lunes, 3 de junio de 2013

Las consecuencias del escándalo de Mario Silva en Venezuela por Carlos Alberto Montaner

por Carlos Alberto Montaner


(CNN) En el año 2000, Perú se estremeció con la exhibición de unos videos en los que Vladimiro Montesinos, el hombre fuerte del gobierno de Alberto Fujimori, corrompía con dinero a empresarios, militares y políticos prominentes. Montesinos y Fujimori se burlaron de la presentación de los videos por parte de la oposición y dijeron que no tenían importancia. No obstante, 67 días más tarde, después de una década de mano dura, se acababa el gobierno y Fujimori huía a Japón.
Recuerdo este incidente, porque opino que la revelación de la supuesta conversación en Caracas, presuntamente dentro del fuerte Tiuna, entre el periodista Mario Silva y el teniente coronel Aramís Palacios de la contrainteligencia cubana, increíblemente calificada sin pruebas por Silva como una fabricación de la Mosad y la CIA, pudiera tener un efecto parecido sobre el débil gobierno de Nicolás Maduro.
La descripción de la corrupción, los ataques a Diosdado Cabello, personaje descrito por Silva como una especie de mafioso, las divisiones que denuncia entre las distintas promociones militares, la manera en que se refiere a Nicolás Maduro, y la subordinación que muestra al régimen cubano, tienen un efecto crecientemente devastador sobre la recién estrenada administración de Maduro.
Naturalmente, Maduro y Cabello han calificado la conversación como chismes de poca monta que, de ser cierta, solo representa la opinión de Silva. Pero este impresionante panorama. Pero este impresionante panorama de intrigas y corrupción deslegitima al gobierno. Muy especialmente, tras la revelación hecha por la periodista Marianella Salazar en El Nacional de Caracas, quien asegura que la grabación fue entregada a la oposición por la Dirección de Inteligencia Militar, dato que no hemos podido confirmar en otras fuentes.
Si así fuera, estaríamos en presencia de una peligrosa división en las fuerzas armadas y en el inicio de un proceso que eventualmente pudiera desembocar en la disolución del poder civil. Según advierte Salazar en su artículo “Se anuncia tempestad”, pronto la aviación, la marina, la Guardia Nacional y el ejército le darán un ultimátum a Maduro para que en 60 días ponga fin al desabastecimiento y la crisis que padece el país.
Un periodo muy corto para arreglar el caos económico que padece Venezuela. Un periodo, por cierto, parecido, al que liquidó al gobierno de Fujimori y Montesinos.

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