times "To encourage biking, Cities lose the helmets", el test para comprobar si un programa de incentivación del uso de la bicicleta es efectivo es cuando el número de mujeres ciclistas al menos iguala al de los hombres.
[7] Sécurité routière, ONISR annual report, mencionado en http://www.fubicy.org/spip.php?article191#hautpage
[8] Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, Freakonomics. Ediciones B, 2006.
[9] El email de la directora de la DGT es secretaria.directora@dgt.es, para decirle que obligar a llevar casco con la bici es estúpido y antiliberal.
[11] Robert W GAnderson, Kirsten White y Jack McLean, "The Development of a Protective Headband for Car Occupants", Road Accident Research Unit, University of Adelaide.
[12] El Periódico de Aragón, 14 de marzo de 2013.
[13] Citado por Juan Merallo, "Tres años de casco obligatorio en España. Algunos resultados de una ley inconveniente", texto presentado en el Congreso Velocity, Munich, junio 2007.
[14] Ceri Woolsgrove, "The pain in Spain, revisited".
[15] Posicionamiento de la Red de Ciudades por la Bicicleta en torno a las modificaciones del Reglamento General de Circulación, disponible enhttp://www.ciudadesporlabicicleta.org/content/posicionamiento-de-la-red-de-ciudades-por-la-bicicleta-entorno-las-modificaciones-del-reglam
[16] No es una medida aislada. Incluso pretende María Seguí que los médicos se conviertan en delatores de sus pacientes, rompiendo la confidencialidad entre ambos:http://www.elmundo.es/elmundomotor/2013/03/19/conductores/1363713695.html
[17] Publicidad de la DGT meramente informativa sobre cómo circular correctamente en bicicleta:http://www.redciclista.com/pg/videos/play/javigs/79112/me-apunto-a-moverme-en-bici




Santiago Navajas - Bicicletas, cigarrillos, cinturones de seguridad y la falacia de la "Seguridad Social" - La Ilustración Liberal - Revista española y americana

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"El único tirano que acepto en este mundo es mi propia voz interior." M.Gandhi